La disputa en Siria: un mundo entre el terrorismo islamita y el terrorismo de Estado La disputa en Siria: un mundo entre el terrorismo islamita y el terrorismo de Estado
Siria nos sangró los ojos, después de lo que hemos visto en Alepo, el ataque en contra de la localidad de Jan Sheijun, en... La disputa en Siria: un mundo entre el terrorismo islamita y el terrorismo de Estado

Las nuevas prioridades del terror en Siria

Siria nos sangró los ojos, después de lo que hemos visto en Alepo, el ataque en contra de la localidad de Jan Sheijun, en la provincial de Idlib, el cual dejó una cifra de 58 personas muertas, entre las que se encontraban 11 niños, revela que ya no podremos hablar más de geopolítica, ni de geoestrategia, mucho menos de política exterior y diplomacia. Eso se acabó, sólo queda el terror islamita y el terrorismo de Estado. Por eso los análisis respecto a Siria, no entienden ni permiten entender los mecanismos que ahora desordenan al mundo, para luego establecer nuevas jerarquías, tan frágiles e inestables como todo lo que deja a su paso el terror.

Siria es una emboscada, siempre lo fue. Es un agujero destruido entre montañas donde desde hace siglos se concentraron los intereses de los países europeos y los Estados Unidos. Estos países han menospreciado la fuerza de Siria, ahí donde todo intento de unidad árabe fracasó, los nuevos embates podrían favorecer su éxito. Ahora más que nunca, a Siria como a Egipto, les conviene una visión global de naciones árabes unidas. Algo que podrían apoyar países como Irán y en cierta medida, Rusia.

Horizontum. La disputa en Siria: un mundo entre el terrorismo islamita y el terrorismo de Estado

Trump y el terrorismo de Estado: la vieja excusa de las armas químicas

La única forma en que Trump podía justificar su intervención en Siria, era un ataque terrorista. Desde hace mucho tiempo que Siria vive en Estado de guerra, y cuando una nación está en guerra, ningún ataque puede ser considerado terrorista, sino como un “crimen de guerra” contemplado en el Estatuto de Roma.

Pero en el Estatuto de Roma, en su artículo 8 sobre “Crímenes de guerra” no se contempla como tal un ataque con armas químicas, sí se refiere en su apartado 17, que es un crimen de guerra el “emplear veneno o armas envenenadas”, después en el apartado 18, se hace referencia a “emplear gases asfixiantes, tóxicos o similares o cualquier líquido, material o dispositivo análogos”, sin embargo no es específico en cuanto al uso de armas químicas, pero tampoco se tiene una definición jurídica en materia penal internacional sobre qué puede ser denominado como “arma química”, ni mucho menos como “ataque químico”.

Por su puesto que llegó la hora de revisar el Estatuto de Roma, de actualizarlo a los nuevos tiempos del terrorismo del siglo XXI, pero sobre todo es muy importante dejar en claro que el Estatuto de Roma se ha violado en múltiples ocasiones por Estados Unidos, Rusia y otras naciones que hacen justicia por propia mano, saltándose todas las instancias internacionales. Esto tiene que ser tan indignante como el ataque mismo, pues la reacción al supuesto ataque con armas químicas pone en evidencia tanto a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), como a la Organización de Estados Americanos (OTAN), quienes simulan su respuesta con juntas emergentes sin exigir de manera determinante una investigación a fondo sobre si el ataque utilizó armas químicas o fue uno más de los muchos ataques del terrorismo de Estado sirio de Bashar al-Ásad, el gobierno ruso, o algún grupo extremista. Este y muchos otros atentados terroristas disfrazados de guerra, merecen una sanción ejemplar para los países que han manipulado a las instancias internacionales para ejercer esta suerte de “justicia por propia mano”, que no es sino terrorismo de Estado impune.

Horizontum. La disputa en Siria: un mundo entre el terrorismo islamita y el terrorismo de Estado

De cualquier forma, Donald Trump desconoce y en todo caso no respeta los estatutos internacionales, por eso un ataque con armas químicas contra civiles es algo que le facilita un cambio discursivo y la decisión de bombardear Siria, dejando bajas civiles hasta de niños, lo cual hace la igualada de lo que en su discurso fue la gota que derramó el vaso de su indignación para bombardear con el respaldo del poder neoconservador al que obedece.

La Casa Blanca reaccionó al bombardeo aéreo sobre territorio sirio con supuestas armas químicas, pero esto es muy difícil comprobar. Ya otro neoconservador, el ex presidente republicano, George W. Bush, justificó su intervención en Irak por el supuesto ocultamiento de “armas químicas”. Es a partir del 11 de septiembre y esta falsa argumentación, que la política criminal de los Estados Unidos con respecto a Oriente Medio dejó de ser disuasiva y se justificaron los bombardeos como parte de una reorientación hacia una política “preventiva”.

La política exterior de los Estados Unidos con respecto a Siria, ya no es la misma de hace unas décadas, cuando el objetivo era impedir que Rusia dominara esta región de Oriente Medio, la manera en que Estados Unidos se aseguró de que los rusos fracasaran fue potenciando un paramilitarismo islamita que después se revertiría con el surgimiento de la yihad; la nueva rebelión árabe toma impulso con los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001.

A Trump no le interesa una confrontación con el mandatario ruso, Vladimir Putin, su intervención en Siria obedece más a la influencia del lobby[1] judío, encabezado por su propio yerno, Jared Kushner, de quien se ha dicho fue parte de una disputa con Steve Bannon, despedido de su cargo como jefe de Estrategia de la Casa Blanca, en el Consejo de Seguridad Nacional, todo esto como antecedente a la intempestiva decisión de Donald Trum de bombardear Siria.

Horizontum. La disputa en Siria: un mundo entre el terrorismo islamita y el terrorismo de Estado

La historia de Siria se puede resumir internamente en una sociedad rural que se han repartido en distintas etapas Francia, Gran Bretaña, Rusia y Estados Unidos, principalmente. Los mismos países que ahora están de uno y otro lado del terror. Un 10% de la población siria es alauí, mientras que un 70% es suní. El ascenso alauí del sector rural, fue a través de ocupar altos cargos en el ejército, mientras que la población más urbana y suní, fue desplazada de los cargos políticos estratégicos.

Países como Francia, recurrieron a la estrategia de favorecer la creación de múltiples Estados, con el fin de pulverizar la unidad en Siria y asegurarse su control, sin embargo, la longevidad de sus líderes autoritarios contradictoriamente logró un sostén de sobrevivencia nacionalista.

Francia optó por crear fuerzas especiales paramilitares; los kurdos estaban bajo la administración gubernamental francesa, independientes al gobierno sirio.

Con esta guerra institucionalizada por las intervenciones colonialistas, es como se puede explicar el surgimiento de regímenes autoritarios y de una nación con récord internacional en golpes de Estado.

Tanto en la colonización de Siria como después de la Segunda Guerra Mundial, no se registraron los flujos migratorios a Siria que ahora se presentan, pues durante varios años no había restricción alguna de ingreso al territorio sirio, al cual arribaron muchos refugiados de origen iraquí, algunos de ellos refuerzos potenciales del Estado Islámico (ISIS).

En Oriente Medio todo se destruye para construir el nuevo orden provisional del mundo. Es la resistencia occidental a que esta región se potencie como cuando todas las culturas panárabes integraban la Gran Siria en la era del imperio Otomano. Egipto y Siria intentaron hacerse una misma nación en distintas ocasiones, en 1958 fundaron la República Árabe Unida, pero lejos de expandirse hacia otras regiones árabes, la unidad se desintegró tres años después.

¿Otra primavera árabe en Siria?

La primavera árabe, es como se le ha llamado a una serie de revueltas populares en distintas regiones de Oriente Medio, las cuales comenzaron en 2011 y terminaron en 2013. En la práctica, consiste en el resquebrajamiento de la política exterior y las constantes intervenciones para forzar procesos democráticos en los distintos países. Cuando un gobernante tenía el visto bueno de la Unión Europea o de los Estados Unidos, según los intereses de cada cual, éste podía ser un “ejemplo de transición democrática”, o pasar a convertirse en un “dictador sanguinario”. Así de voluble el internacionalismo de las últimas dos décadas y particularmente, del 2001 en adelante.

En Estados Unidos creen que el nacionalismo es para los países “civilizados” de occidente, no para las naciones musulmanas.

Horizontum. La disputa en Siria: un mundo entre el terrorismo islamita y el terrorismo de Estado

El nacionalismo en la región de Oriente Medio no puede ser juzgado igual que el nacionalismo occidental, porque para los países de la región en disputa el nacionalismo tiene que ver con un fenómeno identitario y de integración de las naciones árabes colonizadas por largo tiempo, luego pulverizadas por bombardeos de los Estados de terror de Europa y Estados Unidos. Mientras que el nacionalismo occidental como el de Trump, es desintegracionista y excluyente, igual que lo son sus políticas migratorias.

El nacionalismo sirio por la unidad de los países árabes es una vía de salvación para Siria, Egipto, Irak y otras naciones de Oriente Medio, mientras que para los países occidentales es un riesgo de globalización árabe, cuando años atrás estas mismas naciones veían en la globalización el escenario ideal para sus intereses en el mundo, el terrorismo ha cambiado por completo este escenario.

En Egipto, el ambiente se crispa con los dos ataques suicidas contra iglesias católicas que dejaron 44 muertos tres semanas antes de la visita del Papa, sin indignar a Trump ni a Putin, pues de momento ni Egipto ni el Papa son más relevantes que Siria.

Pero las prioridades del grupo de asesores judíos en el gobierno de Estados Unidos se cumplen, cuando en el marco del terrorismo global, Trump ha posicionado buques de guerra ante la península de Corea.

Siria, Egipto y Corea, bajo la mira de Estados Unidos

El destino de Siria y el mundo, pasa por el 11 de septiembre de 2001, pues después de esa fecha, los asesores neoconservadores en el gobierno de los Estados Unidos tuvieron una mayor influencia, como David Wumser –miembro de una agrupación estadunidense pro Likud[2]–, quien se incorporó a la oficina del entonces vicepresidente Dick Cheney para encargarse del expediente sirio. Desde entonces, las prioridades del Departamento de Estado de EU, señalaron a Corea del Norte, Cuba, Irak, Irán, Libia, Sudán y Siria, como focos rojos bajo la óptica del terrorismo.

Pero les faltó considerar a Egipto que, como Siria, es la otra gran potencia milenaria de Oriente Medio que aún sueña con recuperar el imperio perdido. ¿Pero qué haría la Unión Europea y Estados Unidos para asegurarse de que Egipto no salga de sus eternas crisis de violencia y guerra civil?, dejar que los grupos islamitas los ataquen. No es una omisión, Estados Unidos contribuyó a crear el Estado Islámico cuando temió el dominio ruso en la región, por lo que apoyó con armas y capacitación a grupos paramilitares que se integraron en Al Qaeda y posteriormente en ISIS.

Por eso, aunque algunos sostienen que el paramilitarismo y el fenómeno terrorista son distintos, considero que en Oriente Medio no pueden disociarse, pues uno integró las bases insurgentes del otro, para después conformar un fenómeno más complejo como es el Estado Islámico, el cual tiene muchos más recursos que los de la estructura paramilitar y que es motivo de mis investigaciones doctorales.

 Rusia y Suecia, los nuevos objetivos terroristas

Pero los que no desconocen lo que llamaremos el nuevo mapa del geoterrorismo, son los rusos. Tal como veníamos advirtiendo en entrevistas y columnas pasadas, el mandatario ruso, Vladimir Putin sabía que un atentado en contra de Rusia podía ocurrir, como respuesta a su constante intervención bélica en Siria, sobre todo cuando retiró las tropas dejando a la ciudad de Alepo en ruinas.

Talvez en estos momentos los intereses del gobierno ruso, el atentado al Metro de San Petesburgo que dejó 14 muertos, parece ser más conveniente que dañino a Vladimir Putin, quien de entrada ya cuenta con el respaldo de Irán, en un frente provisional en contra del bombardeo que Estados Unidos realizó en Siria. Y es que Putin no puede concebir que ningún Estado se sienta con derecho a aniquilar Siria, sino es el suyo, Rusia.

Horizontum. La disputa en Siria: un mundo entre el terrorismo islamita y el terrorismo de Estado

Sin embargo, Putin asume riesgos confiando demasiado en los órganos de inteligencia rusa de los cuales él proviene y donde fue formado para la política de estos tiempos de terror. Lo que sigue para Rusia son eventos internacionales como el Mundial de Futbol 2018, donde su gobierno buscará mostrar fortaleza ante el terrorismo, pero según estén las cosas en Siria, que Rusia sea blanco de un ataque en un evento que involucra al mundo, podría ser conveniente a un Vladimir Putin sin demasiados escrúpulos.

En Estocolmo todo parece lejano y en calma siempre, pero detrás de una de las naciones con mayor estabilidad económica y menos homicidios, hay tantos secretos como violencia reprimida que a la menor provocación estalla.

Cuando el periodista y escritor Stieg Larsson[3] investigaba a la extrema derecha en su país, y en el primer número de la revista Expo que él mismo dirigía, publicó en 1995, un artículo titulado: “En Estocolmo también pueden producirse atentados terroristas”, aún no ocurrían los atentados del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas en Nueva York, y él se refería a que los autores podrían ser grupos ultraderechistas neonazis. Sin embargo, no erró. Hay que decir que los países que han sido blanco del terrorismo islamita, son fanáticos adoctrinados a distancia, que no están en contacto directo con la organización del Estado Islámico, por lo que una combinación de pensamiento extremista local con fanatismo islamita global, dan como resultado estos ataques de los llamados “lobos solitarios”, que embisten con automóvil sobre las multitudes, y en algunos casos, terminan su ataque con arma de fuego o con arma blanca.

Pero Suecia es un símbolo de fortaleza en la Unión Europea, es el “sueño europeo”, el euro dream, que se vio doblegado en su estabilidad por un ataque terrorista y puso a llorar a la princesa sueca. Así de frágiles se muestran ante el terrorismo islamita los Estados más fuertes del mundo.

[1] Grupo de presión.

[2] El Likud es el principal partido político de Derecha en Israel.

[3] Periodista sueco fallecido en 2004, que investigaba a los grupos de extrema derecha en su país y el resto de Europa, autor también de la trilogía Millennium, que fue un best seller a nivel internacional.


Yuriria Rodríguez Castro

Yuriria Rodríguez Castro

Yuriria Rodríguez Castro, es periodista especializada en criminalidad. Egresó de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UNAM, es Maestra en Periodismo Político por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, y en ambas instituciones obtuvo Mención Honorífica. Actualmente cursa el Doctorado en Ciencias Penales y Política Criminal en el INACIPE.