La generación (política) perdida La generación (política) perdida
Javier Duarte está, por el momento, perdido. Según declaraciones de Miguel Ángel Yunes Linares, mandatario electo de Veracruz, el gobernador con licencia “huyó en... La generación (política) perdida

Javier Duarte está, por el momento, perdido. Según declaraciones de Miguel Ángel Yunes Linares, mandatario electo de Veracruz, el gobernador con licencia “huyó en un helicóptero del gobierno del estado el pasado sábado -15 de octubre-, por ello en este momento desconocemos el paradero, ya se escapó”. Al respecto, el gobernador interino, Dr. Flavino Ríos, brindó una declaración a Radio Fórmula, por decir lo menos, inquietante: “Hay una serie de versiones, desde hace dos o tres días, en el sentido de que escapó en un helicóptero que usa habitualmente el fiscal general del estado, que salió con destino (…) hay quien dice que fue a Puebla, después que fue a Coatzacoalcos y de ahí voló a Ciudad Juárez, es decir, hay distintas versiones, no tengo ninguna que yo pueda avalar o certificar”. En términos concretos, Javier Duarte se esfumó.

La historia, de por sí efectista, contiene elementos contundentes para apuntalarla hacia la categoría del escándalo. Uno más. De acuerdo con diversas versiones difundidas en la prensa –en la columna “Serpientes y Escaleras” de Salvador García Soto, publicada en El Universal del 19 de octubre, y en una nota del periodista Jenaro Villamil, difundida en Proceso el mismo día- el líder senatorial priista, Emilio Gamboa Patrón, habría ayudado a Duarte para ocultarse en un domicilio ubicado entre Michoacán y el Estado de México. Gamboa Patrón, en tanto, al ser cuestionado por Villamil sobre su presunto involucramiento en la huida, calificó como “verdaderamente falso” (sic), desde luego, todo lo dicho en torno a su supuesta participación.

La generación (política) perdida

El repentino desvanecimiento corporal del gobernador tiene implicaciones varias para el maltrecho régimen político. Por una parte, es una refutación elocuente para el Partido Revolucionario Institucional (PRI), en particular para su presidente nacional, Enrique Ochoa, quien ha hecho del discurso anticorrupción un tópico recurrente en sus intervenciones públicas, a propósito de su insistencia por dar al instituto político que representa alguna credibilidad de cara a las elecciones del próximo año y las presidenciales del 2018.

Por otro lado, la figura de Duarte dentro de la narrativa de “renovación”, con la que toda una generación de políticos “jóvenes” arribó al poder en los últimos procesos electorales –el “Nuevo PRI” le llamaron-, incluido el presidente Enrique Peña Nieto, echa por tierra cualquier atisbo regenerativo en la clase política priista, la cual, ya se vio, resultó tan corrupta como la de sus vetustos preceptores. Nada nuevo bajo el sol.

No hay, pues, singularidad alguna en Duarte: su formación académica y política es propiamente mediocre; no hay en su carrera como funcionario público logros deslumbrantes o dignos de ser recordados, salvo si puede considerarse algún mérito el haber hundido política, social y administrativamente al estado que gobernó. El desastre de su administración, su rotundo fracaso, es patente si apelamos a la más reciente y urgente determinación del  gobernador interino, quien solicitó a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público un “rescate financiero” de 11 mil millones de pesos para concluir su periodo al frente del poder ejecutivo.  Administración, por cierto, que culminará en poco más de un mes.

Humberto Moreira

Humberto Moreira

 

Duarte, decíamos, tampoco se arrogaría la primicia de la corrupción develada. Con famas similares, toda una generación de políticos jóvenes, mozuelos de la corrección política, derrumbó las pretensiones reformistas de la tozuda campaña priista que se esforzó por mostrar un partido regenerado.

Ahí están, pues, como escaparates de la ignominia, los ex gobernadores de Quintana Roo y Chihuahua, Roberto Borge y César Duarte, respectivamente; ambos señalados, durante su administración y hacia el final de la misma, por actos de corrupción y excesos en el ejercicio de gobierno.

Ahí están Rodrigo Medina, ex gobernador de Nuevo León, acosado por la justicia local; o Humberto Moreira, ex gobernador de Coahuila y destacado integrante en la lista de los “10 mexicanos más corruptos”, elaborada por la revista Forbes durante el 2013; o Eugenio Hernández, ex gobernador de Tamaulipas, buscado por el gobierno estadounidense a través de la Administración para el Control de las Drogas (DEA, por sus siglas en inglés).

Ahí están, también, aunque de generaciones pasadas pero igualmente concurrentes en la tradición de la corrupción política, el ex gobernador de Tabasco, Andrés Granier, ahora preso; o el ex gobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington, prófugo de la justicia mexicana y estadounidense.

Tomás Yarrington

Tomás Yarrington

 

Pero la corrupción no es un mal congénito al priismo, también el Partido Acción Nacional tiene una historia que contar al respecto. Ahí están Luis Armando Reynoso Femat, ex gobernador panista de Aguascalientes, actualmente preso por el delito de defraudación fiscal; o Guillermo Padrés, ex gobernador de Sonora y con una orden de aprehensión girada en su contra.

Todos ellos, jóvenes o viejos, forman parte de una bien arraigada tradición que ve en el poder político un medio conveniente para dar rienda suelta a sus apetitos más mundanos. Son una generación de medianías, que hicieron de la administración pública un botín, y de la política un utensilio para saciar sus muy particulares ambiciones. Son una generación perdida en el laberinto de las corruptelas y  en la obnubilación por el poder.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.