La debacle venezolana La debacle venezolana
La situación social y política en Venezuela se ha deteriorado sensiblemente en los últimos días. Los bandos confrontados –la oposición y el gobierno encabezado... La debacle venezolana

La situación social y política en Venezuela se ha deteriorado sensiblemente en los últimos días. Los bandos confrontados –la oposición y el gobierno encabezado por Nicolás Maduro- han ejecutado una serie de acciones que, día con día, tensan la coyuntura y comprometen la viabilidad para salidas negociadas y dialogantes a la severa crisis que azota al sistema político venezolano. Ambas posturas despliegan una retahíla de acciones y discursos que dejan ver los manidos rencores que troquelaron su relación, con la improbable esperanza de doblegar a su adversario por completo; una irreal aspiración que conduce al país sudamericano hacia la inviabilidad institucional y la incertidumbre política.

El crítico escenario no se gestó en unos cuantos días. Ninguna crisis lo hace, mucho menos una que presenta la magnitud y profundidad de la venezolana. Esta severa coyuntura parece más la culminación, la consecuencia lógica y manifiesta, de una dilatada progresión de acontecimientos que tienen su origen en la arquitectura misma del entramado institucional, y en los cimientos del régimen político venezolano. Para ambos casos, la figura del finado comandante Hugo Chávez –y el imaginario político que procreó a su alrededor- juega un papel capital, fundacional incluso.

La debacle venezolana

Sin embargo, y a propósito de la urgencia, vale la pena detenerse en los componentes y detonadores de la crisis actual.

Los actores

En esta crisis, el papel del poder legislativo ha sido determinante. Instalada el pasado cinco de enero, la Asamblea Nacional de Venezuela puede ser vista como una elocuente muestra del desgaste político del todavía presidente Maduro: en las últimas elecciones –realizadas el seis de diciembre de 2015-, el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar, de genética puramente oficialista, alcanzó 55 posiciones; mientras que la Mesa de la Unidad Democrática, la oposición al chavismo, logró hacerse con 109 escaños en la legislatura.

Desde entonces, los conflictos y controversias entre Maduro y la Asamblea han sido un tema recurrente para la realidad política venezolana. Por un lado, el titular del Ejecutivo ha emprendido diversas maniobras legales que procuran acotar los alcances institucionales del parlamento, para ello se ha servido del Poder Judicial, señaladamente de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, que desde febrero ha desautorizado decisiones importantes tomadas por el parlamento. En los hechos, el Tribunal posee una suerte de “poder de veto” que ejerce oficiosamente contra la Asamblea.

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Por su parte, la Asamblea Nacional de Venezuela se ha convertido en una suerte de plataforma institucional opositora, la más activa e importante, contra el gobierno de Maduro. Ahí se gestan los discursos y medidas que buscan, denodadamente, expulsar del gobierno al chavismo.

Los hechos

La última de esas medidas, impulsada por la oposición  y cancelada por el Poder Judicial, detonó la crisis política que ahora padecen los venezolanos.

En efecto, desde la Asamblea Nacional, y respaldada por una amplia movilización social, la oposición presentó ante el Consejo Nacional Electoral –instancia gubernamental encargada de la organización y ejecución de los procesos de votación- una solicitud para convocar a un referendo revocatorio que tendría por objeto terminar anticipadamente con la administración de Maduro; sin embargo, el Poder Judicial –plegado a los intereses del oficialismo-, de nueva cuenta, interrumpió cualquier iniciativa en ese sentido y logró recrudecer, aún más, el conflicto entre ambos poderes.

Los resultados de tal interrupción no se han hecho esperar. El pasado miércoles 26 de octubre, la oposición, a través de sus líderes más visibles–entre ellos, el ex candidato presidencial Henrique Capriles-, convocó a una multitudinaria movilización en todo el país, a la que llamaron la “Toma de Venezuela”. El gobierno respondió a la concentración con, al menos, 120 manifestantes heridos, 146 detenidos, y la acusación a la oposición de haber asesinado a un miembro de la policía.

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Por ahora, la oposición orquestó una huelga general para el 28 de octubre; mientras que Maduro, en la búsqueda por debilitar las acciones de sus adversarios, decretó  aumentar el salario mínimo de los trabajadores en un 40%. Un desesperado intento por hacerse con la lealtad de un importante sector social, y conseguir para el gobierno un espacio más de maniobrabilidad política.

En tanto, Maduro, poco cuidadoso  -por decir lo menos- en su papel como jefe de Estado y factor clave para la distensión del conflicto, atizó el encono con una desafortunada acusación a Capriles: “Asesino, así te señalo frente al país (…) ¿Quién ha creado esa violencia? El llamado del gobernador de Miranda, Capriles. Él es el responsable de esa muerte –la del policía-, porque él ha llamado a asaltar el palacio de Miraflores”.

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Para la próxima semana, el 3 de noviembre, la Mesa de la Unidad Democrática –una suerte de coordinadora de la oposición- ha convocado a una marcha que tendrá por destino el Palacio de Miraflores, sede del Poder Ejecutivo. Para ese entonces, la Asamblea Nacional ya habrá tramitado el juicio político del que actualmente es objeto Maduro, y cuyo resultado es previsible: lo encontrarán culpable por su responsabilidad en la actual crisis.

Hasta el momento, nada está dicho. Y diferentes actores, como Henry Ramos Allup –influyente miembro de la Mesa de la Unidad Democrática-, presidente del Poder Legislativo, ha advertido de los peligros que corre el parlamento: “Es posible que hasta el próximo 3 de noviembre tengamos que sortear muchas emboscadas. Podrían rodear la AN – Asamblea Nacional- con grupos violentos y con fuerzas represivas”.

Así las cosas.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.