Hijos de la noche Hijos de la noche
PENNY DREADFUL era una publicación sensacionalista que se vendía en las calles de Londres a mediados del siglo XIX, barata (el nombre significaría algo... Hijos de la noche

“El destino tenía demasiado poder y sus leyes inmutables habían decretado mi destrucción. Fue terrible y total”.

Primer capítulo de “Frankestein” de Mary Shelley

PENNY DREADFUL era una publicación sensacionalista que se vendía en las calles de Londres a mediados del siglo XIX, barata (el nombre significaría algo así como “lo terrible por un penique”), popular y sangrienta.

De ahí el nombre de esta serie que por bastante tiempo me negué a ver. Tenía el prejuicio de que una ficción que reuniera a Drácula, Frankestein, Dorian Grey y el Hombre Lobo no podía ser seria. Y agradezco haber superado mis prevenciones.

Esta coproducción británico-estadounidense es inclasificable. Dista de ser una serie de género; su tema no es el terror, sino una etapa de la imaginación humana condensada en una historia: el Romanticismo. Para la mirada atenta, detrás de sus clásicos personajes “revisitados” de manera muy original. aparecen todos los motivos románticos: el hombre creador de algo nuevo, la valoración de lo diferente (incluso extraño y sobrenatural), el dominio de las criaturas nocturnas,  los paraísos artificiales y los infiernos interiores.

Hijos de la noche

La historia gira alrededor de Vanessa Ives (Eva Green, asombrosa), una mujer con dones disputada por todas las fuerzas oscuras, su mentor Sir Malcolm Murray (Timothy Dalton) siempre listo para llegar tarde a todos los rescates y un glosario de monstruos sagrados: la criatura de Frankestein (Rory Kinnear, el otro gran actor de la serie, con un manejo de matices inolvidable), el hombre lobo americano Ethan Chandler (Josh Hartnett), Dorian Grey, la novia de Frankestein, Drácula, Dr. Jeckyll y otros demonios.

La estructura de la serie es muy libre. Hay capítulos con acción desenfrenada dedicados a varias historias paralelas, y otros de una concentración teatral absoluta. Uno no sabe qué es lo que tocará la próxima vez, y está bien que así sea. No sirve de nada un tren fantasma previsible.

Estamos en plena emisión de su tercera temporada. Pero se trata de un coleccionable para ver desde el primer capítulo más de una vez.

También por Netflix.

 

Mario Pinto

Mario Pinto

Argentino por nacimiento (nadie es perfecto) y ya ruco, chilango por opción.Hombre de medios por falta de imaginación en su momento, historiador del arte por curiosidad y escritor a pesar de que mi madre soñaba con un ingeniero.