Gilma Luque: Mar de la memoria, Los días de Ema y Hombre de poca fe Gilma Luque: Mar de la memoria, Los días de Ema y Hombre de poca fe
Buscando entre los autores contemporáneos mexicanos existen muchos que brindan una especie de tranquilidad en el mar de libros, son aquellos que te brindan... Gilma Luque: Mar de la memoria, Los días de Ema y Hombre de poca fe

Buscando entre los autores contemporáneos mexicanos existen muchos que brindan una especie de tranquilidad en el mar de libros, son aquellos que te brindan historias cotidianas pero no por ello son lugares comunes. La belleza de sus textos radica en ir de la mano de los personajes que se vuelven entrañables. Es por ello que nos acercamos a Gilma Luque, para hacerle algunas preguntas.

Diana López: ¿Podrías mencionarnos tus 5 libros favoritos y por qué lo son? 

Gilma Luque: Amor y basura de Ivan Klíma, El amante de A.B. Yoshúa, Escenas de una vida de provincias de J.M.Coetzee (Volumen que recoge la autobiografía novelada Infancia, Juventud y Verano), Mi querido Mijael de Amos Oz y Patrimonio de Philip Roth.

Estos libros más que ser mis libros favoritos de toda la vida, son mis libros favoritos recientemente, y lo son porque en ellos vemos autores que escriben desde el alma. Autores que han dejado atrás la pretensión literaria para hacer literatura. El libro de Klíma nos cuenta la historia de un escritor que se ve convertido en barrendero a causa de la censura estatal, leemos su deseo de evasión de esa realidad y la imposibilidad de deshacerse de ella. Yoshúa nos narra la historia de un hombre que está en la búsqueda del amante de su mujer, es a partir de ese deseo, casi necesidad, de encontrarlo que se desatan y se entrelazan las distintas historias, haciendo uso de varias voces narrativas se conforma la novela y como trasfondo tenemos la guerra del Iom Kipur. Coetzee nos muestra un personaje puro hasta en sus posibles imperfecciones desde niño hasta un adulto desencantado. En esta trilogía sin dejar de lado los problemas de su país, sociedad y familia, el autor nos deja entrar en el tiempo. Amoz Oz nos habla de un matrimonio y su ruptura, pero también del enamoramiento y el desencanto desde una voz femenina muy bien lograda. Y en Philip Roth vemos los últimos días de su padre después de que le detectan un tumor cerebral. Vemos la relación del hijo y el padre con lo dulce y lo terrible que hay en ella. Estas historias no recurren a la violencia, no hablan de crímenes, no intentan estructuras complicadas. No, nos hablan de la vida, por eso me gustan.

Gilma Luque: Mar de la memoria, Los días de Ema y Hombre de poca fe

DL: ¿En qué momento de tu vida decidiste incorporar la lectura como un acto cotidiano?

GL: Uno aprende con el ejemplo, dicen, yo recuerdo a mi padre leyendo antes de dormir o en la playa. En mi casa había libros así que sólo se necesitaba tomarlo y leer. No sé si lo decidí incorporar la lectura a mi vida o en algún momento simplemente lo necesité, creo que es lo segundo. Lo que sí sé es que uno adquiere la costumbre de llevar un libro a todos lados y leer en cuanto se pueda. Siempre he tenido una casa con libros abiertos, empiezo muchos libros a la vez, unos los acabo y otros no, algunos los releo muchas veces. Tengo libros para el camión o el metro, libros para antes de dormir y así es que se me ha hecho un hábito.

DL: ¿Siempre deseaste ser escritora o qué otro trabajo te hubiera gustado desempeñar?

Gilma Luque: Mar de la memoria, Los días de Ema y Hombre de poca fe

Gilma Luque

GL: No, cuando era niña quería ser fritanguera, me encantaba ver como hacían tlacoyos, también quise ser monja, y esto es porque me encantaban los conventos y quería vivir en uno, pero cuando mi abuela me dijo que todas las monjas eran esposas de Dios se me quitaron las ganas y no fue por atea, mero pudor. En algún momento de mi infancia había una telenovela que se llamaba Roberta y la protagonista era de una doctora, entonces quise ser doctora y por mucho tiempo tuve un maletín Mi alegría con frasquitos llenos de chochos y un recetario. Ya en la secundaria me gustó mucho la clase de civismo y entonces quise ser abogada y hasta falseé todas mis respuestas en un examen de orientación vocacional para que saliera que lo sería. Después entré a la prepa y tuve clase de Lógica, la clase me maravillaba, entonces le pregunté a Goyo, mi maestro, qué había estudiado y me dijo que Filosofía, pero que no lo hiciera, entonces decidí mi carrera, aunque no sabía exactamente qué iba a hacer. Recuerdo perfecto que un día regresaba a mi casa en un camión junto con mi mejor amiga y su sobrino y este me preguntó que qué era lo que estudiaría en mi carrera y yo contesté textual: “las cosas a la luz de la verdad”. Era algo que había leído en algún lugar y contesté eso porque ni yo misma sabía claramente qué significaba. Estudié gran parte de la carrera de Filosofía y resultaba que mis ensayos eran muy literarios y bueno para ese tiempo ya escribía “prosa poética” como le llamaba a lo que no era más que catarsis y juegos del lenguaje.  Supe sin saber tampoco exactamente cómo que lo que yo quería era contar historias, aunque siempre he deseado hacer la limpieza en las habitaciones de un hotel, me encanta el carrito que llevan con tantos utensilios de limpieza.

DL: Si vivieras en otro país (o si lo estás haciendo) ¿a qué otra profesión u oficio te gustaría dedicarte? 

GL: Creo que me dedicaría a escribir en donde sea que esté, es una manera de ser y estar en el mundo que me sienta bien. Y es una manera, también, de estar en muchos lugares desde mi escritorio. Me gusta contar aquello que imagino o recuerdo.

Diana López

Diana López

Comunicóloga y etnohistoriadora. Se ha desempeñado como promotora cultural independiente, RP para editoriales y eventos culturales. Fue coeditora web en la sección cultural del periódico Reforma y paleógrafa del Archivo General de la Nación. También ha sido asesora pedagógica de fomento a la lectura. Oficio que mejor la define: mochilera.