La hidra del deseo La hidra del deseo
Arizai siempre fue muy linda desde pequeña. Tenía un rostro angelical, ojos grandes color avellana, con una mirada profunda y enigmática. La hidra del deseo

Arizai siempre fue muy linda desde pequeña. Tenía un rostro angelical, ojos grandes color avellana, con una mirada profunda y enigmática. Su cabello negro resaltaba su blanquísima piel. Desde muy temprana edad su tía Lorena quien la cuidaba desde los tres años hizo todo lo posible para que su belleza no se notara. La hermosa Arizai había quedado casi huérfana a los tres años de edad cuando su madre se suicidó, nunca pudo salir de la depresión que la invadía todo el tiempo desde que dio a luz a su primera y única hija.

Lorena de carácter libre se caracterizaba por tener una honestidad brutal, pero hacia la imposible porque la belleza de Arizai no saliera al mundo. Le decía siempre que ella no era bonita, ponía a la niña frente al espejo y le decía lo horrible que se veía. Al llegar la adolescencia la loca tía se empeñaba en que usara ropa holgada. Le decía una y otra vez que era fea y que nadie la querría jamás. Lorena cada día se daba cuenta que Arizai además de ser tan bella era sumamente inteligente. En el colegio siempre sacaba diplomas que reconocían su gran potencial para el álgebra y los deportes, sin embargo, lo que más le gustaba en el mundo era leer. Era un vicio y un placer que ella disfrutaba en silencio en un rincón de la gran casa. Siempre solitaria la hermosa Arizai no se daba cuenta que su cuerpo había cambiado. Las curvas y los senos le brotaban sin querer. Sus labios rosados hacían que su rostro fuera aún más bello.

Lorena se daba cuenta de eso y enfurecía. La cólera que sentía en contra de su sobrina era cada día peor. La belleza y la inteligencia eran armas poderosas. La tía Lorena había vivido muy bien desde la muerte de su hermana, pues el padre de Arozai le daba una generosa pensión cada mes sin que la niña se enterará y conociera a su padre. La madre de Arizai se había metido con un hombre casado, un reconocido diplomático de la embajada de España. El hombre generosamente atractivo y millonario no iba permitir un escándalo como ese. Tener una hija no reconocida y fuera del matrimonio ejemplar que llevaba era un secreto que nunca consentiría salir a la luz. Esto le permitió a Lorena vivir comandante durante años. La tía era una mujer alta de piernas largas y moldeadas. Llevaba siempre el cabello pintado de rojo para ocultar las canas. Las uñas siempre arregladas y usaba vestidos sumamente sexis y pegados al cuerpo. Su vestimenta tan entallada dejaba ver el ancho de sus nalgas y sus senos grandes y suculentos. Tendría pocas cosas que envidiarle a su sobrina, pero ante todo estaba algo con lo que no podía competir nunca: la ternura y la frescura de la juventud de Arizai. Todo el tiempo en competencia en una guerra donde la pequeña al despertar la pubertad ya tomaba conciencia de lo que pasaba con la loca de su tía.

Al pasar el tiempo Arizai llego hasta la Universidad donde conocía a hombres muy atractivos, pero rechazaba a todos por temor a que su tía se enterara.  La pelirroja se había encargado de someterla a su voluntad. A la  bella Arizai nunca la dejaba asistir a fiestas y mucho menos a tener citas románticas como todas las chicas de su edad. Hasta que un día conoció a Rubén, un muchacho de la Facultad. Desde que lo vio le encantó. Nunca había sentido algo tan especial por alguien. Comenzaron a hablar en la Universidad por horas. No entraban a sus respectivas clases. Fue Rubén quien le dio su primer beso. Y una tarde muy acalorada Rubén le propuso ir a su departamento, una invitación que Arizai no podía rechazar. Al llegar a la casa Rubén decidió darse un baño mientras Arizai se desnudaba y se acostaba en la cama. Los pensamientos de Arizai no la dejaban en paz, no quería verse como una perra, pero tampoco iba a permitir que Rubén pensará que era el primero en su vida y en su cama. En otros tiempos eso sería todo un privilegio para una mujer y una gran fortuna para un hombre, pero ahora eso ya no era algo importante. Al salir del baño ella lo beso en la boca y después se colocó de rodillas frente a él y comenzó chupar su gran miembro. Después ella abrió las piernas y le dijo: “Chúpame toda”. Cuando sintió la lengua sobre su clítoris, oleadas de placer comenzaron a recórrerla de arriba abajo. Así pasaron los días en grandes faenas de placer. Hasta que la feliz pareja no concebía la vida sin el otro. Se habían enamorado.

Rubén le pidió que lo presentará con Lorena a lo que Arizai se negaba rotundamente. La tía que no era nada tonta ya se había dado cuenta del romance. Hasta mandó a un detective privado para que investigará todo sobre el muchacho.  Los resultados de la investigación no arrojaron cosas negativas.

Rubén provenía de una familia de “buenas costumbres” y de muy buena posición económica. Esto no desagradó a la tía de ninguna manera, ya que desde siempre deseaba deshacerse de la Arizai, pero su instinto maternal muy oculto no la dejaba. En realidad, Lorena no era tan mala persona, sólo que la belleza de su sobrina despertaba en ella una terrible envidia.

Una tarde Lorena invito a comer a Arizai a un restaurante japonés al que solían ir cada vez que tenía algo importante que comunicarle.  La tía le dijo a la bella chica que estaba enterada de su romance y que desearía hacer una recepción para conocer a su prospecto. La joven desconcertada al principio terminó por aceptar lo solicitado por Lorena. La recepción se llevaría acabo en la casa de Lorena, al llegar los padres de Rubén pasaron a la sala donde estaba exquisitamente decorada con flores y el bello aroma despertaba armonía.  Algo que casi nunca había en la casa. Rubén se sorprendió de la belleza de Lorena que, aunque era una mujer madura, no dejaba de excitar a los hombres. Mientras comían Rubén imaginaba cómo sería besar su cuello que en ese momento tenía colgado un collar negro que resaltaba con su piel tan pálida. Imaginaba que cogía rico. Los padres de Rubén aceptaban a Arizai, pues pensaban que además de bonita era una buena chica, así que no podría salir mejor el encuentro de las familias.

Los chicos estaban felices al saber que no había ningún problema en su relación, ambos jóvenes y de buena posición económica, practicaban la misma religión y tenían los mismos intereses. Pronto pensaron en formalizar la relación para poder casarse. Arizai se la pasaba contemplando revistas de novia entre suspiro y suspiro. Lorena por su parte le decía que tal o cual vestido la hacían verse gorda o que su cabello había perdido brillo, etc. La tía no perdía oportunidad para hacer sentir mal a su sobrina.

Una tarde Rubén y la joven quedaron de encontrarse en la casa de ella. Pero el tráfico de la ciudad retrasó la llegada del muchacho. En casa se encontraba Arizai arreglada de manera especial, pensaba en tener con Rubén un encuentro sexual. Llevaba una blusa de botones y unos jeans muy pegados que dejaban ver su bella figura. Ropa interior negra y de encaje. Al sonar el timbre ella abrió con emoción. En la puerta estaba un hombre varonil, pero no era Rubén. Por muchos años Lorena había mantenido una relación con un amante fijo. Hace ya tiempo que no se veían, las circunstancias los había alejado. El hombre viajaba mucho de país en país. Era la primera vez de ese año que visitaba a Lorena en su casa. El hombre no había hablado con Lorena  desde hacía un año y medio.

Arizai le preguntó el motivo por el cual visitaba a Lorena. El contestó francamente que eran amantes desde hacía tiempo. Él le preguntó por la sobrina y Arizai le contesto al hombre que la joven se había casado y que estaba de luna de miel.

Arizai le dijo al hombre que ella era la asistente personal de Lorena y que la ayudaba con la administración de la casa y un pequeño negocio que tenía. El hombre pidió pasar al baño y la joven le mostró el camino. Cuando el hombre salió del baño la joven se abalanzo a su pecho, olió su perfume y ambos comenzaron a besarse. Él la tomó por la cintura. Le desabrochó los botones superiores de la blusa. Y acariciaba sus pechos por encima del sostén de encaje, metía la mano en uno de sus senos y con la boca besaba sus pezones rosados.

Arizai lo metió de nuevo al baño y puso el seguro. Bajó el cierre del pantalón de él y durante varios minutos chupó su miembro. Él le quitó el pantalón y ella se quitó la tanga, tomó su pene entre sus manos, lo acercó a su vagina y él la penetró una y otra vez. Después ella le pidió que la penetrará por detrás. El hizo justamente lo que ella le pidió.

El oído agudo de Arizai escuchò que un auto se estacionaba. Pensó que era Rubén, sin embargo, al salir del baño como pudieron y medio arreglarse el cabello y la ropa se dio cuenta que era la voz de la tía. Los amantes estaban ya sentados en la sala. Mientras Arizai sentía que al fin se había vengado de la vida de sumisión que había vivido en esa casa. La joven sentía que se había vengado de Lorena al estar cogiendo con su amante de toda la vida. No podía esperar al ver la cara de Lorena cuando abriera la puerta, siendo una mujer de mundo sabría al verlos ahí juntos en la sala, que aquel hombre había saboreado las mieles de Arizai.

Por fin Lorena abrió la puerta y sin duda se sorprendió al ver sentado en la sala al padre de Arizai…..


Gabriela Santamaría Santiago

Gabriela Santamaría Santiago