Isabel: un nombre para dos reinas. A pesar de la misoginia que las rodeaba pusieron los cimientos de los dos imperios más grandes de la historia. Isabel: un nombre para dos reinas. A pesar de la misoginia que las rodeaba pusieron los cimientos de los dos imperios más grandes de la historia.
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El gran instinto político de Isabel I de Castilla y su valerosa ambición, harán que confíe en Cristóbal Colón y financiará al navegante Isabel: un nombre para dos reinas. A pesar de la misoginia que las rodeaba pusieron los cimientos de los dos imperios más grandes de la historia.

El gran instinto político de Isabel I de Castilla y su valerosa ambición hicieron que confiara en Cristóbal Colón. Por eso financió al gran navegante y a su tripulación para acometer el incierto viaje trasatlántico con el que iniciaría el Imperio Español

A lo largo de la historia, las mujeres han tenido que luchar por ejercer su papel en el mundo. La sociedad occidental, que ahora nos parece tan civilizada, jamás se lo ha puesto fácil al poder femenino. Los grandes pasos que al fin hemos dado se los debemos a pioneras que enterraron su aliento en el empeño de hacerse escuchar, en la consigna de no someter su voluntad al dictado de dogmas y directrices en una sociedad dominada por hombres que trataron de reprimir su pensamiento, sus creaciones, su espíritu, su talento y también, ¿por qué no?, su ambición.

Isabel: un nombre para dos reinas. A pesar de la misoginia que las rodeaba pusieron los cimientos de los dos imperios más grandes de la historia.Mucho se ha discutido sobre la causa primigenia de este modelo de sociedad tan patriarcal. Las tres religiones monoteístas seguro tuvieron que ver en esta jerarquía de géneros que durante generaciones arrinconó a las mujeres al terreno doméstico, no en vano los principales profetas son masculinos. El cristianismo primitivo, tergiversando el mensaje de Jesús de Nazaret, condenó a muerte a Hypatia de Alejandría en el siglo V de Nuestra Era por extraer conclusiones acerca de determinados conceptos astronómicos y filosóficos.

Juana de Arco, Madame Curie, Clara Campoamor, Sor Juana Inés de la Cruz, Victoria Kent, son sólo algunos ejemplos de mujeres que a riesgo de morir quemadas o presas, no vacilaron a la hora de conquistar su libertad.

Sin pretender juzgar su reinado con exhaustivo recelo, hoy nos centraremos en dos figuras femeninas cuyo poder político, religioso y cultural dirigió el rumbo de Europa durante la Edad Media y el inicio del Renacimiento.

Isabel: un nombre para dos reinas.

Isabel I de Castilla (1451-1504)

Isabel I de Castilla (1451-1504)

Isabel I de Castilla (1451-1504)

El pequeño pueblo abulense de Madrigal de las Altas Torres vio nacer, el 22 de abril de 1451 a la infanta Isabel de Castilla, una niña que no estaba destinada a reinar, hija de Juan II de Castilla y de Isabel de Portugal. Juan II ya contaba con un hijo varón que en el momento de nacer Isabel tenía veinte años de edad: Enrique IV, el impotente. No siendo previsible la ascensión al trono de Isabel, tampoco la de su hermano pequeño Alfonso, se recluyó a los dos niños junto a su madre en el castillo de Arévalo y la infancia de ambos no gozó de excesivas comodidades aunque Isabel fue educada como le correspondía a una princesa de su época, acompañada de un grupo de damas muy selecto y de tutores elegidos por su padre que tendrían posteriormente una considerable influencia en su vida y en su reinado. Recibió una esmerada instrucción humanística que cuidaba aspectos como la gramática, la retórica, la pintura, la historia, y la filosofía. Isabel la Católica o Isabel I de Castilla, como prefieran, fue una mujer culta, con una fe inquebrantable y una inteligencia siempre dispuesta a las estrategias políticas que terminaron por alzarla al trono con el que siempre soñó.

Su mandato y su persona cuentan con numerosos detractores y también con adeptos rigurosos que ven en su vida y obra un ejemplo de rectitud moral y poderosa determinación, alabando su idea de España como unidad territorial que ha prevalecido hasta nuestros días. Si bien no es mi intención juzgar la historia, es innegable que esta mujer supo imponer sus derechos y destacó como dirigente política y cultural en un mundo, el medieval, dispuesto por hombres. ¿Qué la hizo tan fuerte y poderosa?

Su primera muestra de determinación férrea y de impresionante carácter la encontramos en su oposición radical a aceptar los matrimonios que los hombres de su familia le fueron proponiendo. Se enfrenta a su hermanastro Enrique IV a pesar de la condición impuesta en el Tratado de los Toros de Guisando, según la cual, su futuro esposo debería contar con el beneplácito de su hermano; sin embargo, Isabel rechaza a Carlos, príncipe de Viana y a Alfonso V de Portugal. Sagaz e inteligente, alega una desmesurada diferencia de edad, pero detrás de esta razón duerme el recelo a que finalmente su sobrina Juana la Beltraneja, por cuestiones de parentesco y matrimonio, pudiera arrebatarle el trono o el poder en el Atlántico. Le proponen entonces una nueva alianza, cuando Isabel cuenta con 16 años, con Pedro Girón de 43. El candidato muere al ir a su encuentro en extrañas circunstancias, se ha llegado a decir que Isabel rezó tanto en contra de esta unión que el candidato murió en el camino. El Duque de Guyena, hermano de Luis XI de Francia tampoco logra hacerse con su mano y su voluntad. Es la propia Isabel quien elige y acepta a Fernando, hijo de Juan II de Aragón, hombre en quien ya se había pensado como esposo para ella desde el principio, por ver en él un aspirante perfecto. No por amor, que también, aunque probablemente este amor surgió después. Fernando de Aragón le otorgaría a Isabel la estabilidad definitiva que suponía un amplio poder en toda la península, la posibilidad de terminar el proceso de  Reconquista que había empezado siglos atrás y futuros planes de expansión que, dinásticamente, durarán siglos, amén de la unión de los dos reinos más importantes de la Hispania medieval.

Isabel I de Castilla (1451-1504)

Ninguna reina se casaba por amor, esto era impensable hasta hace pocos años. Isabel I de Castilla fue una gran estratega que supo coordinar un matrimonio que contaba con una oposición férrea y muchos intereses en contra. Su condición de primos consanguíneos obstaculizaba la alianza eclesiástica y por primera vez en su vida, la reina antepone su sentido de Estado y su ambición a su fe. Ella y Fernando logran casarse a escondidas el 19 de octubre de 1469 en el Palacio de los Viveros de Valladolid. Para ello, Fernando de Aragón tiene que atravesar Castilla disfrazado de mozo de mulas. Y logran falsificar una bula de Pío II que provisionalmente les convierte en esposos ante la Iglesia. Hasta los papas tenían miedo de conceder este permiso a los contrayentes por la alianza política que suponía y los riesgos que entrañaría procurando a Roma nuevos enemigos. Finalmente será Sixto IV quien les conceda la definitiva Bula de Simancas y el problema quede resuelto ante la cristiandad. Años después, en 1496, el papa Alejandro VI les otorgará otra bula: “Si convenit”, en agradecimiento a su labor en favor del catolicismo, este documento les reconoce como Reyes Católicos bajo la histórica divisa “Tanto monta”. El famoso lema de los consortes que se incluirá en su heráldica —sugerido al Rey Fernando seguramente por el gramático Antonio de Nebrija— hace alusión al símbolo del nudo gordiano de su escudo, “tanto da desatarlo como cortarlo”. Así pasarán a la historia aunque el lema se popularice como: “Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”.

Isabel siempre fue una amante esposa para el rey. Tuvieron cinco hijos que educaron con severidad y esmero y con conciencia de entrega dada su condición de herederos a la corona. Sin embargo, como madre le esperaba un largo camino de pérdidas y sufrimiento. Vio morir a su hija Isabel, esposa de Manuel I de Portugal, el afortunado, en el parto de su nieto Miguel, que era la esperanza de Isabel en sus fines dinásticos y que también perecerá pronto. Su segundo hijo, Juan, dejará viuda y sin descendencia a Margarita de Austria. Juana la loca, heredará su trono con arrojo y valor, pero también con la insania que ya había padecido su madre cuando Isabel era niña en Arévalo. Su cuarta hija, María, se casará con el entonces viudo rey Manuel I y dará a luz diez hijos, entre ellos a la emperatriz Isabel, esposa de Carlos V, continuador del Imperio. Su última hija, Catalina, se casa con Arturo de Gales e Isabel se preocupa por su futuro incierto en tierras inglesas.

Tuvo que enfrentarse a multitud de dificultades, como el motín que protagonizaron los campesinos en el Alcázar de Segovia, queriendo destituir al alcaide por cuestiones raciales. En ese momento su hija Isabel permanecía junto a su amiga Beatriz de Bobadilla en la fortaleza. La reina no dudó en regresar a Segovia, abrir de par en par las puertas del alcázar, escuchar a los amotinados y calmarlos, sólo así logró su respeto y la paz.

Junto al Rey Fernando logró la expansión de su reino que culminó con el logro de la toma de Granada, ocupada hasta entonces por el califa Boabdil el chico. Esta victoria le pertenece a Isabel, pues estando sus tropas desfallecidas y a punto de rendirse, la reina acudió a visitarlos e infundirles la fuerza necesaria para rematar la contienda. Crea además hospitales de campaña para atender a los enfermos. Finalmente, el largo proceso de la Reconquista recupera para la cristiandad el último bastión peninsular en manos musulmanas. Por ello, será en Granada donde reposen sus restos para la eternidad.

Isabel I de Castilla (1451-1504)Su gran instinto político y su valerosa ambición, harán que confíe en Cristóbal Colón y financiará al navegante y a su tripulación el dinero necesario para acometer esta empresa que contaba con la oposición de la Corte y los científicos de la época. Finalmente, Isabel I vio su apuesta recompensada. Junto a su esposo estableció leyes que limitasen el comercio de esclavos, negándose a retener por la fuerza a los indígenas traídos de América. La Reina Isabel se indignó con Colón por este hecho y ordenó su pronta liberación y restitución territorial. También creó la Santa Hermandad para evitar el pillaje y atrapar a los bandidos, logrando unas condiciones de comercio e intercambio mucho más seguras entre España y el Nuevo Mundo.

Con el fin de mantener la ortodoxia católica en la península mandó expulsar de España a judíos y musulmanes. Y creó junto al Cardenal Cisneros la terrible Santa Inquisición, asegurando así un reino fiel a su fe. Muere en Medina del Campo de un cáncer de útero, preocupada por el futuro de su dinastía, los Trastámara. Sus restos reposan junto a los de su esposo y otros familiares en la Capilla Real de la Catedral de Granada. La historia, durante siglos, ensalzó siempre la figura del rey Fernando de Aragón, eclipsando la figura de la reina Isabel. Siendo ambos importantes en la historia de España, el valor de la reina de Castilla ha sido objeto de numerosos estudios históricos por su esfuerzo, su entrega y su valor, por su coraje ante la adversidad, su visión de Estado y de futuro, su lucha en una sociedad dominada por hombres que jamás hicieron fácil su camino desde el mismo instante en el que la separaron por la fuerza de los brazos de su madre.

Elizabeth I de Inglaterra (1533-1603)

El 7 de septiembre de 1533 nace en Greenwich Elizabeth, una niña que, como Isabel I de Castilla, no estaba destinada a reinar. Hija de Ana Bolena y Enrique VIII, esta mujer pelirroja de vida longeva y temperamento firme pasará a la historia como la Reina Virgen, Gloriana o la Buena Reina Bess y se convertirá en paradigma del poder femenino en la historia universal.

Elizabeth I de Inglaterra (1533-1603)Cuando tenía tan sólo tres años su madre fue decapitada acusada de adulterio. Este hecho tuvo por fuerza que empujarla a una infancia desgraciada y carente de afectos.

Su hermanastra Mary (futura María I, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón) y la pequeña Elizabeth, quedaron al cuidado de dos doncellas de confianza de la corte y fueron despojadas de sus derechos sucesorios al ser consideradas hijas ilegítimas.

Afortunadamente, la última esposa de Enrique VIII, Catherine Parr, bondadosa y piadosa, se compadeció de las niñas e hizo de mediadora para que la relación con su anciano padre se reanudase.

Enrique VIII ya contaba con un sucesor varón, el futuro rey Eduardo VI, hijo de Juana Seymour; aun así, abolió el decreto de bastardía y añadió sus nombres a la lista sucesoria. Catherine Parr será como una madre para Mary y Elizabeth, a quien iniciará definitivamente en el protestantismo. Tras la muerte de Enrique VIII, Catherine Parr decide unirse a Thomas Seymour, hermano de la difunta reina Juana, de quien llevaba años enamorada. Seymour era un seductor ambicioso cuyo oscuro secreto era su objetivo firme de alcanzar el trono de Inglaterra. Vio en Elizabeth posibilidades y la sedujo en plena adolescencia, seguro de que llegaría a reinar, pues la joven gozaba de excelente salud y juicio frente a unos hermanos enfermizos que no tardarían en abandonar el trono. El idilio fue descubierto y el tramposo Seymour fue condenado al patíbulo. Elizabeth, con una templanza regia impresionante para sus 15 años, se mantuvo fría ante las circunstancias y salió indemne del escándalo. Tan sólo pronunció la célebre sentencia que define su carácter riguroso: “Ha muerto un hombre con mucho ingenio y muy poco juicio”.

Elizabeth I de Inglaterra (1533-1603)

Este capítulo de su vida marcó su relación con los hombres y su concepto del amor y el matrimonio, pues rechazó múltiples ofertas, aun suponiendo estas alianzas favorables apoyos para su estabilidad al frente del trono de Inglaterra. Jamás se casó e hizo de su cuestionada virginidad una virtud.

Elizabeth I de Inglaterra (1533-1603)Educada con exquisitez por Catherine Parr, hablaba con fluidez varios idiomas y poseía una refinada cultura humanística, fruto de la cual apoyó en su reinado a artistas y escritores que pasarán a la historia como iconos de la literatura y el arte de una Inglaterra que nacía al Renacimiento, tal es el caso de William Shakespeare y Christopher Marlowe. Durante su reinado la economía británica creció notablemente, por su proteccionismo y el apoyo conferido a la industria naval. Tan sólo este auge se verá deteriorado por el enorme gasto al que el país se vio sometido en sus guerras con España hasta derrotar a la Armada Invencible. Supo aunar con afecto el cariño de protestantes y católicos manteniendo una postura moderada entre ambos, pero siempre presidida por el espíritu anglicano. Culturalmente la Era Isabelina fue una etapa pródiga en esplendor.

Elizabeth I vivió encarcelada en dos ocasiones y tuvo que mantener su carácter frío e intransigente a salvo de conspiraciones y conjuras que intentaron arrebatarle su poder.

Elizabeth I de Inglaterra (1533-1603)

Tumba de Elizabeth I de Inglaterra.

 

Una mujer que reinó en solitario en una sociedad patriarcal y que, contra todo pronóstico, ganó el fervor de sus súbditos en una de las etapas más oscuras de la historia. Tal vez su soledad y la obligación de asumir con resignación la pérdida de sus seres queridos le otorgaron la fortaleza necesaria para conducir a su país a la construcción de un imperio.

Marta Muñiz Rueda

Marta Muñiz Rueda

Nace en Gijón, Asturias, en 1970. Licenciada en Filología Hispánica y titulada en Música. Ganadora del Premio de Poesía Esencia de Mujer (Astorga, 2015), del II Certamen de Poesía Lord Byron (Avilés, 2016), Primer Premio del VI Certamen de Relatos Río Órbigo, (León, 2016). Ha publicado el libro de poemas “El otoño es nuestro” (Tres voces, tres mundos II, Ed. Csed-Poesía, 2015), la colección de relatos “13 cuentos dementes para mentes insomnes y un relato para supersticiosos” (Ed. Piediciones, 2016) y la novela “Tiempo de cerezas”, (Ed. Camelot, 2017). Colabora asiduamente en eventos literarios y ha participado en numerosas publicaciones colectivas, tanto en revistas (La Curuja, FAKE-España, Espacio Luke) como en antologías o misceláneas (“Poemas por vidas”, “15 autores, 24 horas”, “Sagrado Invierno”). El próximo día 1 de julio de 2017 participará en el VIII ENCUENTRO POÉTICO de San Miguel de Escalada.