La masacre que Pancho Villa nunca cometió: el genocidio de 303 chinos en Torreón. Un crimen de odio no confeso aún La masacre que Pancho Villa nunca cometió: el genocidio de 303 chinos en Torreón. Un crimen de odio no confeso aún
4.5
El edificio del antiguo Banco Chino en el centro de la ciudad de Torreón, Coahuila, se mantiene incólume desde hace más de un siglo.... La masacre que Pancho Villa nunca cometió: el genocidio de 303 chinos en Torreón. Un crimen de odio no confeso aún 4.5

El edificio del antiguo Banco Chino en el centro de la ciudad de Torreón, Coahuila, se mantiene incólume desde hace más de un siglo. Muchas generaciones han pasado frente a la estructura que aún resguarda entre sus paredes una historia poco conocida, desde que su prosperidad se trastocó con la masacre de 303 migrantes chinos el 15 de mayo de 1911.

Los lugareños no recuerdan mucho este hecho, aunque todavía perduran cicatrices de ese oscuro capítulo de la localidad.

A inicios del siglo XX, Torreón gozaba de abundancia económica. Era aún la época porfiriana. La ciudad atrajo a una diáspora de zacatecanos, duranguenses, europeos, estadounidenses y hasta migrantes asiáticos. Estos últimos llegaron impulsados por la hambruna, la caída del imperio chino y las guerras por el opio. Miles de ciudadanos del Oriente se vieron empujados a buscar refugios en otros países. Su mayor destino era Estados Unidos, pero la oleada migratoria los saturó y comenzaron a cerrar las puertas.

La masacre que Pancho Villa nunca cometió: el genocidio de 303 chinos en Torreón. Un crimen de odio no confeso aún

Entonces su brújula apuntó hacia varios estados del norte mexicano como Sonora, Chihuahua y una incipiente ciudad coahuilense llamada Torreón, cuya economía despuntaba. Dedicados al cultivo de hortalizas, lavanderías y venta de ultramarinos, esta nueva colonia, en su mayoría masculina, rara vez empleaba a mexicanos, un argumento que despertó sentimientos de odio y discriminación.

Estos nuevos grupos comenzaron a tener una amplia prosperidad monetaria, al grado de tener hasta un banco propio. Este hecho calentó las aguas de la envidia lagunera, donde comenzaron a conformarse comités antichinos, los cuales deliberada y progresivamente perpetraron la matanza de 1911. Fueron las tropas de Benjamín Argumedo quienes los ultimaron con saña. Aunque también el rechazo hacia los chinos se generó en Ciudad Juárez y Chihuahua, ninguna otra comunidad consumó igual crimen de odio. A más de una centuria del hecho, aún pervive la creencia popular de que esos 303 asesinatos fueron una venganza de Pancho Villa.

Entre el río Perla y el Nazas, (Conaculta, 1993), libro del historiador Juan Puig, fue donde primero se reconoció las verdaderas causas de ese crimen de odio.

El silencio cómplice de la localidad ya no ha podido echar el manto del olvido sobre el crimen, gracias a la labor de nuevos historiadores, periodistas y escritores: “A partir del año 2000 es que este tema sale totalmente del closet. En los años 90 ningún museo lo abordaba”, refiere Carlos Castañón Cuadros, historiador lagunero y autor del libro Las dos Repúblicas (2004), donde aborda la migración oriental en México.

La masacre que Pancho Villa nunca cometió: el genocidio de 303 chinos en Torreón. Un crimen de odio no confeso aún

Castañón promovió en el Museo Memoria y Tolerancia una exposición, en el 2015, sobre este sanguinario suceso. La misma no le fue permitida hacer en su ciudad natal y, en cambio, fue muy bien recibida en la capital mexicana. “Para los historiadores -o más bien aficionados a la historia que eran más de esa época- les acomodaba decir que la matanza fue de tipo anecdótico, morboso, como la nota roja en la historia de Torreón, como que a los chinos sólo los aventaron y ya. No hay explicación más profunda. Parece que la anécdota sirve para tapar la historia que hay detrás”, refiere.

En la actualidad, los tres niveles que conforman el edificio del otrora Banco Chino, son ocupados por una tienda de conveniencia y cadenas internacionales de pizzas y sándwiches express. La gentrificación también ha clamado por su espacio en los alrededores de la Plaza de Armas, cuya historia se ha degenerado. Sólo a los pisos superiores del inmueble se les ha hecho justicia mediante un joven museo llamado “Arocena”. Muchos lugareños aún recuerdan la masacre como un hecho aislado de las tropas de Pancho Villa, (lo cual es mentira) de quien se ha documentado que se encontraba en la toma de Ciudad Juárez, Chihuahua, en los momentos en que ocurrió la matanza de asiáticos.

Sergio Corona Páez, fallecido el pasado 1 de marzo, fue por muchos años el cronista oficial de Torreón y, en una entrevista de 2006 para esta reportera en la Revista de Coahuila, manifestó que: “No fue algo accidental sino deliberadamente provocado, una conspiración. Aunque la matanza del 15 de mayo fue con tropas maderistas, hubo muchos torreonenses involucrados. Los persiguieron por años, se metían a saquear sus propiedades, y a sus tiendas, para no permitir la entrada a clientes. Sí podemos hablar de inclinaciones genocidas”.

La masacre que Pancho Villa nunca cometió: el genocidio de 303 chinos en Torreón. Un crimen de odio no confeso aún

Manuel Lee Soriano, dirigente de la colonia china en Torreón, nos explicó que los sobrevivientes y su descendencia no guardan rencor alguno, a pesar de todo. Siempre han manifestado gratitud hacia esa tierra y sus oportunidades. No obstante, con el tiempo la colonia perdió fuerza y sus sucesores quedaron desperdigados hasta quedar inconexos.

Tenemos el ejemplo de la veterana pareja de empresarios Gilberto y Rosa Chong, asentados en Coahuila desde cinco décadas atrás. Ellos solían administrar el restaurante gourmet “Palacio Chino”, ubicado a un costado de la Alameda Zaragoza. Su negocio, según refieren fuentes extraoficiales, fue cerrado por las extorsiones durante otra turbia etapa de inseguridad de la ciudad. También no tuvo suerte un restaurante tradicional chino sobre la céntrica calle Blanco, a pocas cuadras donde ocurrió la matanza. Hoy allí opera un bar estridente, que conserva su fachada roja y características orientales. En la ciudad perviven apellidos como Wong, Lee, Woo, Chang y Chong y algunos novedosos locales de comida rápida de nuevos migrantes chinos, que no guardan relación alguna con los del pasado. Manuel Lee tiene más de 80 años y sufrió un severo problema de salud en 2013, que ya no le permite trabajar como antaño ni figurar en los medios.

A pesar de los reveses de la colonia china, otra pluma le ha dado actualidad al genocidio contra sus migrantes a principio del siglo pasado. Lo ha difundido para interés general y disgusto de algunas élites sociales, empeñadas en seguir ocultando el triste suceso. El escritor saltillense, Julián Herbert, en su libro La casa del dolor ajeno (Random House-Mondadori, 2015) -alusión al estadio Corona donde juega el venerado equipo regional de fútbol, Santos Laguna- hace una crónica sobre los vaivenes y repercusiones de esa matanza. El exterminio allí de 303 migrantes chinos sigue pesando sobre la Ciudad de Torreón una como eterna maldición de la violencia que aún no cesa.


Miriam Canales