La crisis política en Brasil y su impacto económico La crisis política en Brasil y su impacto económico
La crisis política en Brasil es un corolario de la crisis económica internacional que golpea a Brasil desde hace algunos años y encuentra su... La crisis política en Brasil y su impacto económico

La crisis política en Brasil es un corolario de la crisis económica internacional que golpea a Brasil desde hace algunos años y encuentra su principal punto de inflexión en el impeachment en contra de la que fuera presidenta de Brasil, Dilma Rousseff[1]. En las siguientes líneas se hará un esfuerzo por dar cuenta del contexto en el que se da el impeachment y las causas que lo permitieron para poder, finalmente, explicar cuáles son los posibles impactos económicos.

Contexto regional y mundial

Fotografía por CP DC

Fotografía por CP DC

Nos encontramos ante la llegada de un fin de ciclo en América del Sur: un ciclo de una década y media de gobiernos progresistas y post-neoliberales, que lograron fracturar –momentáneamente– la hegemonía estadounidense que desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX se establece en América Latina y el Caribe.

Estos gobiernos, aunque siempre estuvieron acosados y bajo la mira de Washington, se vieron fortalecidos por el Boom de las materias primas[2] (2003-2011). Los países de América Latina eran una excepción global que hoy ha llegado a su fin, y las causas son mucho más complejas de lo que suele sugerirse. Lo que es importante dejar claro es que dentro de esas causas existe un abanico amplísimo en donde se incluye: una crisis económica global (acompañada de la disminución de la demanda externa y por tanto la disminución de los precios de los productos de exportación de nuestros países); errores y graves contradicciones de los gobiernos progresistas (como su incapacidad de construir consensos); y una política clara orquestada desde Washington para desestabilizar desde dentro y desde afuera a dichos gobiernos.

Brasil ocupa un lugar central dentro de esta estrategia de desestabilización, no sólo por su tamaño relativo dentro del continente y el papel que puede desempeñar en la integración regional, sino porque forma parte de los BRICS[3], y es su eslabón más débil.

Los BRICS, por su parte, están hoy en dificultades económicas (en desaceleración algunos y en franca recesión otros), lo que ha provocado al interior de cada país fuertes tensiones políticas, pero en ninguno de ellos éstas han alcanzado un nivel tan grande como en Brasil: ahí la crisis económica derivó en la crisis política más fuerte que se haya registrado desde la dictadura militar instaurada en 1964.

La confluencia de las crisis económica y política posibilitó el primer paso hacia la destitución de la presidenta Dilma (mejor conocido como impeachment), con el que se concreta el principio del fin del ciclo de los gobiernos petistas en Brasil.

¿Qué es el impeachment y cómo se llegó a este punto?

El impeachment es un procedimiento que contempla la Constitución Brasileña que posibilita separar del cargo temporalmente a un funcionario público para que sea juzgado ante la existencia de un crimen de responsabilidad. Lo que llama la atención es que en el caso de Dilma ese crimen NO existe, por lo que muchos autores se oponen a hablar de impeachment y hablan directamente de golpe de Estado. A Dilma se le acusa de estar implicada en un Pedaleo Fiscal, esto es, pasar fondos de bancos públicos a las cuentas del gobierno federal: no se le acusa de robo, ni de enriquecimiento ilícito, ni de corrupción y, además, no se le ha podido comprobar involucramiento alguno. El impeachment implica una separación del cargo de presidenta durante 180 días y en caso de resultar culpable la separación definitiva del cargo y su inhabilitación por ocho años más. Aquí es importante advertir que es el mismo congreso que votó el impeachment el que decidirá si Dilma es culpable o no, es decir, todo el proceso es un juicio político, en el cual el poder judicial no interviene.

Se pudo llegar al punto de que tres quintas partes de los legisladores apoyaran un golpe blando (desconociendo la voluntad de más de 54 millones de brasileños) por una multiplicidad de factores, entre los más importantes se encuentran los siguientes: la crisis económica de Brasil que ha afectado la calidad de vida de los brasileños[4]; combinado con la desaprobación del gobierno de Dilma por parte de la mayoría, en buena medida debido a los escándalos de corrupción y a las políticas de ajuste estructural contrarias a sus propuestas de campaña[5]; el agotamiento de la política de conciliación de clases del PT, que en época de abundancia funcionó pero que recién llegó la desaceleración económica se desmoronó; la preparación mediática en contra del gobierno de Dilma; campañas de percepción de desestabilización que sobredimensionan el tamaño de la recesión[6]; y desde luego un sistema político putrefacto, en donde no sólo todos los partidos políticos se corrompen (incluido el PT) sino que pocos son los partidos que tienen una mínima coherencia política o principios ideológicos claros[7].

Fotografía por Andre Luiz Moreira

Fotografía por Andre Luiz Moreira

¿Cuáles serán los posibles impactos económicos de la crisis política?

Las consecuencias reales del llamado golpe blando dependerán de si éste se termina por consolidar o no. Si bien Michael Temer ha asumido como presidente interino, aún no se sabe si Dilma será separada definitivamente de su cargo o si logrará regresar en noviembre.

Pero independientemente de esto, los golpistas ya han mostrado a qué vinieron y están dispuestos a hacer lo imposible por modificar estructuras y marcos jurídicos, aun cuando según los juristas, un gobierno interino debe limitarse a gestionar y no tiene facultades incluso de hacer modificaciones en el gabinete. No obstante, lo primero que hizo Temer fue reducir Ministerios y cambiar a todos los ministros, dejando fuera de su gabinete a mujeres y negros. Los golpistas vinieron a dos cosas: 1) restaurar el orden neoliberal, esta vez sin los adornos de la democracia y 2) detener los juicios por corrupción iniciados por los gobiernos petistas. Nos centraremos en su primer objetivo.

El programa del presidente interino es el que publicó su partido a mediados del año pasado, denominado “Puente para el futuro”. El cual no tiene nada de novedoso: huele a los paquetes de ajuste de los años noventa y consiste en un plan de estabilización convencional, agilización de privatizaciones; recortes en el gasto público principalmente el social (por ejemplo, la suspensión de programas sociales como Mi casa, mi vida); reforma de la sanidad; abolición de los gastos constitucionalmente obligatorios en salud y educación, en particular los que provienen del PRESAL[8], en el que se establece que el 75% se destinará a salud y el 25% a educación. También se plantea la reforma de las pensiones para que las personas no puedan jubilarse en el tiempo justo[9]. La excusa para esta política de ajuste que afectará fuertemente a la población es la misma de siempre: reducir el déficit fiscal

Por otro lado pero en el mismo sentido, Temer ha dejado claro que no se establecerá ningún control de salida y mucho menos de entrada a los capitales financieros, y tampoco habrá medida alguna para reducir las ganancias de los bancos, ni para introducir una regulación a las grandes fortunas: esto, desde luego, resulta atractivo para los grandes inversionistas y especialmente para los especuladores (inversionistas de cartera). Lo anterior no sorprende a nadie: detrás de cada golpe a la democracia se restablecen las condiciones para garantizar los intereses de los grandes grupos económicos.

Fotografía por Andre Luiz Moreira

Fotografía por Andre Luiz Moreira

Un cambio importante que viene del nuevo ministro de Hacienda, es que el presidente del Banco Central tendrá que dejar de tener estatus de Ministro de Estado, coincidiendo con la política de reducción de Ministerios ya comenzada. Este cambio va directamente relacionado con otro, de especial importancia: la concesión de “autonomía técnica decisoria” al Banco Central. Esto es, la autonomía del Banco Central, que es una de las premisas del recetario neoliberal. El argumento es que la crisis que vive actualmente el país se debe a las interferencias políticas del gobierno de Dilma sobre la institución, lo cual es absolutamente falso.

Con esta autonomía, el gobierno pierde instrumentos de política económica clave  que pueden ser utilizados en situaciones de crisis y que una vez soltados no son fáciles de recuperar: como la política monetaria y la política cambiaria, que automáticamente quedará en libre flotación. Además, la autonomía también entorpece la posibilidad de una integración regional comandada desde el gobierno, no sólo si se buscara unidad monetaria sino incluso para elaborar una canasta de monedas. En síntesis, esta transformación no es fácilmente reversible, por lo que aun en el improbable caso de que Dilma lograra regresar a la presidencia, el daño ya estaría hecho.

La meta inmediata que se ha fijado Goldfajn (jefe del Banco Central) es controlar la inflación, para lo cual aumentó la ya alta tasa de interés hasta alcanzar 25.5% (muy superior al promedio mundial); tasa altísima que no sólo no hace falta ser economista para advertir que desincentivará la inversión, sino que es una política procíclica que de ninguna manera debe tomarse en épocas de crisis[10].  Pero todo sea por regresar a la ortodoxia económica y mantener los equilibrios macroeconómicos.

Fotografía por Alf Ribeiro

Fotografía por Alf Ribeiro

Los resultados de estas políticas beneficiarán a los grupos económicos dominantes a costa de la calidad de vida de las mayorías. Pero no es sólo eso, sino que también los empresarios medianos y pequeños se verán afectados, lo cual ya ha empezado a ocurrir (contracción de comercio menudista en 9%, por ejemplo). Los resultados de estas políticas económicas no sólo son injustos socialmente sino que son profundamente ineficaces económicamente. Sin embargo, al favorecer a los grandes corporativos, mantienen contentos a los mercados.

Así, en los siguientes meses –si las condiciones políticas lo permiten– continuaremos viendo aumento en los mercados de valores brasileños; recuperación del valor del Real; una disminución de la inflación; una reducción constante del riesgo país por parte de las agencias privadas de calificación; y una disminución del déficit fiscal actual a costa de la descapitalización del Estado.

El gobierno de Temer ya ha empezado a promulgar una serie de leyes (aunque no todas las que ha querido) que garantizarán el retorno de la confianza del mercado y eso, evidentemente, traerá mejoras en los indicadores macroeconómicos y económicos hechos por los mercados financieros, aunque el costo para los pobres será altísimo. De esta manera se cumplirá la máxima no explícita de los tecnócratas: la economía cuanto más concentrada y menos democratizada mejor que mejor.

 

[1] El impeachment fue votado el 17 de abril en la cámara baja y el 12 de mayo en la  cámara alta.

[2] Durante estos años los precios de los commodities, que son los principales productos de exportación de la región, se mantuvieron a la alza, lo que permitió tener balanzas comerciales superavitarias y por tanto captación de divisas.

[3] Los BRICS son el grupo de países emergentes que sostuvieron el crecimiento mundial al menos por 10 años, incluso en los años de la crisis financiera internacional; está compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica; y representan la principal amenaza mundial para Estados Unidos y sus aliados europeos en la disputa por la hegemonía mundial.

[4] El año pasado el PIB se redujo 3.8% y las estimaciones son que para este año pierda 3.5 puntos porcentuales

[5] Para finales de 2015 Dilma contaba con una aceptación apenas superior al 10%.

[6] El país está pasando por una severa recesión, sí: la economía cayendo; hay una seria desindustrialización; la tasa de desempleo ha superado los 10 puntos porcentuales (10.2%, que es mucho menor a los niveles de Francia o España); la inflación llegó a 9%, que son niveles muy inferiores a los alcanzados en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso; el déficit publico alcanzó 2.5%, y con los intereses (que por cierto son altísimos) llega al 9% (que si bien supera el límite impuesto por el FMI de 5%, es un nivel muy inferior a la mayoría de los países europeos o incluso EU); el déficit fiscal está por debajo de la media estadounidense. Esto es, sí hay crisis y es profunda pero su profundidad no encuentra relación con la dimensión del clamor ideológico que existe en los medios internacionales y sobre todo en los medios de Brasil.

[7] El 60% de los congresistas brasileños (los mismos que votaron el impeachment) tiene acusaciones de corrupción, la mayoría de ellos por el caso lava jato (corrupción en PETROBRAS). En el Congreso están representados 28 partidos, y en la mayoría de ellos no hay disciplina partidaria y por tanto cada representante vota de manera diferenciada, vendiendo su voto al mejor postor. Trascendió que antes de la votación final del impeachment se ofreció medio millón de dólares a quién votara a favor de éste.

[8] Importante reserva en aguas profundas del Atlántico que hasta ahora sólo Petrobras explotaba y cuyas utilidades estaban etiquetadas hacia el gasto social.

[9] Por ejemplo, se quiere subir la edad de jubilación, lo que significa que muchos de los trabajadores manuales y el promedio de los trabajadores del nordeste mueran antes de tener derecho a jubilarse.

[10] Esta política es justo la política contraria a la que tomó la FED en EU durante la crisis de 2008, en donde se redujo los tipos de referencia a 0%, y se mantuvo ahí hasta principios de este año.


Aline Magaña Zepeda