Iturbide, ¿”el héroe olvidado” por México? Iturbide, ¿”el héroe olvidado” por México?
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El doctor Arno Burkholder de la Rosa nos ayuda a comprender el proceso de Consumación de la Independencia Iturbide, ¿”el héroe olvidado” por México?

El doctor Arno Burkholder de la Rosa nos ayuda a comprender el proceso de Consumación de la Independencia, del que Iturbide es hombre central como mediador y, finalmente, como primer emperador de México

A partir de las celebraciones por el Bicentenario de la Independencia de México, la figura de Agustín de Iturbide se ha reivindicado hasta posicionarse como un militar imbatible y el tipo de héroe que México debe rescatar del olvido.

“En 2010 vimos a la enorme multitud que salió a ver a los restos de los héroes de la Independencia, cuando los llevaron al Palacio Nacional a una gran exposición, y, al mismo tiempo, un intento por recobrar la figura de Iturbide”, rememora el doctor Arno Burkholder de la Rosa, director del centro de historia de la Casa Lamm, para quien ese esfuerzo se mantendrá incluso hasta que en el 2021 se cumpla el Bicentenario de la Consumación de la Independencia.

No hay que olvidar, dice, que “la historia siempre se construye desde el presente, (porque) vemos al pasado de acuerdo con los problemas que tenemos hoy. En ese sentido, si recordamos 2010, fue un año tremendamente caótico para este país, especialmente por la sangría espantosa que se vivió —y se sigue viviendo a la fecha— por el crimen organizado y por las decisiones tomadas por el presidente (Felipe) Calderón. Ello ocasionó que aquel año fuera tremendamente conflictivo para recordar la historia: por un lado, las fiestas del bicentenario fueron muy atacadas y, por otro, esta nueva versión sobre Iturbide forma parte de un movimiento —que viene de la década de los ochenta—, que cuestiona la forma en que nos han enseñado la Historia de México. Ese movimiento dice que hay figuras de la historia que deberíamos repensar o que inclusive deberíamos notar que no fueron los villanos que nos contaron”.

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Entre ellos, los tres clásicos: Agustín de Iturbide, Maximiliano de Habsburgo y Porfirio Díaz. “Lo primero que hay que tomar en cuenta es que, en realidad, siempre fueron personajes de muchísimos matices que necesitamos conocer y comprender, pero que no podemos exaltar simplemente porque antes nos los presentaron como los malos y ahora debemos creer que fueron totalmente buenos”, refiere.

Sobre la participación de Iturbide en el proceso de Consumación de la Independencia, relata: “Para 1820 y 1821, Iturbide era el hombre más famoso de la Nueva España. Por una parte, Hidalgo y Morelos estaban muertos y Guerrero y Victoria son caudillos regionales y a duras penas sostenían su lucha, mientras que, en un instante de vacío político, Iturbide es visto como el hombre del momento, el que puede, al fin, pacificar este país, el que puede concluir una guerra que ha destruido las grandes glorias del Virreinato, el hombre que puede volver a echar a andar a esta patria, ya como nación independiente”.

Para ello hay una explicación: “Iturbide viene de una herencia cultural criolla que, entre otras cosas, tenía una excelente opinión sobre sí misma y los criollos de finales del siglo XVIII estaban convencidos de ser lo suficientemente cultos, sagaces y capaces de gobernar este territorio y más. Había dinero con toda la plata del Bajío, había educación…, vamos: ¡hasta la Virgen de Guadalupe se apareció aquí!”, exclama irónico el historiador. Y bajo esa lógica, “Iturbide era el hombre del ahora”, reitera. “Era el único con boato, esplendor, fama y poder y al que todo mundo le ha dicho que es maravilloso, que él nos iba a liberar del león hispano. Y además es el único que quedaba”.

Nacido un 27 de septiembre de 183 en Valladolid, hoy Morelia, y fusilado un 21 de julio de 1824 en Padilla, Tamaulipas, la figura de Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu, revive en nuestros días a través de una narrativa que lo identifica como prócer de la Patria, ideólogo y consumador de la independencia, fundador del país y emperador traicionado. “Se trata de un criollo prototípico, de esos hombres nacidos en México con un profundo recuerdo de su pasado español, profundamente católico como todos, que estaba convencido de que podía construirse una nueva nación con base en los elementos antiguos y que la opción era crear una monarquía, pero el problema es que el México de 1821 era muy distinto al de 1808”, acota.

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Para 1812 existe un pequeño grupo hispano-criollo que cuenta con todos los recursos, por lo que quiere mantener el status quo, tal y como lo ha conocido, “pero ya no podía ser así, porque habían pasado muchas cosas en el mundo, principalmente, la Revolución Francesa y la Independencia de Estados Unidos de América, entonces las cosas no podía seguir igual”. En 1820 ese grupo de ideología monárquica opta por independizar a la Nueva España. Es así como el movimiento iturbidista contó con el apoyo “de un sector de la oligarquía novohispana y de la Iglesia Católica, especialmente Matías de Monteagudo (un inquisidor honorario) canónigo de la Catedral y Miguel Bataller, un funcionario muy importante del reinato”. Todos ellos se oponían a la Constitución de Cádiz “que, entre otras cosas, propone regular la cantidad de tierra en manos de la Iglesia Católica; además convoca a los reyes a tomar un juramento y promulga que la nación es un soberano del imperio español, por lo que debe haber elecciones, principalmente, para elegir diputados a las cortes españolas”, señala.

El historiador del Instituto Mora comenta que “nos cuesta muchísimo trabajo recordar que fuimos una monarquía. Y (también) nos cuesta mucho ser conscientes de que el proyecto monárquico duró décadas, de principio a final del siglo XIX. Fue un período muy largo pero que, como realidad, duró cerca de cuatro años, si juntamos el tiempo de Maximiliano e Iturbide, y no funcionó”.

El problema de la era de Iturbide, indica Burkholder de la Rosa, “es que este país no sabe cómo gobernarse. Por eso este país se la pasa ensayando entre la monarquía, la república, la dictadura, el régimen federalista…, fue una generación que gobernó hasta 1854, 1857 y que, entre otras cosas, vivieron el enorme desastre con la guerra contra Estados Unidos. Si hubiera habido una dictadura, habría sido muy malo, pero al menos se hubiera tenido orden y lo que menos se tuvo fue orden, sino una tremenda anarquía, producto de una élite política peleada consigo misma y que no encontró un proyecto político que le funcionara”.
“El problema es que creyeron que podían establecer una monarquía en un lugar tan curioso, donde sí tuvimos un sistema monárquico, pero jamás tuvimos un rey y donde el virrey era más bien un funcionario, no alguien que, por linaje, gobernara. Entonces este país, recién fundado, no tiene idea cómo gobernarse, porque no conoce ningún sistema político, sólo las leyes de indias y todo lo que ya no puede aplicar”, explica.

Iturbide como gobernante tiene dos momentos, como Presidente de la Regencia, de 1821 a principios del año siguiente, “donde puede hacer lo que se le antoje” y como emperador Iturbide I, “donde es sometido de inmediato por el Congreso a rendir cuentas y donde nadie lo apoya. Allí es donde viene su caída”.

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Para Burkholder no hay duda de que Iturbide buscó ser emperador. “Además quiere ser al mismo tiempo jefe del ejecutivo. Y quiere un Congreso por estamento; es decir, por representantes de la sociedad, en vez de diputados por votación; pero carece de dinero y cuenta con el apoyo del ejército muy a medias. Inmediatamente las provincias del imperio no le hacen caso y además terminan levantándose en armas contra él, entonces se encuentra ante un monstruo que no puede controlar. Un verdadero caos”.

Sobre lo que se dice que somos el único país que fusiló a su fundador, el historiador comenta que “hay que extender esa cita: ocurre que somos un país que fue muy ingrato con sus fundadores, con sus padres de la Patria. Cuando pensamos en la Independencia nos quedamos siempre en el inicio; de hecho nuestra fiesta canónica está basada sólo en eso: Hidalgo tocando la campana para comenzar con el movimiento. Los vericuetos de esa historia nos han llevado a que se prefiera dejar toda la etapa final de lado y eso tiene que ver con lo que pasó después, ni modo, hay que decirlo: nuestros padres fundadores fueron muy malos padres.

“A la hora en la que habían logrado su meta esencial y tuvieron que ponerse a gobernar este país, la verdad, fueron muy malos, no funcionaron porque era tremendamente complicado. Ahora bien, nuestros dos grandes consumadores: Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide les tocó que los fusilaran y a los dos la Historia los recobró tiempo después y de maneras muy diferentes. Eso tiene que ver con la manera, muy compleja, que tenemos al relacionarnos con nuestra propia historia como país, de ahí viene el origen de todo esto”, concluye.

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Nahum Torres

Nahum Torres

(Ciudad de México, 1977) ha colaborado en medios impresos y electrónicos con textos sobre cine, arte contemporáneo, literatura y música. Actualmente es editor en el sello Librosampleados.