La polémica sobre la eutanasia La polémica sobre la eutanasia
Hay algo más importante que la vida: la calidad de vida. Cuando una persona considera que por el excesivo dolor o sufrimiento, su vida... La polémica sobre la eutanasia

¿Vivir más tiempo o vivir con más calidad?

Hay algo más importante que la vida: la calidad de vida. Cuando una persona considera que por el excesivo dolor o sufrimiento, su vida ya no tiene la calidad mínima para vivirla, en algunos países se puede optar por dejar de vivir pidiendo para ello ayuda al médico: no en nuestro país, ya que la eutanasia está prohibida. Ésta es el acto médico llevado a cabo a petición expresa de un paciente desahuciado, para adelantar su muerte y no vivir por tiempo indefinido en medio del dolor o del sufrimiento. “Eutanasia”, etimológicamente significa “buena muerte”, aunque hoy en día esa definición etimológica no se sostiene del todo, pues existen otras formas diferentes de “muerte buena” relacionadas con la medicina, que no son en realidad “eutanasia”.

Otras formas de morir son por ejemplo el suicidio médicamente asistido, en el cual a diferencia de la eutanasia, no es el médico quien provoca la muerte, sino que se limita a proporcionar al paciente los medios para que él acabe con su propia vida. Otra forma de “muerte buena” es la sedación paliativa, en la cual el médico administra fármacos que sedan al paciente terminal, con lo cual reducen el dolor y la conciencia del mismo. Ésta es bastante usual en México y el paciente puede esperar la muerte en condiciones relativamente aceptables. Un extremo grotesco es la llamada “ortotanasia”, defendida en ocasiones por la iglesia católica, la cual implica dejar al enfermo a que muera de “muerte natural”, sin ayudarle a ello. Esta forma de morir puede ser terriblemente cruel cuando no se cuenta con la ayuda de los cuidados paliativos: dejar que contra su voluntad, la persona agonice, implica una falta de compasión radical.

La polémica sobre la eutanasiaTodas estas prácticas suelen referirse a pacientes desahuciados que viven en un irremediable dolor. Pero no son únicamente ellos los que pueden requerir de la eutanasia. Un paciente en cuya vida no hay dolor, pero sí hay sufrimiento, tiene todo el derecho a no querer vivir de esa manera. Tal puede ser el caso de un tetrapléjico, que aun sin tener dolor puede considerar que no cuenta con una calidad de vida adecuada. Algunos casos que han quedado como paradigmáticos de lo anterior y el lector solamente tiene que ver tres obras cinematográficas que fácilmente encontrará: Primeramente Mar adentro, de Alejandro Amenabar, basada en la vida de Ramón Sampedro, y la versión cinematográfica de la novela Me before you (Yo antes de ti), de Jojo Moyes, realizada por Thea Sharrock. En segundo lugar Intouchables, película francesa dirigida por Olivier Nakache y Éric Toledano, inspirada en la vida del conde Philippe Pozzo di Borgo, autor por cierto del libro Le Second souffle (Bayard Éditions). Las películas mencionadas tratan casos de personas tetrapléjicas.

¿Qué es lo correcto? Lo correcto es respetar la decisión y la libertad individual de cada persona. La forma en que vemos la eutanasia está condicionada por la sociedad a la que pertenecemos y por las condicionantes existentes desde la gestación hasta lo largo de la propia vida: la genética, la infancia, juventud, la educación y clase social, en fin: todo lo que conforma a una persona. A lo largo de la historia han existido diferentes concepciones de la eutanasia. Tenemos un buen ejemplo en el libro III de La República, donde Platón afirma que en una República ideal “nadie puede pasar la vida en enfermedades y medicinas… [por lo que será necesario establecer] una disciplina en el Estado y una jurisprudencia tales como nosotros la entendemos, limitándote a dar cuidados a los ciudadanos bien constituidos de alma y cuerpo.” Esto es; los ciudadanos cuya alma y/o cuerpo no estén sanos, no requerirían de acuerdo a Platón que el médico se esforzara en salvarlos.

Otro ejemplo notable, pues abarca escritos y vida, es el del filósofo romano Séneca, quien consideró que la ley eterna fija un solo modo de iniciar la vida, pero varios para salir de ella. [1] Para él “es al hombre a quien corresponde decidir libremente sobre el sentido y su capacidad de soportar su existencia en el cuerpo”, esto es: Séneca considera que sólo cada individuo puede decidir sobre su propio cuerpo. A la vez aconsejaba una sana relación tanto con la vida como con la muerte: “no se debe ni querer demasiado a la vida ni odiarla demasiado, sino buscar un término medio y ponerle fin cuando la razón lo aconseje”. Para este pensador, elegir la muerte no implicaba huir de la vida, sino saber dejarla, pues “es preferible quitarse la vida, a vivir una vida sin sentido y con sufrimiento”.

Para los romanos elegir la propia muerte era una cuestión digna de alabarse, porque, como lo diría Marco Aurelio, “una de las funciones más nobles de la razón consiste en saber si es o no tiempo de irse de este mundo”.[2] Todo parece indicar que la eutanasia comienza a ser mal vista a partir de la Edad Media: usualmente se cree que es el juedeocristianismo el que la condena, pero esto es claramente inexacto: en La Biblia no existe una sola prohibición de la eutanasia. Es más bien la Iglesia institucionalizada la que propone la idea de que la propia vida no le pertenece al individuo vivo, idea que si tomamos en serio es una verdadera locura: si la propia vida no nos pertenece, ¿qué nos pertenece? Nada. Todo pertenece a Dios. Y ahí comienza el problema: ¿cuántas ideas de “dios” han existido a lo largo de la humanidad? Cientos: y los dioses nunca coinciden en sus opiniones.

La polémica sobre la eutanasiaLo que deberíamos preguntarnos es cómo pueden continuar vigentes ideas que se presentan como si fueran propias del cristianismo sin que en realidad lo sean. La respuesta radica en la política del poder propia de las instituciones seculares. El obstáculo fundamental pareciera no ser de orden político, sino religioso, pero no olvidemos que la religión siempre ha incidido en la política y ha sido un factor de cohesión social. Ya en la antigua Grecia Sócrates fue condenado a muerte por cuestiones políticas, pero para ello se esgrimieron razones religiosas.

Esa incidencia de las ideas religiosas en la política no ha cesado a lo largo de la historia. La religión continua siendo un factor de cohesión en los pueblos; de ahí que aquello que la Iglesia prohíbe, difícilmente pueda ser despenalizado por el poder estatal, y cuando lo logra, es a costa de muchos enfrentamientos con el poder eclesiástico, como se ha hecho notar en el caso de la despenalización del aborto en la Ciudad de México. En México, Juárez intentó disolver ese poder y sus mundanos abusos con las Leyes de Reforma, que tuvieron logros políticos y económicos encomiables, pero lo sabemos: no son del todo acatadas por la política actual.

Qué solitaria se encuentra la filosofía en el mundo: tantas y tantas palabras, para no ser escuchada. Desde la antigüedad la filosofía ha expresado los conceptos básicos que debe enarbolar la eutanasia, y después del medioevo ha superado en muchas ocasiones su oscurantismo. ¿Qué es lo que se defiende cuando se lucha por este derecho? ¿Se trata solamente del derecho a decidir morir? Decidir vivir o no vivir no es cualquier cosa. Y con todo lo que se juega en la opción de la eutanasia es mucho más que eso. En primer lugar estamos hablando del principio de autonomía individual: un individuo tiene todo el derecho a ser autónomo mientras su autonomía no viole los derechos de los demás.

De modo paralelo al principio de autonomía, está el principio de libertad individual. Un individuo es libre de elegir su forma de vida y su forma de muerte mientras su hacer o su no hacer no viole la libertad de los demás: y la eutanasia es la decisión más absolutamente personal que un individuo puede llegar a tomar. Quizá algún día nuestros legisladores hagan a un lado su mojigatería y se atrevan a darle a todo ciudadano este derecho tan básico y tan necesario ante la invasión de la tecnología cuyas miras radican en vivir más tiempo y no en vivir un tiempo de calidad.

[1] Séneca Carta 77 a Lucilio

[2] Marco Aurelio Libro III

Dra, Paulina Rivero Weber

Dra, Paulina Rivero Weber

Profesora de filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras y del posgrado en filosofía de la misma universidad. Entre su obra escrita se encuentran los libros Nietzsche: verdad e ilusión, Heidegger; la verdad originaria, Se busca heroína y Ética: un curso universitario. Junto con el Mtro. Gustavo Rivero-Weber, ha dado a conocer la música del filósofo F. Nietzsche en el disco Nietzsche: su música. Se ha especializado en ética, bioética y filosofía comparada, en particular en la relación entre el pensamiento de Nietzsche y el taoísmo chino. Pertenece a asociaciones académicas, entre las que sobresalen la Society for Asian and Comparative Philosophy, la Sociedad española de estudios Nietzsche y la Asociación Filosófica Mexicana.