La censura de la Santa Inquisición y el mercado del libro en el México Virreinal La censura de la Santa Inquisición y el mercado del libro en el México Virreinal
¿Alguna vez nos hemos preguntado cómo es que comenzaron a circular los libros y materiales impresos en nuestro país? Porque evidentemente no siempre han... La censura de la Santa Inquisición y el mercado del libro en el México Virreinal

¿Alguna vez nos hemos preguntado cómo es que comenzaron a circular los libros y materiales impresos en nuestro país? Porque evidentemente no siempre han existido las facilidades para adquirir textos como las tenemos ahora, tampoco han existido siempre cadenas comerciales que las distribuyeran en diversos puntos del país. Ni campañas de lectura dentro de nuestras fronteras geográficas. Imaginar cómo se trazaron rutas para llevar a puntos distantes ciertos ejemplares nos hace cuestionar cómo es que se sabía de la impresión de algunas obras en la época del virreinato y cómo adquirirla a través del comercio, o de contactos específicos, incluso del contrabando.

Horizontum. La censura de la Santa Inquisición y el mercado del libro en el México VirreinalEstando en este punto resulta necesario echarse un clavado en la lectura de textos como Comercio y circulación de libros en Nueva España, coeditado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (Buap), Educación y Cultura Asesoría y Promoción y el Archivo General de la Nación (AGN) quienes unieron esfuerzos para llevar hasta nuestras manos un maravilloso estudio sobre cómo fue que circularon y se vendieron cierto tipo de libros, al tiempo que se revisan los puntos donde se exhibían, quienes los adquirían, todo a partir de un par de Autos escritos por la Inquisición que vetaron que en la Nueva España (en los años 1757 y 1802) hubiera lectores de libros prohibidos, esto desde la cabeza del reino en donde ya imperaba un aparente caos de impresiones sin revisión real, además de prohibir la lectura del teólogo francés Pierre Nicole (1615-1695) uno de los principales exponentes del jansenismo (movimiento religioso de la iglesia católica, principalmente en países europeos, iniciado en el siglo XVII. Su nombre proviene del teólogo y obispo Cornelio Jansenio (1585-1638) quien se caracterizaba por una exigencia de vida virtuosa y ascética y poner la salvación en la gracia divina, dicha corriente fue declarada herética).

Un Auto es un documento emitido por la realeza que da ciertas instrucciones a implementarse. En este caso se impedía la circulación de unos libros. En estos textos emitidos en los años mencionados anteriormente se notificaba de las librerías que se encontraban en ciertas ciudades, villas y puertos importantes de aquel momento. También se da cuenta de los conventos y colegios que tenían biblioteca.

La normativa inquisitorial hispana mandó que durante los primeros 60 días de cada año todos los libreros deberían enviar un listado de las obras que tuvieran a la venta. Mientras que los tribunales locales harían visitas para evitar que comerciantes y particulares, así como instituciones albergaran obras prohibidas. Personal del Santo Oficio podía solicitar las ediciones vedadas o con faltas de corrección, sin embargo no se tiene registro de que se hayan realizado cabalmente revisiones totales de los fondos.

Esto fue como una medida extendida que se hacía desde la Península en su propio terreno y que se decretó llevarse a cabo en el resto de la monarquía. Aunque es bien sabido que el control inquisitorial no era de lo más eficaz debido a las distancias geográficas, las condiciones sociales y porque sus representantes sabían que era casi imposible.

Sin embargo se les exigía a los libreros adquirir un Índice de libros prohibidos donde a través de edictos se informaba qué títulos entraban en esa lista vedada; este índice se podría conseguir en las “iglesias públicas” a buen precio.

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Para el primer Auto de 1757 se mandaron órdenes exclusivas a Oaxaca, Campeche, Veracruz, Puebla, Guatemala, Guadalajara, Valladolid y Manila a sus comisarías, puertos y cabeceras diocesanas por encontrarse ahí la élite política, económica y religiosa de la Nueva España. Para el Auto de 1802 se solicitó recoger todos los libros jansenistas enviándose comisiones a Puebla, Valladolid, Mérida, Durango, Guadalajara, Oaxaca, Querétaro, Veracruz, Campeche, Xalapa, Guanajuato, Zacatecas, Celaya, San Miguel el Grande, San Luis Potosí, Chihuahua, Tlaxcala, Orizaba, Acapulco, Chiapa, Guatemala, San Salvador y algunos sitios de la actual Honduras, así como en  Manila para visitar librerías y bibliotecas.

Así, en los reportes emitidos como resultado de ambos autos, se puede visualizar el débil desarrollo de librerías a lo largo de la Nueva España; sin embargo ellas sirven para medir el nivel de difusión de los libros e impresos en general, al igual que el grado de lectura, la existencia de comunidades lectoras y la implementación de espacios y redes de comercialización en torno al libro. El eje central de difusión fueron Veracruz, Puebla y México por obvias razones.

En este libro encontraremos una serie de datos trascendentales, tanto para los curiosos del tema como para especialistas: un listado de conventos, colegios, y particulares con bibliotecas en la Nueva España y Manila los cuales complementan la información; la transcripción de los dos Autos mencionados, así como las cartas orden que se desprendieron de ellos.

Sin duda alguna es un libro al que todo interesado en su historia no puede faltarle en su biblioteca.


Diana López

Diana López

Comunicóloga y etnohistoriadora. Se ha desempeñado como promotora cultural independiente, RP para editoriales y eventos culturales. Fue coeditora web en la sección cultural del periódico Reforma y paleógrafa del Archivo General de la Nación. También ha sido asesora pedagógica de fomento a la lectura. Oficio que mejor la define: mochilera.