La Corona perdida del rey de la selva: matanza de leones en África La Corona perdida del rey de la selva: matanza de leones en África
La caza de grandes felinos es una práctica ancestral. Primero fue una lucha de sobrevivencia entre el hombre y las La Corona perdida del rey de la selva: matanza de leones en África

La caza de grandes felinos es una práctica ancestral. Primero fue una lucha de sobrevivencia entre el hombre y las “bestias”, luego evolucionaría a una práctica de prestigio social, aunque hoy es un motivo de linchamiento en internet, con un fuerte estigma.

Esta actividad, catalogada como deporte y  razón “para preservar el ecosistema” para sus practicantes,  es en realidad en la actualidad un pasatiempo de ricos y poderosos, mientras que organizaciones ecologistas y ciudadanas alzan su voz con mayor ímpetu contra el entretenimiento de matar leones.

Aunque se ha ido viralizando la defensa de estos animales y el rechazo de su cacería por puro placer,  su exterminio no cesa en África. Se ha llegado al punto que este llamado deporte ya tiene más jóvenes adeptos, dispuestos a pagar grandes sumas de dinero por disparar contra ejemplares de manadas de felinos en esas tierras.

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Durante el siglo XX fueron muchos los nombres de cazadores célebres que no sufrieron el denuesto moderno del social media, como Ernest Hemingway, quien pasó tres meses entre Kenia y Tanzania en 1933 para escribir en un diario sus aventuras. Las Nieves de Kilimanjaro y La Breve Vida Feliz de Francis Macomber son testimonio de sus safaris africanos.

El expresidente estadounidense, Theodore Roosevelt también fue otro aficionado, quien hizo un largo safari entre 1909 y 1910 por el África Oriental Británica, pasando por Uganda, el Congo y Sudán meridional. Fue cliente de la prestigiada compañía Newland and Tarlton Lts. fundada por los australianos Leslie J. Tarlton y su socio Newland en 1904. Tarlton gozó de una fuerte reputación como cazador de leones durante 19 años y cobró la vida de más de 180.

Pero en la actualidad la cacería de grandes animales ha adquirido otra dimensión. Prueba de ello son las innumerables fotografías en las redes sociales vilipendiadas de miembros de la nobleza, como el exrey Juan Carlos de España en el 2006,  quien aniquilaba elefantes en Botswana y despilfarrar 45 mil euros durante su travesía africana, mientras su país se encontraba inmerso en una de sus mayores crisis económica.

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También está el ejemplo de quien se ha ganado el mote de “la mujer más odiada del mundo”: Melissa Bachman, una joven norteamericana presentadora de televisión del programa Winchester Pasión Mortal,  quien fue captada en 2013 por Sudáfrica, posando junto a una presa leonina. Aunque argumentó que se trataba de “su trabajo ideal”, no fue del agrado de miles de defensores de animales. Sus huestes solicitaron, mediante la plataforma change.org, que le fuera prohibido el acceso a Sudáfrica. Entre los firmantes de esa inusual petición se incluyó el comediante Ricky Gervais.

Pero no bastó. Al siguiente año, otra mujer fue incluida en la lista negra de los detractores de la cacería de grandes animales y de las peticiones en líneas para que no pudiera acceder a estas prácticas en territorio africano. Ella fue  Kendall Jones, una porrista de 19 años de la Universidad Tecnológica de Texas, quien se convirtió a su corta edad en una celebridad, al revelar su peculiar pasión por los leones, cuyas imágenes pueden apreciarse en el diario Daily Mail. Recibió más de 175 mil firmas para detener su masacre.

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Lee Ermey, otro veterano actor participante de las películas de Apocalipsis Ahora y Cara de Guerra, nominado al Globo de Oro, igual fue señalado como un “asesino repugnante”, tras subir a su cuenta de Facebook fotografías junto a una leona muerta en el mismo país africano.

CNN Expansión revela cómo la cacería resulta un negocio muy lucrativo e inaccesible para un ciudadano promedio.  Tan sólo ejecutar un león en África alcanza dimensiones monetarias de hasta 46 mil dólares, además de que se debe cubrir una jornada bajo el precio de mil dólares a 50 mil, considerando otros gastos como hospedaje, alimentos, transporte, guías y taxidermistas para disecar a la presa. Si un cazador llegase a trasladarse desde México, la travesía toma 21 días, mientras que desde Europa sólo diez. Estos costos tienen una variación según el país y sus servicios. Y, por supuesto, transportar el animal de vuelta genera un gasto mucho mayor.

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Si bien en México el león no es una de sus especies primordiales, la cacería local ha ido in crescendo. En este país representa sólo el 1% de la industria turística y cada año ha aumentado en un 8.8%. De acuerdo con la Secretaria de Turismo, la cantidad de practicantes se incrementa en un 5% anualmente y los permisos otro 8%, según Semarnat.  Para acceder a esta actividad de manera legal es necesario tramitar un permiso de parte de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y si el aspirante registra un rifle se requiere un desembolso de entre 350 dólares a tres mil.

La población felina ha ido perdiendo la batalla lentamente, según revela el sitio de The Nature Conservancy. En la década de los 90 se contaban con 100 mil especies a lo largo del este y el sur de África. Ahora se estima que sólo sobreviven entre 16 mil y 25 mil ejemplares. Su situación de vida se ha vuelto cada vez más precaria. La mayoría vive en parques nacionales protegidos, reservas de caza y tierras privadas. Las más grandes amenazas para ellos representan la pérdida del hábitat natural, la poca disponibilidad de presas para alimentarse y el contacto humano. Otra organización llamada International Union for Conservation of Nation manifiesta que son asesinados 600 leones por año, lo cual demuestra que, contrario a lo que revelen sus aficionados, no resulta sustentable.


Miriam Canales