La carne viva de Rosa Montero La carne viva de Rosa Montero
A comienzos de este año el periódico estadounidense El Nuevo Herald ubicó a La carne de Rosa Montero (Alfaguara, 2016) La carne viva de Rosa Montero

A comienzos de este año el periódico estadounidense El Nuevo Herald ubicó a La carne de Rosa Montero (Alfaguara, 2016) entre una de las obras en español más leídas en Estados Unidos. Desde entonces, la novela ha seguido escalando en las listas de ventas editoriales. Su autora participó con mucho éxito en una lectura programada en mayo por el Miami-Dade, como parte de las actividades sistemática que promueve la Feria Internacional del Libro que se celebra anualmente en la ciudad.

A México también ha llegado su trabajo rebozando éxitos. En una entrevista concedida en junio de este año, Juan Villoro confesó que estaba en plena lectura de La carne de Montero, a la que calificó como “una novela apasionante”. No es para menos. La fuerza de la prosa de la autora, la profundidad en la psicología de sus personajes, generan conexiones instantáneas entre el lector y su novela.

La carne viva de Rosa MonteroLa narración discurre entre las preocupaciones personales y profesionales de Soledad, una española cincuentona, promotora cultural, curadora de artes plásticas, que se acerca a la tercera edad acosada por un país en recesión económica. En la elección de un personaje protagónico femenino, solitario y en plena madurez se identifican varios sellos de la escritura de Montero, pero también su capacidad para romper los moldes de todo lo esperado.

Soledad, su protagonista, está preparando una exposición sobre escritores malditos, y sus propias maldiciones como mujer soltera y liberal le sirven como pretexto para traer a la novela las historias de quienes serán protagonistas de su exposición. Soledad es, en definitiva, otra maldita. Este recurso permite a la voz narrativa poner frente a frente al personaje con su autora. Soledad decide entrevistarse con la periodista Rosa Montero, porque está tratando de conseguir información sobre la olvidada Josefina Aznárez. El encuentro es una suerte de autorreferencialidad literaria en tercera persona, donde la autora se mira a través de su personaje, otorgando a Soledad la libertad de ser y, a la vez, la independencia suficiente para no soportar a su propia creadora (como siempre hemos sospechado que sucede con los grandes personajes y sus autores). La voz narrativa media entre ambas, en un momento de absoluta veracidad, que llega a ser sublime:

Montero sonrió y se apresuró a acercarse sorteando las mesas del gran salón.

—¡Perdona el retraso! Me lie, salí tarde, lo siento —dijo, sin aliento, mientras se quitaba el abrigo.

Por lo menos no le ha echado la culpa al tráfico, pensó Soledad.

—No te preocupes, no pasa nada. Gracias por venir.

La periodista se sentó con acelerada torpeza y en un instante lo ocupó todo: el abrigo, el bolso y la bufanda desperdigados por todas partes, el móvil, los auriculares y un montoncito de libros desparramados sobre la mesa. Su llegada fue como un maremoto. Soledad, siempre tan organizada y meticulosa, se echó hacia atrás. Se sentía invadida.

Momentos con similar carga humana, social y política abundan en la pieza. Soledad interactúa con su universo de una manera en que sospechamos que sólo una mujer madura podría hacerlo. Sin embargo, lo que más seduce de su mundo es la aparente ingenuidad a la que parece atarse. Aunque su complejidad como personaje se anuncia desde el inicio de la pieza: Soledad se viste para ir a la ópera con un escort que ha contratado. Mientras recuerda al último amante perdido, se descubre a sí misma envejecida, con un closet lleno de ropas caras que no la favorecen como antes. Aparentemente está viviendo un momento de iluminación que la podría guiar hacia su plenitud. Pero Soledad es una mujer en crisis, a quien nunca le ha interesado cumplir con los patrones del deber ser. Sufre más su envejecimiento, porque la sociedad la confina debido a las decisiones que ha tomado en la vida. Su nombre es destino, su creadora lo eligió conscientemente y nos lo hace saber en la novela.

La carne viva de Rosa Montero

Al final la autora pide a sus lectores consumados complicidad: “Querido lector, quisiera pedirte un favor. Y consiste en que guardes silencio. La tensión narrativa de esta novela se centra en el equívoco de creer que…”, creer que unos personajes son en realidad lo que no son. Y en esa tensión tan bien lograda por Montero se hallan las esperanzas de que la literatura hispanoamericana encontrará su futuro más luminoso en el reconocimiento de sus influencias, de sus clásicos, de sus malditos y sus populares, pero siempre y, por fortuna, en su lenguaje.

Dainerys Machado Vento

Dainerys Machado Vento

Nació en La Habana en 1986, es periodista, editora e investigadora literaria. Tiene una maestría en Literatura Hispanoamericana por el Colegio de San Luis, San Luis Potosí, México y actualmente cursa su Doctorado en Lengua Moderna y Literatura en la Universidad de Miami, Estados Unidos. Recibió el Premio Estatal de Periodismo San Luis Potosí 2016. Trabajos suyos son publicados regularmente en medios estadounidenses y mexicanos, y es la autora del blog letrasqueves.worpress.com, dedicado a temas de actualidad literaria y social.