Habla para Horizontum ex jefe guerrillero mexicano: “Queríamos hacer la revolución” Habla para Horizontum ex jefe guerrillero mexicano: “Queríamos hacer la revolución”
Salvador Castañeda, el fundador y líder del “Movimiento de Acción Revolucionaria” habla de la reedición de su novela ¿Por qué no lo dijiste todo? Habla para Horizontum ex jefe guerrillero mexicano: “Queríamos hacer la revolución”

Salvador Castañeda, el fundador y líder del “Movimiento de Acción Revolucionaria” habla de la reedición de su novela ¿Por qué no lo dijiste todo?

“No me sumé a la guerrilla: nosotros formamos una organización guerrillera, el “Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR)”, dice en su casa, tranquilo y con muestras de orgullo, el escritor y exguerrillero Salvador Castañeda (1937), a propósito de la nueva edición de su novela ¿Por qué no lo dijiste todo? (Ediciones B, 2016), publicada originalmente en 1986, en la que hace una remembranza de sus días en la prisión de Lecumberri luego de ser capturado por Miguel Nazar Haro en la Guerra Sucia mexicana.

Oriundo de Coahuila, llegó a la capital del país sin el apoyo de su familia, en aras de estudiar Geología en la UNAM. “Debía tener unos 16 años. Vine con la negativa de toda mi familia […] Así son las familias campesinas. Dormía en las terminales de autobuses o en las estaciones de ferrocarril porque no tenía dinero. Así estuve alrededor de tres años”.

Horizontum. Habla para Horizontum ex jefe guerrillero mexicano: “Queríamos hacer la revolución”Después comenzó a trabajar de office boy para unos ingenieros en busca de mantener su precaria vida en la capital. Entonces, “leyendo el periódico me encuentro con una convocatoria para estudiar totalmente becado en la Universidad Patricio Lumumba, en Moscú. No lo pensé mucho antes de animarme, no tenía de otra”. Tres meses después, en 1966 recibió su carta de aceptación para estudiar Agronomía.

Durante su estancia en Moscú, Castañeda y cuatro compañeros suyos, también mexicanos, decidieran “hacer la revolución armada en el país”. Así fue como decidieron formar el MAR, que surgió en la URSS, debido, según Castañeda, a la situación económica y política en México.

“Por ese tiempo había sucedido el asalto al Cuartel de Madera, en Chihuahua, realizado por el “Grupo Popular Guerrillero”, considerado como el primer acto de guerrilla moderna en México. La noticia nos llegó a la Lumumba, que era un total galimatías con alumnos de todas partes del mundo. Estábamos en un país socialista, donde la mayoría de los alumnos eran hijos de padres afiliados a partidos comunistas latinoamericanos, además de que también estaban los jóvenes rusos pertenecientes al Komsomol”, explica para hacer énfasis en las dificultades que enfrentaban para ponerse de acuerdo e intentar hacer algo, pues para ellos era “sumamente preocupante” la situación de México y América Latina.

“Veíamos aquel suceso no como algo aislado en Chihuahua; eso se sumó a las luchas del magisterio, los campesinos y otras que ya existían. Lo que no teníamos era la conciencia de participar”, agrega.

Motivados por ese suceso, los fundadores del MAR se reunían en un bosque cercano a la universidad para no llamar la atención de un compañero español suyo encargado de vigilar sus actividades: “Allí se nos ocurrió la puntada de conseguir entrenamiento militar en el extranjero”. Entonces cada uno de los integrantes se dirigió a alguna de las embajadas de Vietnam, China, Corea del Norte y Cuba para solicitar entrenamiento militar para la revolución en México”. Sólo los coreanos aceptaron la petición.

“Queríamos hacer la revolución. Lo que no se planteaba en México era la necesidad de una revolución violenta, sino a través del diálogo, pero nosotros no teníamos ninguna esperanza en eso. Además teníamos el ejemplo reciente de Cuba”.

Alrededor de seis meses estuvo con sus compañeros en Corea del Norte recibiendo entrenamiento militar, específicamente de guerrilla urbana y rural. Era una novedad que les implicaba entender que la guerrilla sucede desde “abajo” de la sociedad hacia “arriba”. El MAR se entrenó en manejo de armas, preparación de emboscadas, retiradas, todo lo que se ocupa en las batallas modernas.

Los miembros del MAR regresaron a México para inmediatamente iniciar el entrenamiento de otros interesados, para lo cual se dividieron las responsabilidades. Sin embargo, en 1971 el grupo pasó por dos situaciones que llevaron a sus integrantes a la cárcel: una disputa interna por el liderazgo y la forma de acción, y que el gobierno descubrió una casa en Xalapa, Veracruz, en la cual se encontraban varios integrantes que entrenaban a nuevos miembros. El error fue haber rentado la casa a un ex policía que comenzó a sospechar de las actividades que se realizaban en el predio.

Habla para Horizontum ex jefe guerrillero mexicano: “Queríamos hacer la revolución”

A sus 34 años Castañeda se encontró con su esposa en una casa de seguridad en la colonia Agrícola Oriental cuando por la puerta entró, llave en mano, el titular de la Dirección Federal de Seguridad, acompañado de cuatro policías armados. “No sentía miedo porque era una cosa que sabía que podía pasar”, comenta.

Tras su captura fue trasladado a una prisión clandestina en Iztapalapa por una semana. De las pertenencias que le incautaron tomaron un diario en el que hablaba de sí mismo con seudónimos, que en realidad eran los nombres de sus sobrinos.

“Con ese diario me decían: ‘Ahora sí te chingaste, ¿por qué no dijiste todo?’. Ellos incluso creían que los nombres eran de los coreanos que nos habían entrenado. Como ya habían agarrado a los compañeros de Xalapa ya sabían por dónde íbamos nosotros”.

Cuenta con tranquilidad que de la prisión clandestina lo llevaron a Lecumberri, en donde permaneció cinco años en compañía de otros presos políticos —a los que llamaban “guerras”—, y de los presos comunes. Con estos últimos recuerda que gustaba de charlar bastante: “Hablando con los presos se conoce mejor un estrato social, sus pensamientos y resentimientos”.

Contrario a lo que se piensa de los presos políticos, Castañeda no recuerda especialmente las torturas: “Me decían: ‘Asómate, ahí está tu hermano; lo vamos a colgar’ —se ríe. Yo ya no tenía nada que decirles, y les respondía: ‘Pues hagan lo que quieran’”.

Habla de los simulacros de fusilamiento y de la presión psicológica: “Yo me preguntaba si ellos querían que les dijera ‘¡no por favor, no lo hagan’. No sé si es resignación, pero ya ni te queda suplicar porque todo estaba dicho por los primeros que agarraron”.

Con su mano derecha frota un collar de plata que lleva colgado en el cuello: “Este me lo dio un preso del Reclusorio Norte —después de su cautiverio en Lecumberri fue trasladado a esa prisión, donde permaneció varios meses para finalmente llegar al penal de Santa Marta, en el que obtuvo su liberación—, el Matagatas; él había asesinado a una criada, y cada vez que lo me lo contaba lloraba porque la mató a martillazos”. El collar se lo dio después de prestarle para un “toque de marihuana”.

Castañeda dice que su libro ¿Por qué no lo dijiste todo? está inspirado en las vivencias y actitudes de los presos comunes, tan diferentes de las de él y sus compañeros, y cómo, a pesar de estar acusados de todo tipo de crímenes, seguían siendo “a toda madre”. Añade: “Es una novela donde registro hechos de la vida común, na’más”.

Al ser preguntado acerca de si aún considera que la revolución armada es una forma viable de cambio, responde: “Las guerrillas son luchas de liberación. Los que están en el poder no soltarán ese poder. Por lo que se lucha es por la riqueza que permitirá darle un cambio a la mayoría de la sociedad”.

Oswaldo Rojas