La Des-Unión Europea La Des-Unión Europea
Por años, en las Relaciones Internacionales la Unión Europea fue el modelo a seguir de la integración económica-política. No lo es más. Existe una... La Des-Unión Europea

Por años, en las Relaciones Internacionales la Unión Europea fue el modelo a seguir de la integración económica-política. No lo es más. Existe una tradición, desde algunos sectores de la academia y la política, a imitar lo que sucede en los centros de poder mundial, como si las condiciones de los países periféricos fueran las mismas. La realidad internacional invita a plantear la posibilidad de crear políticas distintas.

Lo que sucede en Europa es, entre otras cosas, resultado de la deslocalización de la pobreza, provocada desde la época de la colonización en el largo siglo XVI. Todo ese periodo de tiempo le bastó a Gran Bretaña para construir un imperio que duraría hasta la Segunda Guerra Mundial (SGM). Lo suficiente para imponer su pax. Periodo en que se concentró en la isla europea el poderío económico-político-cultural y también el conocimiento dominante.

Tras la SGM, la división internacional del trabajo se reorganiza. La formación de bloques económicos lleva consigo la creación de espacios destinados a la producción de materias primas y extracción de recursos naturales, serán los lugares donde se genere y concentre la pobreza. Otro bloque que acompaña a estas actividades es el político-militar, que a la usanza atlantista, se utiliza desde la época fenicia para forzar el comercio.

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La deslocalización de la pobreza europea se concentró entonces en África, Asia y América (AAA), espacios que contienen los recursos, materias y mano de obra necesaria para mantener la riqueza en Europa y, después de la derrota española a fines del siglo XIX, en Estados Unidos.

Para controlar la AAA se fortaleció el sentimiento paneuropeo; el fin de la 2GM y la victoria del modelo económico-político-ideológico que representó Estados Unidos fueron la base para modelar la integración europea, a través del carbón y el acero. Es decir, adherir a un mismo proyecto a Alemania, Francia y Gran Bretaña, bajo el mando estadounidense.

Dicho proyecto de dominación mundial, impulsó la corporativización del mundo. Sus representantes establecieron franquicias y expandieron sus políticas con el fin de controlar todo el ciclo de la economía mundial –producción, distribución, consumo- y con ello el mantenimiento de una población empleada a garantizar su funcionamiento, incluyendo aquí la guerra.

La población menos beneficiada en este proceso, tiende a pensar en formas de subsistir o a buscar mejores condiciones de vida, en este caso la migración es una de las respuestas. En los últimos años, se acrecentó el número de migrantes a Europa, a lo que se suma la migración interna, debido a la periferización que se experimenta en el mismo Continente.

Ello ha servido como excusa para que en el discurso político la xenofobia, el racismo y los nacionalismos extremos tomen cada vez mayor fuerza en los países centrales. El Brexit es consecuencia de ello. Este hecho muestra la radiografía de una Europa que nunca estuvo unida, más que por la voluntad política estadounidense y de sus representantes europeos.

Hasta la fecha no se podía analizar de manera clara en las Relaciones Internacionales “lo europeo” más allá de un proyecto de integración que hoy se pone en duda, se estudia a Francia, Alemania, Gran Bretaña… Pero una Europa más allá de un Proyecto, no se ha consumado. La división de la Unión Europea permite que se mire a otros procesos de integración que llevan consigo un programa político diferente, como lo es la Organización de Cooperación Shangai, que en su momento, concentrará a más de la mitad de la población mundial; esto permite pensar que a la desunión europea, la cooperación euroasiática responde como una alternativa de integración, la cual se debe estudiar, pero no imitar.

Abdiel Hernández Mendoza

Abdiel Hernández Mendoza

Profesor de Relaciones Internacionales de la FES Aragón UNAM