La CIA, Trump y los conspiracionistas La CIA, Trump y los conspiracionistas
El dilatado batallón de conspiracionistas encontró un nuevo argumento para apuntalar sus elucubraciones. Uno, por cierto, al que con asiduidad recurrían en la amplia... La CIA, Trump y los conspiracionistas

El dilatado batallón de conspiracionistas encontró un nuevo argumento para apuntalar sus elucubraciones. Uno, por cierto, al que con asiduidad recurrían en la amplia galería de conciliábulos que, según su opinión,  mantienen al mundo en vilo. En esta ocasión, uno de sus tópicos favoritos, el espionaje extendido y generalizado a través de dispositivos móviles, fue finalmente confirmado por Wikileaks. Un festín paranoico.

En efecto, dicha iniciativa mediática puso en aprietos, una vez más, a una de las agencias de seguridad más importantes de todo el mundo. La organización liderada por el ciberactivista Julian Assange puso al descubierto el amplio arsenal con el que la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) tuvo acceso a celulares, ordenadores y televisiones con internet, con el propósito evidente de espiar a sus usuarios.

Horizontum. La CIA, Trump y los conspiracionistas

Se trata de 8, 761 archivos, compuestos por 7, 818 páginas de internet y  943 documentos. El material  filtrado recoge datos de 2013 al 2016; información que fue consignada a través de los populares artefactos  de Apple, como los iPhone,  o las pantallas de los móviles Samsung, así como de los sistemas operativos de Google, en este caso Android, o Windows, con Microsoft.

Los archivos liberados vendrían a comprobar que la CIA emplea técnicas que les franquean el acceso al contenido de los servicios de mensajería como Whatsapp, Signal y Telegram, entre otros.

“Es el mayor arsenal de virus troyanos del mundo. Puede atacar a casi todos los sistemas. No lo protegieron, lo perdieron y trataron de ocultarlo”, explicó el propio Assange.

Según Wikileaks, la filtración de marras sería la más importante en la historia de la CIA. De acuerdo con la plataforma, dicho archivo, expusieron a través de un comunicado, “parece haber estado circulando de forma no autorizada entre antiguos hackers y proveedores del Gobierno, uno de los cuales le ha proporcionado fragmentos a Wikileaks”.

Sin embargo, a pesar de la resonancia mundial de la filtración, medios como The New York Times han atemperado el escándalo. De acuerdo con el rotativo, los archivos liberados no deben ser considerados como de “alto secreto”, mucho menos novedosos, toda vez que su existencia se sabía con anterioridad en distintos círculos especializados.

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No obstante el valor intrínseco de la revelación -grande o pequeña según  se le vea-, otro factor podría brindarle un cauce inesperado y redimensionar, a la distancia, su alcance: el conflicto que Donald Trump, el inverosímil presidente de los Estados Unidos, mantiene con las agencias de seguridad e inteligencia de su administración.

En dicha reyerta, inaugurada por las dudas institucionales de que el equipo de campaña del magnate recibió ayuda de la inteligencia rusa, una filtración como la verificada representa un apetitoso ariete político para Trump, ávido de pruebas y argumentos para atacar a quienes se han convertido en sus más efectivas amenazas. De hecho, el vocero presidencial, Sean Spicer, se adelantó a hacerlo cuando declaró que “(los sistemas de la CIA) están obsoletos y deben ser actualizados”.

Como fuera, este nuevo episodio vuelve a confirmar la impresión de que la administración de Donald Trump es un desastre. Acotado por la impopularidad galopante del presidente, y sin un mínimo control sobre las recurrentes fugas de información, el gobierno del magnate parece sumido en el caos y peligrosamente enfrentado a los servicios de inteligencia de su propio país.

Colocadas así las cosas, pocos son los beneficios evidentes de un conflicto de tal magnitud y trascendencia. Salvo, quizá, para la legión conspiranoica que, con la CIA por un lado y con Trump por el otro, tiene aseguradas suculentas y ditirámbicas narrativas. Todo un manjar.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.