La neumonía de Hillary Clinton La neumonía de Hillary Clinton
La puntilla: Hillary Clinton cayó enferma. Durante el homenaje a los hombres y mujeres caídos en los ataques terroristas del 11 de septiembre a... La neumonía de Hillary Clinton

La puntilla: Hillary Clinton cayó enferma. Durante el homenaje a los hombres y mujeres caídos en los ataques terroristas del 11 de septiembre a las Torres Gemelas, en Nueva York, la candidata demócrata desfalleció en público; dos agentes la sostuvieron por los brazos y la introdujeron a una camioneta negra. “Me sentí mareada y perdí el balance por un minuto, pero una vez que subí a la camioneta, me senté, me refresqué y bebí agua; inmediatamente empecé a sentirme mejor”, dijo en entrevista para la cadena de noticias CNN.

Desde el domingo, Clinton guarda reposo: le diagnosticaron neumonía. Y una común, se sabe. Esa enfermedad suele aquejar a millones de personas en el mundo entero, año tras año. Nada grave; la ex secretaria de Estado cuenta ya 68 años, y desde hace meses que se ve sometida a la implacable rutina de cualquier política en campaña, con la quisquillosa particularidad de que esta candidata busca liderar al país más poderoso de occidente, y eso, es presumible, genera algún desgaste.

Su agenda apenas sufrió la cancelación de un viaje de campaña a California que duraría un par de días. Es más, su vocero, Nick Merrill, anunció que estaría de regreso en la lid electoral este jueves. Nada que lamentar, al parecer.

Sin embargo, las cosas son, como suelen ser en política, más complicadas de lo que parecen.

Más allá de la satisfactoria evolución en la salud de Clinton, el abrupto episodio de su desvanecimiento alienta una insidiosa campaña que pone en entredicho sus aptitudes, en este caso físicas, para hacerse cargo de la presidencia de los Estados Unidos. Un recurso vulgar, si se quiere, pero que a la postre ha resultado vergonzosamente efectivo.

La neumonía de Hillary Clinton

La campaña de marras ha sido eficazmente dirigida, faltaba más, por el candidato presidencial republicano, Donald Trump. Estratega del alarido paranoico, el magnate neoyorquino ha deslizado, en repetidas ocasiones, que la supuesta endeble salud de Clinton comprometería su papel como presidenta. El objetivo inmanente del empresario, con este y con los demás ataques lanzados, es el de construir una narrativa creíble y sólida, desde la cual Clinton sea considerada “inelegible” por los múltiples aparentes defectos que el multimillonario ha sabido socializar: desde el aún no superado tema de los correos electrónicos recibidos en una cuenta privada, hasta el de la vulnerable salud de la candidata.

Por lo demás, y fiel a su habitual oportunismo, Trump ha utilizado el vahído de Clinton para lucir “presidenciable”, es decir, para presentarse a tono con sus nuevas y ajustadas prendas de mesura; a contrapelo de su acostumbrada insolencia, declaró: “Espero que se ponga bien, que vuelva a la caravana y que nos veamos en el debate”.

En tanto, el equipo de campaña de Clinton anunció que, a raíz del episodio, retomaría la publicación de los informes médicos de la candidata. Una estrategia correcta, pero presumiblemente acotada, pues si los datos y su fiabilidad fueran suficientes, ninguna crisis debería atormentar su postulación presidencial. La presentación de esos informes responde a una duda legítima, y extendida, sobre la calidad de la salud de los políticos, responsables de tomar decisiones que afectarán a millones de personas, en este caso, no sólo del país sino del mundo entero; no obstante, en esta trama, más allá de la legítima duda por anticiparse con certeza a que ningún elemento podría perturbar el criterio en la toma de decisiones, son las morbosas creencias, apuntaladas por un insidioso interés político, las que han puesto en duda la viabilidad de Clinton como eventual presidenta.

 

Como fuera, Trump ha hecho de ese nuevo flanco en la carrera por la Casa Blanca, una oportunidad para promoverse. En próximos días, anunció a la CNBC, presentará un detallado informe de salud, del que, dijo, “con suerte (tendrá) muy buenas estadísticas”. Previamente, su doctor personal, Harold Bornstein, hizo pública una carta que, sin mayores datos, se lanza presurosa a asegurar que la salud de Trump es poco menos que prodigiosa para un hombre de 70 años. Estos son algunos párrafos extraídos del texto: “El señor Trump acaba de pasar un examen médico que solo ha mostrado resultados positivos (…) y las pruebas de laboratorio fueron sorprendentemente excelentes.”; “su fortaleza física y su energía son excepcionales”; y la mejor, sin duda una perla, “puedo afirmar sin temor a equivocarme que, si es elegido, el señor Trump será el individuo más sano jamás elegido para la Presidencia“.

Desde siempre, la salud de los políticos ha sido un tema tabú, porque linda con la vida privada, cada vez más acotada en aras de las exigencias de claridad y transparencia que caracterizan a las sociedades democráticas occidentales. Sin embargo, no puede obviarse que esa característica democrática, a la postre, atrofia las capacidades de maniobra en caso de revelarse alguna condición que comprometiera el ejercicio político. El poder, elusivo y caprichoso, exige, pues,  de una imagen acerada e incólume para ser ejercido sin cortapisas.

La campaña de Clinton no atraviesa por un buen momento; de hecho, nadie se beneficia, salvo Trump –mala suerte-, con su enfermedad. De aquí en adelante, los estrategas que le acompañan habrán de eliminar, o al menos reducir, la imagen que de su campaña ha trascendido: la de ser un desastre sin concierto. Es probable, de igual manera, que frente a la debilidad de Clinton, el presidente Barack Obama tome un protagonismo decisivo rumbo al 8 de noviembre, día de las elecciones; además de que el desempeño de Clinton en los próximos tres debates contemplados – el primero a realizarse el 26 de septiembre -, sea, por decir lo menos, impecable. Sólo así.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.