La fosa veracruzana La fosa veracruzana
Al menos 250 cadáveres fueron hallados en diferentes fosas clandestinas de Veracruz. Los restos, afirman integrantes del Colectivo Solecito –organización civil dedicada a la... La fosa veracruzana

Al menos 250 cadáveres fueron hallados en diferentes fosas clandestinas de Veracruz. Los restos, afirman integrantes del Colectivo Solecito –organización civil dedicada a la búsqueda de personas desaparecidas-, corresponden a jóvenes de entre 14 y 25 años. Entre los cuerpos encontrados “hay mujeres, hay muchas mujeres”, dijo Lucía Díaz, integrante del colectivo, a medios de comunicación. El cementerio clandestino recién descubierto podría ser el más grande de todo el mundo. Un dudoso honor.

De acuerdo con información de la Fiscalía General del Estado, a cargo de Jorge Winckler, en al menos uno de cada cinco municipios de Veracruz se tenía una fosa clandestina, dispuesta a recibir a los muertos del crimen organizado. En términos concretos, 43 ciudades tuvieron un cementerio clandestino en funciones, desperdigados por todas las regiones del estado: de la Huasteca a los Tuxtlas, pasando por la región Olmeca y el Totonacapan, sin descontar, desde luego, los alrededores de las grandes ciudades.

Horizontum. La fosa veracruzana

Al respecto, apelando al recurrente subterfugio de la administración estatal actual, que señala al gobierno de Duarte como origen de todos los males que aquejan al estado, el propio Winckler, consignó el portal noticioso de Proceso, declaró: “la administración anterior fue negligente y desordenada en el ámbito de hallazgos de restos no identificados. Al no ser procesados correctamente, sin obtener los perfiles genéticos tanto de los restos como de familiares de personas desaparecidas, cientos de cuerpos fueron enviados a fosa común sin ser identificados. Además, el proceso de inhumación en fosas comunes tampoco era ordenado, lo que genera incertidumbre sobre el número real de cuerpos enviados a éstas”.

No obstante, el mismo funcionario se sinceró y dio cuenta de las limitantes de la infraestructura estatal para dar trámite al cauce legal del descubrimiento. Así lo registró Proceso : “hay falta de tecnología adecuada; falta de insumos indispensables, como reactivos para perfiles genéticos; falta de personal suficiente adscrito a los Servicios Periciales. Tenemos el apoyo de la Policía Científica de la Comisión Nacional de Seguridad, de la Secretaría de Gobernación y de la Procuraduría General de la República, pero debe reconocerse que el estado actual de los servicios periciales de la Fiscalía resultan insuficientes para atender la problemática (cursivas por el autor)”.

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A pesar del hiperactivismo declarativo del fiscal del estado, en los hechos, las pesquisas e investigaciones sobre las fosas clandestinas fueron realizadas por la sociedad civil, en particular por el Colectivo Solecito. Sus integrantes relataron al servicio informativo de Televisa, que durante una manifestación del 10 de mayo pasado, un grupo de personas se acercó a ellos para darles un “mapa”: la ubicación exacta donde el crimen organizado había sepultado a sus víctimas.

“Llegaron unas personas y nos empezaron a repartir unos papeles doblados, se la adjudicaba un cártel, viene un croquis del terreno y en cierto lugar, donde hemos encontrado las fosas, venían muchas crucecitas (…)”, relató Rosalía Castro, integrante del colectivo.

A decir de Castro, los 250 cuerpos hallados no serán los últimos por encontrar. De acuerdo con el “mapa”, aún faltan por descubrir más cadáveres: “dijeron que en ese lugar íbamos a encontrar mucha gente, unas 300 personas, falta por encontrar más gente”.

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En la geografía de la iniquidad, sólo un caso es comparable a la gran fosa veracruzana: la “Escombrera”, el cementerio clandestino de Medellín, Colombia. Ubicado en la Comuna 13, uno de los barrios más pobres y violentos de la ciudad, la “Escombrera” fungió como receptáculo de los cadáveres que produjo el complejo cóctel social colombiano de las décadas del ochenta y noventa, protagonizado por grupos paramilitares, guerrilleros y del narcotráfico.

El cementerio clandestino colombiano guarda en sus entrañas un número indeterminado de muertos; sin embargo, las estimaciones consideran que en esta fosa podrían contarse hasta 300 cadáveres. Hasta hace poco, la “Escombrera” era considerada como la “fosa clandestina más grande del mundo”.

Hasta hoy.

El atroz descubrimiento en Veracruz apuntala la crisis institucional que vive el estado, azotado, a su vez, por el desfalco a las arcas públicas cometido por el ex gobernador Javier Duarte, actualmente prófugo. Este nuevo episodio redimensiona la situación de inseguridad en el estado pero, sobre todo, establece un nuevo parámetro en el rubro de la impunidad.

La fosa veracruzana revela, también, el patente fracaso del Estado para cumplir la más básica de sus funciones: proveer de seguridad a sus ciudadanos, además de comprobar, una vez más, que las estrategias de seguridad implementadas son inútiles, ineficaces.

Ahí están, para refutar discursos y declaraciones, los 250 cráneos descubiertos. Más los que faltan.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.