Huracanes y desastres desde el punto de vista multidisciplinario Huracanes y desastres desde el punto de vista multidisciplinario
Se ha tenido la idea de que los huracanes son más destructivos por las dimensiones de sus peligros asociados (vientos, lluvias-inundaciones-deslizamientos, marea de tormenta... Huracanes y desastres desde el punto de vista multidisciplinario

Se ha tenido la idea de que los huracanes son más destructivos por las dimensiones de sus peligros asociados (vientos, lluvias-inundaciones-deslizamientos, marea de tormenta y tornados) y recientemente, con los avances de las ciencias, sobre todo sociales, se ha constatado que no es la fuerza del fenómeno lo que define su peligrosidad y la dimensión de sus impactos desastrosos, sino el cómo la sociedades y sus gobiernos están preparados para enfrentarlos.

El conocimiento de esos fenómenos, desde muchas disciplinas científicas, es importante porque así se puede entender mejor la manera en como la sociedad debe relacionarse con ellos.  No son sólo fenómenos naturales amenazantes, sino que afectan a la humanidad de diferentes maneras, unas positivas, cuando las lluvias asociadas sirven para los cultivos o para renovar la disponibilidad de agua en las presas, y otras negativas, destructoras, que nos obligan a considerarlos como amenazas para la vida y los recursos de las personas.

Huracanes y desastres desde el punto de vista multidisciplinario

Se puede conocer su probable trayectoria con varios días de anticipación y los lugares que sufrirán afectaciones por sus peligros asociados. Se puede calcular el alcance del oleaje para anticiparse a la inundación y destrucción de las zonas costeras y sus construcciones. Las disciplinas científicas facilitan entonces el conocimiento anticipado, las características de su impacto y las formas posibles de enfrentamiento. Pero es importante señalar que en la sociedad, son los gobernantes los responsables de la prevención de desastres y quienes deciden las acciones a tomar incluso aquellas relacionadas con el propósito de acceder a un mejor desarrollo para reducir las vulnerabilidades humanas. Si se encuentran fallas cuyos resultados son los desastres, la sociedad debe corregirlo utilizando sus recursos coercitivos contra las omisiones o la falta de cumplimiento de sus responsables.

El pasado mes de agosto, tan solo los “remanentes” de la tormenta tropical Earl, ocasionaron en México más de 50 muertes, de las que el 80% fueron en un área indígena de gran pobreza en Puebla.

Huracanes y desastres desde el punto de vista multidisciplinario

A principios de octubre, el huracán Matthew, nos ha dejado otra lección en el mismo sentido por su paso por tres contextos sociales comparables: Haití, Cuba y EEUU. En Haití el dato oficial de muertes por al paso de este huracán ascendió a más de 545 personas, en Cuba no se registró ninguno, mientras que en Estados Unidos se contabilizan más de 43 fallecimientos. Los diferentes contextos nacionales reflejan no solo un estado de desarrollo socioeconómico, también proyectan su estado de preparación para reducir los efectos desastrosos de los huracanes. Ello corrobora que el efecto determinante de la destrucción de un fenómeno como el que comentamos, no depende más de su fuerza intrínseca sino en las condiciones de las sociedades que los enfrentan.

En México, en 2013 el huracán Manuel incursionó en el territorio como “tormenta tropical”, y sin embargo dejó una estela de destrucción memorable, principalmente en el estado de Guerrero, con 123 muertes. En 2015, el huracán Patricia, que alcanzó el máximo nivel de fuerza en la escala Saffir-Simpson, ingresó al territorio nacional, afectando las costas del estado de Jalisco, y sus efectos destructivos, solo dejaron dos lamentables muertes directas y 4 indirectas. Tanto los medios de comunicación como las organizaciones de respuesta del Gobierno dieron tal espectacularidad a la llegada del huracán, que desbordó las expectativas de sus efectos adversos reales. Dos elementos contribuyeron, como una suma de desaciertos, en los cálculos de impacto. El primero fue la omisión al factor de decaimiento de la energía del huracán al tocar tierra, y el segundo, la falta de comprensión de la escala Saffir-Simpson.

Huracanes y desastres desde el punto de vista multidisciplinario

Una lección a aprender de ese suceso es que la escala de medición de fuerza de un huracán registra la máxima velocidad de viento solo en un sector de la pared del ojo del mismo. Esto quiere decir que ese dato de velocidad de vientos corresponde a solo una parte del huracán y no a todo el sistema, como erróneamente se ha difundido públicamente. Por todo ello, es importante destacar que entender las amenazas a la sociedad desde todas las ópticas de la ciencia que le atañen, resulta ser más conveniente y efectivo para reducir los efectos adversos y garantizar su seguridad.


Jesús Manuel Macías M.

Jesús Manuel Macías M.

CIESAS-CDMX macsrr@att.net.mx