La administración de Trump está de cabeza La administración de Trump está de cabeza
Donald Trump trasladó a su joven administración los rasgos más característicos de su atribulada personalidad. El primero de ellos, quizá el más relevante para... La administración de Trump está de cabeza

Donald Trump trasladó a su joven administración los rasgos más característicos de su atribulada personalidad. El primero de ellos, quizá el más relevante para las funciones de gobierno, es la incapacidad absoluta para ceñirse a un plan o estrategia preestablecida. Las secuelas de tal indolencia se han manifestado, en abono de la incertidumbre, en dos rubros vitales: la consolidación de su gobierno, y su política de comunicación.

En el primer caso, la incapacidad de Trump para hacer ocupar con relativa rapidez importantes vacantes en su gobierno, le ha impuesto a la administración que encabeza un ritmo falsamente vertiginoso. Sin funcionarios nombrados y en plena vigencia de facultades, la ejecución de las medidas recién tomadas –tumultuosas y complejas- se queda, en los hechos, sin efecto.

Por otro lado, la señalada ineficacia para articular una política comunicacional que norme los criterios y declaraciones de los miembros del gabinete norteamericano, abona a la percepción de que el gobierno estadounidense se vuelca, sin escalas, al más estrepitoso fracaso. Sin embargo, más allá de la percepción y de todo lo superficial que ésta tienda a ser, existen elementos tangibles y conocidos para prefigurar las nulas oportunidades de homogeneidad, ni siquiera discursiva, en el primer círculo presidencial.

La administración de Trump está de cabeza

No podría ser de otra manera. El grupo de colaboradores que escogió Trump para constituir su gobierno es, entre muchas cosas, un catálogo de personalidades, ubicadas en su mayoría a la derecha, con irreconciliables posturas sobre tópicos diversos. Por ejemplo, desde un espectro ajeno al radicalismo político o a la estridencia mediática, John Kelly, un mesurado y experimentado general, se hace cargo de la cartera de Seguridad Nacional; contrastantemente, Steve Bannon, nativista y xenófobo, creador del portal de noticias ultraderechista Breitbart, habla al oído del presidente Trump.

Tal contraste tuvo un escaparate elocuente a propósito del encuentro entre Rex Tillerson -secretario de Estado- y el propio Kelly, con funcionarios del gobierno mexicano el pasado 23 de febrero.

En efecto, Donald Trump declaró desde la Casa Blanca, en la víspera de que se celebrara la reunión de alto nivel con el gobierno mexicano,  lo siguiente: “por primera vez estamos expulsando pandilleros, traficantes de drogas. Estamos echando a esos tipos, a un ritmo nunca antes visto. Y es una operación militar”. Tal exabrupto, como muchos otros, apelaba a su bien conocida postura antiinmigrante, plagada de amenazas latentes y propiamente persecutoras.

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Sin embargo, lo dicho por Kelly en México, tras finalizar su reunión con Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Videgaray, secretario de Gobernación y de Relaciones Exteriores, respectivamente, es diametralmente distinto a lo referido por su jefe inmediato, Donald Trump. Pero no sólo eso, su alocución rompe por completo con el violento tono adoptado por la Casa Blanca en todo lo referente a su política migratoria, en particular, a su insistencia de llevar a cabo “deportaciones masivas” e involucrar al ejército en dicha labor.

Así lo dijo Kelly:

No habrá, repito, no habrá deportaciones masivas. Todo lo que haremos en mi secretaría va a ser legal y de acuerdo con los derechos humanos y el sistema  jurídico de los Estados Unidos. Todas las deportaciones se harán de acuerdo    con nuestro sistema jurídico. No se   van a utilizar fuerzas militares en operaciones    migratorias. Estados Unidos está convencido de trabajar con México      y todos nuestros socios de la región para abordar los temas subyacentes que generan esta migración ilícita desde América Central. Es un privilegio para mí     trabajar mano a mano con mis hermanos y hermanas mexicanas en este particular”.

La dislocación comunicativa en el gabinete de Donald Trump puede traer graves consecuencias para su administración, entre las que se cuenta su anticipada desautorización, ante gobiernos extranjeros o actores institucionales en Estados Unidos, como interlocutores confiables y predecibles.

Donald Trump diseñó, alrededor de sí, un equipo de gobierno con contrastantes ideas y posiciones heterogéneas, quizá con la convicción de que su mirada procurara la conciliación de sus posturas, y así lograr el máximo control sobre las decisiones resultantes. No obstante, su carácter vitriólico y su incapacidad manifiesta para el ejercicio de gobierno, sobre todo en lo que toca a la creación de respuestas institucionales sólidas, envuelven en la incertidumbre el destino de su administración y la firmeza de sus decisiones.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.