La isla La isla
Tenía la impresión de moverme al otro lado de un espejo sin estaño; y podía ver sin que nadie sospechara mi presencia.” La isla

“Tenía la impresión de moverme

al otro lado de un espejo sin estaño;

y podía ver sin que nadie sospechara mi presencia.”

La prima K

Yasmina Khadra

– Deja tu cerebro libre.  No pienses en nada. Cierra los ojos. Siente la tensión de tu frente, de tus ojos y parpados. No te hagas daño. Siente la tensión. Ahora relájate ¡Relájate! Afloja tus ojos. Percibe en la oscuridad con tus ojos cerrados un número. ¿Lo ves? –  El 4. El número 4. No me atrevo hablar, sólo pienso. – Escucha la música.- (Una música relajante y una voz de mujer, un mujer desconocida me repetía las instrucciones.-  ¡Relax!- Ante un movimiento involuntario de tensión, o de dolor en mi cuerpo me ordena de inmediato la voz.- ¡Vete a tu lugar seguro! ¡Relax!- Mi sitio seguro. Mi isla- reflexiono y la busco- Si, la veo. Mi isla…

Es una isla desierta sin nada ni nadie que pueda sobrevivir en ella. Es pequeña,  como un islote ínfimo perdido en el infinito del universo mortal. No hay árboles de ramaje verde, sólo unas cuantas palmeras que lamen la arena.  Las aves nada más sobrevolar sobre la isla caen fulminadas, como si una peste negra las poseyera. Desvalidas sobre el suelo agreste intentan caminar indefensas, dentro de ésta ingravidez mortal. Es un futuro sin salida, sin salvación. Lo saben genéticamente desde el inicio de los tiempos. Ese caminar sin sentido dentro de ésta isla no las llevará a ninguna parte, sólo a la muerte de las especies desprotegidas, hacia un mar muerto, salado, insalubre y lloroso, que dentro de su suciedad rebusca más muertos, cadáveres putrefactos que se olvidaron de creer en la vida.

 

Yo llegué a través de una proyección astral. Aterricé de improviso en la isla sin saber a ciencia cierta si todo lo que me estaba sucediendo era real o un simple sueño, cómo tantos sueños irreales que a veces parecían lógicos y que poblaban mis noches de incertidumbres. A veces, sólo en  algunos momentos, pensaba que éstos, mis sueños mágicos eran preferibles a mí rutina real, mi vida diaria, mi falta de dinero, amigos, familia…Sí, eran preferibles los sueños,  magia onírica que transformaba mi mundo en aventuras constantes,  construyendo un mundo paralelo repleto de vida buscando la felicidad de mi mente y cuerpo, y el olvido de mi presente terrenal ingrato.

Llegué no sé cómo aún a ésta isla a través de ejercicios de respiración, relajación y una palabra repetitiva que me ordenaba con una voz imperante,- Relax.-

Siempre pensé que los viajes astrales eran sueños dentro de sueños,  un resquicio de recuerdos de un pasado, de otra vida que me encaminaban a un futuro real. Tal vez por eso, al realizar lo aprendido en “El tercer ojo”, siempre temía el último instante, el desprendimiento de mi cuerpo físico  de mi  alma inmaterial,  al percibir mi cuerpo buscando izarse, o al revés, mi alma desprenderse de mi cuerpo y hallar otra realidad paralela. Tal vez el peligro por ese mundo esotérico desconocido me ataba en el último instante a mi mundo, mundo que no deseaba.

Siempre tuve miedo a ese último segundo dónde ya no me consideraba dueña de mi vida y no podía controlar mi situación, hasta ese día. No sé cuál fue la diferencia a los demás intentos. Tal vez fue por el tono urgente que buscaba reactivar mis recuerdos de mis neuronas bloqueadas. Eso me equilibró. Recomencé de nuevo. Activé mis ejercicios de respiración y relajación. Sentí lo positivo y negativo de mi cuerpo con los ojos cerrados. Polo positivo y polo negativo buscando redireccionar mi mente. Olvidé todo, incluso a mí misma y a mi pasado. Tampoco me preocupaba ni el presente ni el futuro. Todo quedaba atrás, en un sitio externo que no me afectaba ni me podría hacer daño nunca

No recuerdo en que momento sentí mi  cuerpo flotar. Fue una sensación dolorosa que me provocó ansiedad y miedo. Un miedo absoluto que no podía dominar sobre todo al observarme acostada, como muerta, y yo pérdida en mis miedos que me podían llevar a una locura permanente. ¿Qué podía hacer ahora? NADA.

Recordé los ejercicios de relajación y tensión que me habían enseñado:

– Respiración. Busca tu lugar seguro.  Relájate.  Vete a tu lugar seguro.- ISLA. Lo sabía. Mi isla, mi lugar seguro-  Respiración.  Relax. – Lo repito mentalmente esperando que mi voz no altere mi sueño, mi cuerpo, mi mente,  mi Yo.  Me fui relajando. Mi cuerpo suspendido,  atado, como con un cordón umbilical a un onírico resto de imagen de  sueño o realidad,  aparentemente muerto sobre la cama. Sola,  como siempre. Una soledad aceptada, decidida sólo por mí.

En el momento crucial en que aterrice  en la isla me asusté. No sé cómo había aterrizado en ella ¿Era todo  un sueño dentro de un sueño? ¿Era real o sólo era una locura degenerativa?  Lo desconocido y los cambios me asustaron siempre. Miedo. Siempre tuve y tengo miedo. Algo irracional, respuesta de mi cuerpo o mi mente enferma, que  usa borrarme de la faz del mundo. Respuesta irracional, sin salida, que busca anularme.

En la isla me encontraba descalza y desnuda  Nada  cubría mi cuerpo.  Tal vez  la fobia por mi cuerpo se me revelaba de manera clara para encontrar una solución. Todo son conexiones a base de vivencias y recuerdos, oníricos o no.

¿La maldad puede corromper un cuerpo? ¿Y un alma? Yo no me considero mala pero la maldad bailó conmigo en infinidad de ocasiones. El cuerpo se va arrugando,  desgastando y no hablemos de los recuerdos que cambian de color en infinidad de ocasiones., realidades cambiantes según el momento vital y de recuerdos…  No sé en qué instante llegué a esta conclusión.  Tal vez por palabras mal intencionadas ofrecidas como chistes buscando recuperar una sonrisa, o buscando hacerte llorar de impotencia al no tener una respuesta satisfactoria: Un, estás gorda o delgada, y tú,  que les das la razón,  y te involucras negativamente al no contestar como es debido, en algo que no les concierne a ellos y te lo acabas de creer.  Tú, hiriéndote, como siempre. Con todas las cosas tan importantes que hay en éste mundanal mundo, y sufrimos… ¿por nada esencial? No es una cualidad por ser mujer.  No es una cualidad por ser humano,  hombre o mujer, herido, que no encontrará  una respuesta positiva al no saber reaccionar a tiempo, algo negativo por silenciar  las respuestas y temer actuar.

Vi mi isla, una isla hermosa en el primer instante. Un segundo después percibí el peligro, algo inherente en mí, una autoprotección innata que mantenía sujetarme a la cordura y la vida. Caminé despacio por la arena seca. Sentía en las plantas de los pies clavarse minúsculas partículas centenarias o milenarias que provocaban que éstos  se cubrieran de sangre. Temía herirme aún más.  Siempre el temor estaba presente en mi vida. Noté que mis pasos no quedaban marcados en el suelo. Decidí intentar que mis pisadas quedaran grabadas sobre la arena mojada con el agua del mar lamiendo mis pies. Sentí calor en ellos en contacto con el agua, algo extraño. Las huellas de mis pisadas seguían invisibles ante mis ojos, ojos de energía y recuerdos, pero que aún no podía o temía actuar. En cierto momento sentí algo además de calor,  no me lo podía creer. Estaba ciega de huellas pero sentía.  Sentí deslizarse una lágrima  por mi mejilla. Decidí tocarla. La cogí y la besé.  Un sabor salado me inundó de recuerdos. En cambio mi cara no tenía densidad y cuerpo tampoco.  Lloré de desolación y de miedo.

Me encontraba en otra dimensión física,  lo sabía, pero sentía y eso era importante, muy importante. ¿Tendría alma? El mar me respondió con su empuje imprevisto en mí caminar sin destino cerca del agua del mar.  Éste agitó su oleaje buscando alcanzarme, como en un simple encuentro casual, luego se apaciguó de improviso y pareció que se olvidó de mí. Me volví de espaldas a él, buscando olvidar mi miedo al mar, como el avestruz que oculta su rostro en la arena intentando olvidar el peligro. Y el mar no me respondió,  algo que agradecí en ese momento.

Como siempre todo es falso. Esa vuelta atrás es y será siempre una trampa, lo sabía. De improviso, el oleaje se volvió del revés,  y con un fuerte tsunami buscó alcanzarme de nuevo, devorarme y tragarme en su interior de mentiras y rencor. ¿Tal vez porque yo creía? ¡Pobre loca! Y la muerte se apareció ante mí por primera vez en serio.

Me alejé corriendo de él,  ella, el mar, la mar. Mi respiración se aceleró.  Miré mi cuerpo buscando algún cambio final en él, y sentir. No, todo estaba igual. Me reí.  No era el momento adecuado para esto pero…, necesitaba reír. La risa es sana para nosotros, no tal vez para las personas que la reciben que puede parecer inadecuada en ese momento,  pero era feliz por mi salvación, como hace tiempo que no lo era. ¿Cómo es tan importante sentirse feliz?  Soy feliz y es lo que me importa en éste momento, y me impulsa a seguir viva. Vida. Viva. ¡Estoy viva…!  Después de ese pensamiento las furias del infierno me sacudieron con fuerza.

Traspasé con mis manos mi cuerpo,  mis pechos, mi barriga… De nuevo el  miedo apareció  con todo su furor. Intenté encontrar una explicación lógica.  Todo tiene su lógica.  El hombre normal tiene su lógica. El mundo tiene su lógica, nada es ilógico por naturaleza… ni el cielo. Miré hacia el cielo de un azul intenso que quemaba mis ojos, tal vez por el astro rey que se encontraba situado muy bajo, como casi siempre en diciembre, mes del año que odiaba. Su luz molestaba a mis ojos, pero no había nada ningún sortilegio real que pudiese protegerme.  Pensé en ese momento que nada de esto era real, sólo era un sueño,  como tantos otros que tuve, y al final despertaría a mi otra realidad paralela. Concluí que esto era un sin sentido y no tenía que  pensar. Debía despertar. Necesitaba dormir y despertar.

Me  encontraba cansada. Me acosté debajo de una palmera. Decidí dormir un poco y olvidarme de todo lo sucedido, mi pasado, mi presente e incluso el futuro.  Se acabó todo.  Sólo debía soñar.  Después de un sueño todo se veía más claro. Intenté cerrar los ojos. Olvidar. ¡Qué grandioso, olvidar y empezar de nuevo! El karma desaparece y nada ni nadie me puede hacer daño.  Se acabó.

Con los ojos cerrados,  la luz del sol que tanto me molestaba y  me impedía relajarme me obligaba a abrirlos. Sentía su calor que me traspasaba. Tapé mis ojos con un brazo. Me dolió la oscuridad  repleta de recuerdos y llena de reproches. Me di la vuelta en un intento de evitar esa sensación y mi cara se sumergió en la arena. Parecía que deseaba tragarme. Me costaba respirar. Las partículas doradas se fueron apropiando de mi boca, de mis pulmones. Tosí,  un acto impulsivo buscando salvarme. Me volví a levantar e intenté caminar.  Mis pies se fueron introduciendo despacio en la arena movediza. Sentí miedo y ansiedad. Me costaba respirar. Sospechaba que me faltaba poco para morir y formaría parte de esta isla para siempre. Levanté mi rostro mirando hacia el cielo buscando un hálito de aire que representaba mi vida, mi supervivencia. Llegué sin darme cuenta hasta el mar y este me acogió esta vez, generoso y tranquilo. Sentí su calor, su amor,  que buscaba transformar mi energía en vida. Primero deseaba matarme y ahora me amaba. Su calor me provocó un desvanecimiento momentáneo. Fue solo un instante ya que me desperté al escuchar un grito, mi grito, otra vez en la arena,  próxima a él o ella, el mar o la mar. Seguía nadando  movimientos rotatorios de salvación.

A cada movimiento las partículas de arena se fueron introduciendo en mi boca. Con una tos reactiva intento desprenderme de ellas para siempre, pero es imposible. Cada vez sentía mi garganta más irritada, sin aire en mis pulmones. Me costaba respirar.- Respiración.-  Deseaba recordar las teorías que me habían enseñado para relajarme.  Todo esto tenía que ser un sueño.  Despertaría y nada de lo sucedido sería real. Todo sería un mero sueño, como siempre, como aquella noche del sueño de las serpientes, con las que deliraba tiempo atrás,  noche tras noche.  Pude conseguir dominarlas dentro del sueño, ser valiente  una vez más en mi vida, y arrebatarlas el veneno a las reptiles, uno tras otro,  para qué nunca más me hicieran daño, ni en sueños.

Es todo tan extraño éste mundo de sueños.  Una vez soñé que caía dentro de un pozo profundo, sin salida.  Fue tan intensa la sensación que el miedo hizo que se repitiera en multitud de ocasiones la pesadilla,  hasta que la noche que más miedo tenía de dormirme y soñar con ese sueño repetitivo descubrí que la valentía es innata  y a medias aprendida,  pero como necesitas sobrevivir, en la vida o en los sueños que representan tus miedos,  en un impulso, después de aprender en sueños reiterativos, aprendí a volar, volar como un ave, sorteando el pozo y sus infernales profundidades, en busca de las nubes salvadoras.

Lo intenté ahora,  buscando un intento de salida, como si esto sólo fuera un sueño con un despertar hacer lo mismo que aquella vez o algo parecido. Si fuese sólo un sueño podría dominar la respiración, relajación, tensión, relajación; y sobrevivir.

Arrastré mi rostro por la arena intentando llegar hasta la mar. En un intento de nadar, de salvarme entre  tos y tos, con mi cara entre la arena fui entrando en el agua con miedo y me alejé nadando, no sé cómo, pero el miedo pudo más y decidí regresar de este agua hasta una tierra firme, sin miedo y no sé por qué la ansiedad se asentó en mi cuerpo y eso me provocó dolor.

Sabía lo que tenía que hacer en un momento de tensión. La teoría estaba aprendida.-  Respira, relax- . Si, sé lo que debía hacer. Si me relajaba podría con ello, no importaba si la fuerza de tensión  era superior a la de relajación. Podría relajarme. Conseguiría salvarme. Necesitaba volar, alejarme.  Moví mis brazos buscando volar. Es difícil volar. Lo hice antes,  una sola vez, pero es difícil., pero puedo, lo sé. No me queda otra salvación,  sólo volar.

No respiraba.  Me moriría  un día más en este mar de arena.  – ¡Vuela!-  una voz me gritaba o era la mía.   Sobrevivir en este infierno  sin salida  es imposible. ¿Sería esto al infierno? No saber dónde estás,  si lo que sueñas es real o lo que vives es imaginario- ¡Vuela! Yo sabía que ésta sería la única forma de sobrevivir, pero, ¿no sería mejor dejarse ir?

Recuerdo que hace poco comenté que no tenía miedo a morir.  Estaba preparada para todo lo que me pudiera suceder.  Eso era ayer. Yo estaba preparada de verdad, ahora no. Recuerdo una conversación. Comenté que estaba preparada para morir.  No temía a la muerte en mi último viaje en avión, a pesar de las perturbaciones de mi mente, las inclemencias del tiempo y las turbulencias que impendían la estabilidad en el vuelo.   Hoy me pregunto, en esta agonía que estoy viviendo, si de verdad no temo a la muerte o es que no me importa morir lo que equivaldría a no desear vivir.

Mi respiración la escucho con más profundidad, como un eco profundo, como un llanto de ultratumba que solloza por mi vida. – ¡Vuela!  Y de repente levanté el vuelo.  Vi alejarse la isla.  Eso me provocó vértigo.  Cerré los ojos buscando mitigar  el mareo. En cambio el vuelo fue grandioso. Me arrimaba, incluso con los ojos cerrados a las nubes. Si lo deseaba las  atravesaba,  nubes blancas;  grises;  negras… con figuras hermosas, o  a veces fantasmagóricas, otras sin palabras.  Deseé subir aún más, encontrarme con las estrellas que marcaron mi ruta, mi destino, con sus destellos y recuerdos.

Le dije a tu estrella: Eres luminosa, la más grande que he visto hoy,  pero mi pequeña, es cierto que mi dolor por ti es reciente… Las estrellas, mis recuerdos, tus recuerdos siguen ahí,  y la tuya, tan próxima en este momento, tan lejana ayer en mi mundo de dolor,  me marcó como un tatuaje en mi corazón.  O tal vez fue el deseo de ser otra estrella recordada por alguien que me hubiese querido una vez,  una estrella que marcó  o grabaría un recuerdo para otra persona,  o para otra vida como la tuya o tal vez ese deseo innato de seguir viva, con recuerdos sueños y vida… Algo irracional, sin sentido pero que siento y pienso.

Unas nubes vivas con figuras y sueños me saludaron con luces y música.  Siempre me llamaron la atención las nubes con sus formas. Unas rozaban el límite de la realidad con imágenes de animales, otras humanas o piedras,  montañas, e incluso  seres vivos inidentificables. Una nube con forma de  isla como está,  otras veces se transformaban en seres irreales,  en fantasmas amigos que consolaban con su belleza que parecía eterna, otras como fantasmas castigadores de venganza y odio, y la música vengadora como siempre,  la que acompañaba con su trueno  castigador junto al fuego del juicio final; o la música y el rayo que no cesa amenazante para el consuelo de estar vivos;  Wagner frente al canto de un ruiseñor con su espina clavada en el corazón por amor,  sinfonía contra naturaleza,  belleza en los dos casos, belleza eterna y yo mortal, ¡ pobre!,  me encuentro ínfima en esta isla que dejé hace poco repleta de miedo y soledad.

La isla estaba lejos. Dormir. Necesitaba dormir.  Cerré los ojos.  Me encontraba mejor. Pienso, hoy es hoy.  Quiero creer que todo sea un sueño.  Mañana despertaré de una pesadilla profunda, algo irreal con el eco de vivencias y recuerdos incluso míos  que no logran despertarme.  Dentro del sueño mis reacciones y sensaciones e incluso sentimientos eran increíbles. Me sentía la protagonista de esa escena increíble,  una experiencia virtual que ningún cine, ninguna máquina podía a repetir nunca. Ésta era la maquina eterna del cerebro, el Dios de la mente y cuerpo.

Entré en la nube con las imágenes grabadas de mi vida. Pequeños rostros que deseaban ocultarse emergían buscando mi mirada. Mi pasado desfilando ante mí.  Esto me provocó un mareo suave.  Sabía que no me iban a hacer daño. Era mi pasado.  Lo que más me molestó fue el resplandor del sol minutos antes de penetrar en ellos, y nauseas. La luminosidad que permaneció en mi retina momentos después buscaba que ésta se  cerrase ante la fuerza avasalladora del recuerdo. No podía dominar la situación dentro de esos recuerdos sorpresivos y de nuevo el miedo apareció segundos después de  pensar en la muerte. Pero supe que no me iba a suceder nada. Yo no iba a morir aunque lo desease. ¿Hay un destino marcado? ¿Una hora que marca tu nacimiento y tu muerte?  ¿Tus padres y el futuro de tu vida? Esto era una pesadilla, una ansiedad ante lo desconocido,  ante situaciones perjudiciales que pensamos que pueden hacernos daño… Mi vida me hacía daño y me rebelaba a mi manera, a través de mis sueños.

¡No! ¡No!, ¡mis nubes no me van hacer daño!-  Aspire. Respire.  Aspire. Regrese. – Mi respiración acompasada buscando a relajarme a un sitio en mi vida, de una vida segura alejada de lo que pudiera ponerme en peligro, incluso de mi misma. De repente vi el firmamento repleto de estrellas y reconocí alguna.  Me alegré. Vi el carro  y recordé aquel día que fuimos Olga y yo  al fomento.  Disfrutamos como niñas. Las estuvimos contemplando en el camino hacia nuestro destino. Dos mujeres en un día preciado para el recuerdo y con dos vidas tan diferentes y tan paralelas. El carro y en ese día tan estrellado a la derecha, tan alta, tan hermosa  y brillante en el firmamento descansa mi Zara, vigilándome por si me extravío, con sus ladridos me riñe si me entristezco. Es  hermosa y brillante.

Deseo ser en un futuro una simple estrella con un recuerdo para poder ser un recuerdo para alguien. Deseo ser siempre algo para alguien. Deseé otra vida, tal vez por eso hoy estoy aquí.  Siempre desee otros padres;  otros maridos;  otros amigos, otros… y  hoy estoy aquí, y mañana estaré aquí. Es por eso que tal vez que  me ahoga esa pesadilla con esas convivencias indeseadas que permiten  incluirlas en mi vida.  Si yo escribo mi vida en mi vida no puedo permitir que ellos escriban la mía.  Son el pasado y no están ligados a mi futuro.  Mi presente debe alejarlos de mi línea de la vida,  que permanezcan ocultos en el pasado,  que nunca debe volver.  Es difícil seguir la línea de la vida,  librar tu vida  y que el pasado quede atrás y no pensar en el futuro.  Pensar en cómo será o como debería haber sido. Ser, vivir el presente de una vida, mi vida, y todo esto que es un sueño y no pensar en un futuro y como debería reaccionar ante lo que me es imposible de manejar y que me infunde miedo y dolor.

Lo sé.  No es cierto. No  fue como aquel día que después de una siesta profunda en la que  me dirigí hacia la cocina para prepararme un café y vi una luz roja en la ventana y pensé que aquello no podía ser cierto y sería un sueño…  Aquello parecía irreal pero era real- ¿Qué hay de seguro en mi vida;  trabajo; soledad y tristeza? Esto era lo único que hay de cierto, un grito que rebota en mi cerebro. No ese eco que se hace repetitivo me gusta escucharlo. Nadie me dijo nunca que mi vida debía vivirla yo. Siempre debía pensar en los demás. El puesto último era el mío. Yo, ocupaba siempre el último lugar.

Fueron cayendo mis pensamientos para callar mí malvivir.  Sus vidas ocultaron la mía. ¡No,  eso no me suena a gloria!  Sonrío,  escucho la música y siento música, “Puente sobre aguas turbulentas” de Simón y Garfunkel,  y mi puente sobre las aguas turbulentas de mi vida.

Me salgo de la nube. Recorro ríos  inexistentes hasta encontrar mi río con su puente que me proporcione paz.  Olvido de un rio inexistente en este nuevo hoy, y  mi puente seguro me ayuda a respirar. Respiro. Una red de  respiración amplia junto a una lágrima de emoción fluye y me siento viva.  Nunca lloro, no sé llorar. Esas lágrimas que se deslizan indecentes marcan mi emoción y las escondo con mi mano, sin pañuelo.  Soy feliz, soy  un minúsculo átomo de felicidad que equivale a una recompensa de toda la vida de mi vida.

De repente caí desde el puente al río.  El agua me castigó los pulmones.  Entraba el elemento a borbotones por mi boca. Pensé en pedir ayuda. ¿A quién?  No deseaba morir.  Cada vez que pensaba el agua más se adentraba dentro de mí, y el miedo crecía, y no podía hacer nada.  No deseaba acabar así. Ser un no ser, alguien que nadie nunca recordaría, una olvidada. -Vuela;  nada;  camina;  vive…-    una voz me gritó, oigo la voz energética después del silencio, de la nada.-  Nada, – ¿Es mi voz?  No reconozco  la voz pero  obedezco: muevo piernas y manos primero, desacompasadamente.   No sabía nadar y el miedo acelera mis movimientos. Después de haber tragado agua escuché la orden, repetitiva: – Nada-  Pensé que mi vida estaba en peligro y obedecí otra vez, con más lentitud buscando recuperar energía.  Escuchaba mis pensamientos,- ánimo que falta poco, adelante,  una brazada más  y llegaras a  la orilla del río.  Al volver la vista atrás percibí su enorme caudal.  Me parecía imposible que hubiese sobrevivido a la caída y salido a nado sin saber nadar. Temblé.  Me sentía húmeda pero sobreviviente.

Estaba tumbada en la tierra. Lo noté por su olor, un recuerdo de la niñez. Respiré profundamente buscando relajarme.  En un momento dado me senté buscando equilibrarme. Estaba mareada. – Camina.- Esa voz que no sabía dónde procedía me obligó a levantarme y caminar como un niño pequeño que empieza a avanzar sólo en la vida. Casi caigo. Volví a respirar más hondamente. – Camina.- Anduve sin rumbo dando algún traspiés.  Alguna vez que otra me caía y me levantaba.  Pensé que ojalá la vida fuera así de sencilla.  Esto es más horrible.  La vida es más fácil.  Suspiré,  de seguido respiré y me puse de pie deseando andar.  Me sentí  como un niño pequeño  que aprende a caminar. Caminé sujetándome a todo lo que podía agarrarme.  Como un niño pequeño tropecé y mi cuerpo se cayó contra el duro suelo.   Lloré. Yo no lloro nunca.  Lloro.  Nunca lloraba. No puedo expresar mis sentimientos, mis emociones. ¿Sabes que las lágrimas son saladas y calientes? Lo descubrí en ese momento.  No entendía porque el agua del río no era salada.  Yo tenía frío y mis lágrimas eran calientes. Algo ilógico. Supongo que tenía una explicación, todo tiene una explicación, menos yo, menos mi vida.  Me levanté y seguí caminando mucho tiempo, no sé cuánto, hasta que vi un jardín hermoso,  verde sin laberintos y repleto de cientos de con flores y escuché la  música otra vez.  La música era hermosa, me traía recuerdos. Oscureció pronto, y me dormí.  Al despertar la noche amenazante me asustó.  No había ningún ser humano a la vista. Me encontraba sola como siempre.  Debería haber quedado dormida hasta mañana y despertar al día siguiente,  de día. Decidí volver a intentar recuperar el sueño. No sé en qué momento mi cuerpo sufrió una convulsión.  Necesitaba dormir para siempre. Sé que esto era algo irracional, algo negativo, que me obligaba a seguir en el sueño sin posibilidad de despertar. –  ¡Despierta!-  Me encontraba en un sitio hermoso que me obligaba a soñar pero esa voz irracional, imperante, me obligaba a obedecer y  despertar  y no descansar.

Oí un sonido de  unas campanas con su eco metálico que repercutía en mi mente.  La música que embellece el sueño fue sustituida por esa letanía mortal del repiqueo de una campana,  y una voz lejana, poética, llamándome por mí nombre,- despierta Lara. Ven, ven.-   . Yo escuchaba la voz, pero recordé que era una simple mortal que no deseaba vivir pero  que no tenía miedo a morir. – Tienes miedo a vivir.  ¿Quieres morir?- Era otra voz. Reconocí a mi abuela.-Ven junto a mí y conocerás al final la muerte.-  yo deseaba despertar de este sueño.  Se parecía a tantos otros.  Hacía poco que había muerto Marga y la quería. El caos puede ser hermoso, increíble,  y pero sentí su rabia al ver que yo me sumergía en la oscuridad buscando la muerte y el olvido, mi el olvido- ¿quieres morir?

Su voz se me habló en sueños infinidad de veces, cada vez que me veía baja. En cambio yo  a los demás personas que hablábamos del tema de la muerte siempre decía que no tenía miedo a la muerte… y  creo que era cierto, que deseaba vivir. Pensaba que mi vida  empezaba y terminaba en mis sueños. La otra, la que no deseaba, eran simples roles, como un juego, como un trabajo, como una obligación. Cada vez que recordaba o sufría por mí soledad aceptada de mentiras, el dolor interno tan intenso  me sumergía en falsos sueños de amargura, y recitaba buscando salvarme el más maravilloso poema aprendido, la oración de madres a hijas enseñado por mi madre desde su madre. No sé porque me viene esto a la mente en este momento. ¿Tal vez era un poco de esperanza para mí?

Quiero creer pero no puedo.  Creo en la vida pero no puedo. La última vez que soñé con Ella me encontraba en la mitad del túnel.   Su rostro se encontraba iluminado por una luz sobrenatural pero su rostro, a pesar de todo, denotaba fuerza y enfado. Estaba encolerizada conmigo. – ¿Quieres morir? Tienes todo, tienes vida.-  lloré con su recuerdo-  Te quiero.-  Pensé, y mis pensamientos se transformaron en un grito y desperté en el jardín hermoso.

-Deja tu cerebro libre.  No pienses en nada.  Cierra los ojos.  Tensa tu frente.  Tensa tus párpados.  Siente la tensión de tus ojos. No te hagas daño. Relajación. Relaja tus ojos. Mira dentro de la oscuridad y con  tus ojos cerrados percibe  un número. ¿Lo ves?  Piensa.- El número 4.-  No me atrevo hablar,  solo pienso.-   Escucha la música.  Relax.-   El número 4 brilla con más intensidad.  Se desdibuja un 6 en la parte inferior,  y de repente se combinan, junto a un tres al revés y dibujan una cara, sin ojos, sin párpados, sin retina.  Es mi cara.  No puedo abrir los ojos.  Tengo miedo. Recuerdo que ayer soñé con unos ojos cerrados. Tuve miedo sobre todo cuando su sonrisa se abrió buscando atraparme dentro de mis sueños.  Una mariposa multicolor, enorme, hermosa, grandiosa ante mí voloteaba ante mí.  Yo con los ojos cerrados, ciegos a la  claridad lo percibí perfectamente. Me tranquilicé.  La mariposa es la señal de que pronto despertaré y todo se acabará.  La música se reinicia.  Lo sé.  Es un volver a empezar de pesadilla y sigo sin abrir los ojos pero tengo un átomo de esperanza.

La voz que se repite como una grabación junto con  la música es todo esperanza. La oigo, pero sigo sin poder abrir los ojos. Los números se van ampliando y combinando.  puntos con firmeza se colocan en la parte inferior. El 6 que dibujaba mis ojos ciegos y el 4 que formaba mi nariz y mi tres al revés que es recolector de mi boca, sabores… una boca cerrada que hace juego con mi cita para ciegos. Parezco un fantasma lunar en la oscuridad del miedo.

De improviso la voz serena repite a través de la música unas palabras que apenas distingo pero recuerdo. – Relax.-  Siento una atracción de mi cara hacia el suelo. Tengo miedo de caer. No veo el suelo, es como si estuviera sobre una escalera al borde del abismo, un abismo infinito, sin final, sin suelo.  No sé en qué momento, como en un retroceso mental me voy alejando paso a paso.-  Relax.- Su voz me encamina a otra salida. El número 4 se dibuja dentro de una estrella plateada preciosa, una estrella como la de los Reyes Magos camino de Belén, así me la imagino,  o tal vez porque falta poco para reyes.  4,  tal vez mi número.  Todos tienen un número.  Todos somos un número.  Mi número del DNI; mi  número de la seguridad social; mi número… el cuatro.  qué raro.  Siempre había pensado que el mío era el 13.  Todo cambia y no me di cuenta.  Tal vez fuese la terapia.-  Relax; respira….-  es verdad, casi me había olvidado. Pasa otra estrella y otra salida y mi número, nuevo,  sacado como en  un sorteo el número 4. 2+ 2 es igual a 4; 3+ 1 es igual a 4;  1 +3 es igual a 4; 4+ 0 es igual a 4; 4-0 es igual  a 4; no hay más sumas y  restas posibles. ¿O sí?  la estrella explosiona a tragando mi número y me cuesta respirar.  Momentos antes las aristas dibujaban un icono de nieve maravilloso. Se engrandeció en poco tiempo.  El tiempo, el inicio  y el final… La nada creada, absorbiendo sabiduría y creando… y el dolor,  por eso me lastimó tanto  el mirar esa maravilla de la naturaleza y escuchar esa  música, sonidos relajantes que tal vez buscaban confundirme con esa voz, siempre la misma y su relax que acallaban mis gritos.

-Relax.- El sonido me llegó a los oídos.  Sentí el vértigo de la caída  al no tener contacto con el suelo.  Recordé el cuadro del grito  y mi propia expresión comparable y sin palabras. Sé que el miedo se había dibujado en mí  cara igual que en el cuadro representaba el miedo.  Miedo.  siempre sentí miedo, y hoy más.  En mi caída  hacia el suelo la palabra se repetía.-  Relax.  No sé en qué momento de improviso todo oscureció,  los sonidos;  las imágenes; los recuerdos.  No sé cuánto tiempo permanecí en  la oscuridad hasta que una luz deslumbró mi retina, y junto a la palabra relax me desperté en un cuarto impoluto, con máquinas que buscaban atarme a la vida


Ana Zarzuelo Álvarez