La hacedora de sus sueños La hacedora de sus sueños
Diálogo con la escultora italiana Francesca Dalla Benetta “(…) quedando sólo dueño del aire que empañaba con el aliento denso que exhalaba. Y en... La hacedora de sus sueños

Diálogo con la escultora italiana Francesca Dalla Benetta

“(…) quedando sólo dueño

del aire que empañaba

con el aliento denso que exhalaba.

Y en la quietud contenta

de imperio silencioso,

sumisas sólo voces consentía

de las nocturnas aves

tan oscuras tan graves,

que aún el silencio no se interrumpía”.

Fragmento del poema “Primero sueño”, de Sor Juana Inés de la Cruz.

Francesca estudió Física. La habitual historia acompañó su primera carrera: para sus padres, el arte no daba de comer. Luego vino la pintura, pero a la escultura, como con las pasiones verdaderas, le tomó más tiempo llegar. Sin embargo, la elipsis de su biografía la llevó a un puerto insospechado: el cine.

“Empecé con un grupo de amigos a hacer vídeos, (…) a hacer la parte plástica, las máscaras, los maquillajes. Más como autodidacta y por intuición. Cuando yo egresé de artes, estaba muy clavada que quería dedicarme al cine, porque a ésto me había llevado todo el camino. El primer trabajo que conseguí fue en escenografía, y me dio manera de conocer los materiales que, finalmente, son casi los mismos que se usan en efectos especiales”.

La historia de Francesca está llena de casualidades, una azarosa sucesión de hechos que, poco a poco, le fue desvelando el camino hacia tierras ignotas: México. El cine la hizo cruzar el Atlántico de la mano de Vittorio Sodano, maquillista en jefe de la exitosa película sobre la vida de Giulio Andreotti,  Il Divo – de la que fue nominado al Oscar en el 2010-. En tierras mexicanas rodarían Apocalypto, la polémica cinta dirigida y producida, durante el 2006, por Mel Gibson.

“Llegando a México me di cuenta de que el panorama era completamente diferente. Mucho más rico por el cine, por el tipo de películas diferentes. (…) Era más divertido”.

Si alguna impronta le reserva México a quien su vida desenvuelve aquí, esa es la veleidad de sus casualidades. Tras el aterrizaje de un vuelo proveniente de Italia, Francesca, ansiosa por un cigarro, abordó a dos hombres fumando. Eran italianos y tenían en la cabeza la idea de un museo particular: uno de los horrores. El museo estaría en Florencia, la ciudad natal de Francesca. No lo pensó más.

A las dos semanas, los invitó a su estudio. En un par de meses, Francesca logró la proeza de crear 35 esculturas que cruzaron el océano y, tiempo después, recorrerían el mundo.

Francesca Dalla Benetta

El lenguaje de Francesca

Insuflada por el éxito de sus  monstruos, brujas, vampiros y asesinos seriales –las esculturas para el museo florentino-, Francesca cedió al impulso y exigencia de sus propias creaciones. Así comenzaría el tortuoso camino a la zaga de un lenguaje propio, incontrastable.

“De repente no sabes, simplemente dudas de tus posibilidades. Yo en la época dudé. Iba lenta, (me preguntaba) ¿está quedando bien?, ¿está quedando mal? (…) Me tomaba días de por medio, de ‘ay caray, no sé si lo puedo acabar’”. Tras 15 exposiciones personales, las dudas de Francesca se diluyeron.

Su obra tiene la virtud de la constancia. Formas e imágenes incómodas, violentas, han configurado un universo incontrastable. Las creaciones de Francesca exploran las posibilidades de lo real a la luz de la fantasía, la zona de encuentro donde una y otra se funden en los ojos correctos y las manos propicias.

“Mi lenguaje ha tenido muchas variaciones. He empezado haciendo monstruos, porque era lo que a mí me fascinaba desde que trabajaba en cine. Criaturas bizarras. El lenguaje que se ha mantenido es un lenguaje onírico. El deseo de hablar de la experiencia humana desde un punto de vista más surreal. Lo que busco es, no tanto las cosas diarias, sino el pequeño detalle que te puede inquietar”.

El movimiento, el cambio perpetuo, es un elemento consustancial  para el arte. Francesca lo entiende y ha impregnado la obra de su propia evolución, del resultado de sus pesquisas introspectivas tras su individualidad más plena y pura. “Antes, mi lenguaje era más fuerte, explícito (…) Cuando trabajas siempre estás en evolución. Cualquier tipo de artista va modificando su lenguaje conforme va creciendo y evolucionando”.

Las creaciones de Francesca desbordan los altivos moldes de la belleza convencional, así, de hecho, fue nombrada su primera exposición. “Buscaba poder hablar a la gente de lo que es bello de una manera diferente. No necesariamente a través de los cánones de belleza clásicos”. Una suerte de revuelta estética se materializa en sus esculturas, es, quizá, una íntima rebelión a la rígida educación que Francesca recibió durante sus años universitarios en Milán. Es, de nueva cuenta, el camino habitual de la evolución: la destrucción de los viejos paradigmas y la erección de los novedosos.

Francesca confronta. Sus obras funcionan como el detonante de la prospección de quien las admira. Las criaturas de Francesca retan los pozos oscuros, los pasajes negros del observador desprevenido, con ello procura cimbrar su constitución, no dejarlo indiferente.

“La intención especial que tengo es que le genere algo. La cosa que sea. No espero que reaccionen de una forma específica; entonces, cuando me dicen que tienen ‘sentimientos encontrados’, yo sé que logré un objetivo muy grande. Si tienen sentimientos encontrados es que estás apenas viendo qué sientes (…) A mí me encanta que la gente reaccione de las formas más imprevistas”.

Francesca Dalla Benetta

Francesca Dalla Benetta

Como los artistas africanos que se asientan a la vera del Río Congo, que en sueños vislumbran las formas y el contorno de las máscaras que honrarán a sus dioses milenarios, Francesca sueña las criaturas que le acompañan: seres con los ojos desorbitados, contrahechos, de extremidades erróneas y rostros equívocos. Son las criaturas de la noche que se aposentan en la duermevela del artista.

“Yo soñaba esto (…) Siempre he tenido unos sueños muy interesantes, y estas cosas se manifestaban durante mis sueños. Y como sentía que quería producir más de éstas criaturas, quería que se revelaran más, pues simplemente dormía más”.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.