El esplendor de las ruinas: la mansión Requena El esplendor de las ruinas: la mansión Requena
Si uno se interna en el estrecho corredor que ha quedado atrapado en el tiempo, y entre las capillas que hoy albergan al Museo... El esplendor de las ruinas: la mansión Requena

La casa de mis sueños está callada y triste,
esperaba con ansia tu llamada a mi puerta;
mas volaron las horas y aún la espera subsiste,
y pasaron los años y aún se encuentra desierta.

José Luis Requena

Si uno se interna en el estrecho corredor que ha quedado atrapado en el tiempo, y entre las capillas que hoy albergan al Museo Franz Mayer y al Museo Nacional de la Estampa, encontrará en el número 43 de la Santa Veracruz, una mansión que vivió momentos de esplendor, y que hoy se halla en ruinas. Se trata de la Casa Requena, conocida en algún tiempo como “La santa”.

Como lo describe el autor Alberto Barranco: “en las vueltas de la vida, en los azares del destino, en la ruleta de la fortuna, el hilacho de piedras (…) fue, al ocaso del siglo XIX y el amanecer del XX, la mansión más lujosa de México”.  Actualmente se encuentra protegida por el INAH, bajo la categoría de monumento histórico, gracias a sus características arquitectónicas de estilo Art Noveau.

La casona de los Requena

El origen de la casa se remonta al año de 1737. Existe un contrato de compra venta que hace referencia a ella, ubicándola entre el Puente de Los gallos, hoy calle Valerio Trujano. Originalmente, la mansión era de dos pisos. El Maestro de Arquitectura y Alarife Mayor de la ciudad, Antonio Álvarez, dejó descrita como se componía la casa: “se midió el solar con una vara castellana y tuvo de frente 24 varas de oriente a poniente y de fondo, de norte a sur, 38. La fábrica se compone de dos accesorias, zaguán y patio y en él dos corredores sobre pilares de cantería, planchas de cedro, y en el patio cuatro aposentos y un pasadizo a la caballeriza, segundo patio y corral; también escalera principal de mampostería que desemboca en dos corredores en la misma conformidad que los bajos y por ellos vienen a las viviendas altas que son sala de recibir, sala de dos recámaras, dos cuartos de mozos, cocina y azotehuela común haciendo de sus piezas. Su fábrica es toda de mampostería, los techos altos y bajos de vigas de asierre y hechuras (…), el patio y zaguán empedrado”.

Un detalle de esta casa es que siempre fue inestable, propensa al derrumbe. Por ello, desde el siglo XIX diversos valuadores establecieron que era más fácil derribarla y levantarla desde los cimientos. El aviso, sin embargo, fue ignorado, pues la casa llegó a manos de monjas concepcionistas que terminaron por venderla. Aunque digna de llamar la atención, la casona había pasado desapercibida entre los habitantes de la urbe, hasta que un nuevo propietario llego para brindarle prestigio y esplendor.

La casona de los Requena

Adquirida en 1895 por José Luis Requena, abogado, político y minero, hombre poderoso durante el porfiriato, en esta mansión se celebraron banquetes y fiestas.  Ángela, esposa de José Luis Requena, encargó  el diseño de la casa a dos expertos del Art Noveau: el pintor catalán Ramón P. Cantó, y el Maestro Pomposo. Les pidió copiar diseños de muebles de revistas de decoración francesas. La sala estuvo decorada con acantos, dibujadas en los muebles, paredes y pantallas de vidrio de la lámpara principal. El comedor, se decoró con una enredadera de caoba que parecía salir de las de las paredes hasta alcanzar el techo. Las recámaras de las niñas Guadalupe y Luz fueron diseñadas para ellas: la de Guadalupe, llamada la “Recámara del pavoreal”, tenía a el ave con las alas abiertas y una corona con incrustaciones de pierdas en la cabecera de la cama. En cambio, la de Luz, la hija menor, fue diseñada con motivos del cuento de la Caperucita, y fue llamado el “cuarto de la Caperuza”.

Requena adquirió una gran fortuna a través de sus negocios mineros. Una de sus vetas, “la esperanza”, le dio a ganar mucho dinero. Multimillonario y popular, se atrevió a postularse para la vicepresidencia de la república. Éste gesto fue considerado una amenaza por el gobierno, quien finalmente, decidió enviarlo al exilio en compañía de Félix Díaz. A partir de ese momento inicia la decadencia de la familia y de la casa.

En México se quedaron a vivir los hijos de José Luis Requena. Uno de ellos, Pedro Requena Legarreta, fue poeta de vocación, interés que heredaría de su padre, que también tenía inclinaciones artísticas. El destino de este joven bardo, amigo de José Tablada y Castro Leal, fue trágico, pues murió de manera prematura sin que su nombre lograra consolidarse en las letras mexicanas.

La casona de los Requena

A la muerte de José Luis Requena en 1943, la casona sería propiedad de una de sus hijas, quien la habitaría hasta 1967. Después de eso, la casona entraría en abandono. La actriz Patricia Morán, esposa del gobernador de Chihuahua, y pariente de esta familia, lograría rescatar muchos de los muebles de la propiedad para guarecerlos en la Quinta Gameros.

La mansión no tendría la misma suerte. Cubierta por polvo y telarañas, comenzó a figurar dentro del paisaje urbano como un sitio embrujado. Fue invadida por indigentes que en ella encontraban un refugio para drogarse, lejos de las miradas indiscretas de los transeúntes. En el 2005 sirvió como refugio a decenas de familias mazahuas, damnificadas por un derrumbe cercano.

El cascarón deshilachado se volvería sin embargo parte del imaginario literario. El escritor Pável Granados la haría parte de alguna de sus historias y crónicas, en medio de caminatas solitarias. La casa sería también protagonista de la novela “Habitantes de la noche”, del escritor cubano Roger Vilar, quien la dotaría con características propias de la novela negra. En su interior se refugiaría un asesino en serie, un personaje sumamente extraño, mitad criatura, mitad indigente.

La casona de los Requena

En fin, que esta casona es fascinante por donde se le vea. La mansión ha logrado integrarse al imaginario de diferentes generaciones. Lujosa y elegante, o decadente y oscura, es un símbolo, un monumento histórico que hay que preservar de la salvaje especulación inmobiliaria. Al menos en memoria de su excelsa decoración interior, alguna vez la más exquisita del país. Si tiene interés en visitarla le recomendamos hacerlo, antes de que el tiempo termine por derrumbar esta joya arquitectónica e histórica de la Ciudad de México.

Ulises Paniagua

Ulises Paniagua

Ulises Paniagua (México, 1976). Narrador, poeta, videasta y dramaturgo. Tiene un posgrado en la especialidad de imaginarios literarios. Es autor de una novela: La ira del sapo (2016); así como de cuatro libros de cuentos: Patibulario, cuentos al final del túnel, (2011), Nadie duerme esta noche (2012), Historias de la ruina (2013), y Bitácora del eterno navegante (Abismos, 2015). Su obra incluye cuatro poemarios: Del amor y otras miserias (2009), Guardián de las horas (2012), Nocturno imperio de los proscritos (2013), y Lo tan negro que respira el Universo (2015).