La distopía corporativa de Rocío Caballero La distopía corporativa de Rocío Caballero
Rocío Caballero ha tenido la necesidad de contar historias desde niña. Siempre tuvo la habilidad para expresarse gráficamente. La distopía corporativa de Rocío Caballero

Rocío Caballero ha tenido la necesidad de contar historias desde niña. Siempre tuvo la habilidad para expresarse gráficamente. No obstante, cuando tuvo que elegir una carrera, decidió por la administración de empresas. “Esto no es para mí”, se dijo después de un tiempo; por lo que abandonó aquella mala decisión y se metió de lleno en la academia de artes. El próximo año se cumplirán 25 años del inicio de su quehacer pictórico, el cual se centra hoy en las aventuras de los duendes grises, jóvenes personajes pertenecientes y dominantes del mundo corporativo. Por esta razón, llegamos hasta su estudio para charlar sobre su obra y la ironía que mediante ésta hace del mundo actual.

-¿Cómo iniciaste?

-Empecé a estudiar administración de empresas y ya en el camino dije: “esto no es para mí” y me metí a una escuela de iniciación artística del INBA. Luego me fui a La Esmeralda.

La distopía corporativa de Rocío Caballero

Fotografía por Raúl Campos

 

-¿No te quisieron admitir en el arte conceptual?

-No, yo estudié cuando estaba muy fuerte el movimiento del neomexicanismo, había pintores abstractos que tenían un rollo conceptual, pero eran los menos. Creo que en ese tiempo fue cuando apenas empezaban a tomar fuerza. Además, siempre he tenido una mano muy dada a figura, que casi que dibuja sola, entonces había que aprovecharlo.

-¿Cómo ha evolucionado el tema de tu obra?

-He ido como navegando por distintas etapas. En mis inicios estaba concentrada en lo que eran las cuestiones de las mujeres, no algo feminista, sino en el rollo del sentir de las mujeres más apasionadas. Así monté una primera exposición que se llamaba Mátame y te querré siempre. Luego seguí con Pecados del alma, en la que hablaba en un sentido más religioso blasfemo. Fue hasta el 2003, cuando aparecen por primera vez estos personajes que llamo los “duendes grises” y desde entonces son una historia que no termino de contar.

La distopía corporativa de Rocío Caballero

Fotografía por Raúl Campos

 

-¿Por qué son los duendes grises?

-Grises, porque años atrás leía la novela Momo, en la que se habla de los hombres grises del sistema, que te querían hacer entrar al sistema corporativo. Les puse duendes, anteriormente había hecho una historia de hadas y elfos; duendes, porque no dejaban de ser seres traviesos. La verdadera esencia de estos personajes es que ya se volvieron yuppies hedonistas, gente del poder que está pensado todo el tiempo en como someter a los demás.

-¿Por qué traen máscaras?

-Eso es reciente: en el 2013 hice mi exposición De crimen y sin castigo, ahí les puse máscaras a los personajes para subrayar su personalidad. Me basé mucho en el libro La rebelión en la granja, en la que el cerdo es el personaje más malo, poderoso, el que está persiguiendo siempre el poder.

La distopía corporativa de Rocío Caballero

Fotografía por Raúl Campos

 

-¿Consideras tu obra una mezcla entre surrealismo y fantasía?

-No pensaría que es surrealismo, más bien soy una pintora que desconceptualiza imágenes. Muchas de estas historias están basadas en lo que es la realidad, pero no me gusta retratarla como tal, utilizo la ironía y el sarcasmo y lo plasmo en forma de alegoría y fábula. He creado un mundo de distopía y fábula que se inició con la exposición El anectodatorio de los duendes grises. Como tenía una imaginación muy juguetona, me inventé a estos hombres pensando en grandes reuniones, pero viajando mentalmente a un estado de añoranza a la infancia. Después los pensé en una secta, en la cual para poder entrar tenían que cumplir con un perfil físico e iconográfico y ya dentro debían cumplir con un código, el Código Gris,  que es una serie de cuadros, cuyo primer capítulo habla sobre las características que debe de tener un perfecto duende gris: la indolencia, la paciencia, la omnipotencia. Una de las pinturas es una reimaginación mía de una famosa foto de la construcción del Empire State: lo que hice es la misma imagen, pero con los duendes grises sobre la viga, están pensando cómo van a reconstruir a la Ciudad de México.

La distopía corporativa de Rocío Caballero

Fotografía por Raúl Campos

 

-También está el Presidentito

-Esta serie, que se llama Yupitos desde chiquitos, surge de la idea de que aunque se nace con el pedigree de duende gris, estos tenían que ir a la escuelita. El cuadro Yupito presidente, muestra niños jugando a que ya están en el poder. Me gusta mucho jugar con los elementos: tiene la banda invertida y siempre habrá un adulto que los lleve de la mano.

-¿Qué simbolismos usas en tu gráfica?

Uso mucho los muñequitos, barcos y avioncitos de papel porque son parte del juego. Sé que los niños ahora juegan con los gadgets, pero yo no tuve esa infancia. En la mía eran juegos de contacto, escondidillas, la comidita, la casita y creaba muchas cosas manuales; son juegos que me recuerdan a mis hermanos.

La distopía corporativa de Rocío Caballero

Fotografía por Raúl Campos

 

-¿Ahorita qué proyectos tienes en pie?

-Estoy preparando una exposición individual con la que festejaré mis 25 años de trayectoria. Será en el National Museum of Mexican Art en Chicago. Estoy armando un proyecto de 20 grabados sobre mis personajes y también preparo unas muestras colectivas. Una de estas es con la que se va a reabrir el Museo de la Ciudad de México. También estoy en dos expos sobre lotería: una en la galería Óscar Román y un proyecto de unos coleccionistas que se llaman David Pérez Peregrino y Loli, su mujer, que está en Jalapa. Es un proyecto que se arma desde hace 18 años. Los trabajos son chiquitos, pues la idea es que vayan dentro de un tablero, son como siete. Yo hice al Yupi.

La distopía corporativa de Rocío Caballero

Fotografía por Raúl Campos

 

 

Raúl Campos

Raúl Campos

Raúl Campos (Ciudad de México, 1992)
Periodista cultural y fotógrafo documental (con licencia). Decidió adentrarse a estos medios por tres razones:
1. Cuando niño le regalaron una cámara fiestera desechable de instantáneas (eso me traumó).
2. Por su afinidad para escuchar y contar historias (quizás sirvió de algo).
3. Por querer entrarle al negocio familiar (ni hablar).
Su trabajo se ha publicado en Revista Yaconic, Milenio Diario, Milenio Dominical y recientemente en algunas publicaciones de Editorial Notmusa y Horizontum. Asegura ser pionero del “Periodismo Kitsch”.