Francia dice NO al neofascismo del siglo XXI Francia dice NO al neofascismo del siglo XXI
Ha ganado Macron y a nadie más que a él le pudo beneficiar la baja participación electoral en la segunda vuelta. Los que se... Francia dice NO al neofascismo del siglo XXI

Ha ganado Macron y a nadie más que a él le pudo beneficiar la baja participación electoral en la segunda vuelta. Los que se quedaron en casa fueron los conservadores. El lema “Francia para los franceses” no surtió el mismo efecto del aquel, “América para los americanos”, de Donald Trump, quien precisamente le dio el triunfo al nuevo presidente francés electo. Ganó el voto del miedo, a que Francia se convirtiera en una sucursal snob del casino de las ilusiones americano.

El terrorismo tampoco fue suficiente para amedrentar a una nación como la francesa, donde decir “terrorista” ha sido el estigma de cada acto de violencia. Durante la primavera de 1968, tanto la extrema izquierda como la extrema derecha, eran considerados “terroristas”. Ahora, el terrorismo del siglo XXI ya no está de ningún lado de los extremos, es el terrorismo global del Estado Islámico.

Pero los neofascistas franceses, derrotados en la elección presidencial de este 7 de mayo, son la demostración de que la “salida” o el “exit” no es funcional, ya sea de Gran Bretaña o Estados Unidos. Tampoco resulta realizable el regreso a los nacionalismos, ya ni siquiera extensivos, como lo fue el nazismo del siglo XX, sino más bien aislacionistas.

La Ordre Nouveau de Le Pen

La Ordre Nouveau, fue el grupo de extrema derecha del que surge Jean-Marie Le Pen, padre de la derrotada, Marianne Le Pen. Estos neofascistas se respaldaron en el voto migrante, eran denominados más que nacionalistas o nationalistes, se les llamaba los nationaux. Su base política surge de los excombatientes de Argelia y en aquellos que en general rechazaron la rendición francesa en ese territorio del norte de África. De ahí, que Jean Marie Le Pen, fuera el jefe de campaña de su hija.

Horizontum. Francia dice NO al neofascismo del siglo XXI

Con la primavera de 1968 soñaban los de izquierda y derecha. Ambos extremos tenían sus publicaciones, propaganda ideológica o doctrinaria. Entre estas expresiones se encontraba el grupo de extrema derecha, Occident, que dejó de ser legal a finales de octubre del mismo año. De esta agrupación surge la estructura que daría soporte a Jean-Marie Le Pen, el Ordre Nouveau, la cual logró incorporar a las fuerzas derechistas francesas en el Front National, surgido en octubre de 1972.

Lo que demuestra la derrota de la extrema derecha francesa, es que la ultraderecha tiene algunos triunfos regionales, domina parcialmente a la Europa del postrauma de las guerras fascistas, pero no puede seguir compitiendo como cuando se inventaron las ideologías en Francia, al dividir al parlamento por su ubicación física en el recinto, como si fueran dos hemisferios cerebrales, dos visiones opuestas, dialécticas y complementarias de ejercer la política. En pleno siglo XXI, los mismos neofascistas que triunfaron en la década de los 80´s, quieren vencer ante votantes, que ya no son neofascistas, que no están adoctrinados. Quieren ser temidos sin la influencia y apoyo de los grupos parapoliciales que hacían el trabajo de intimidar, coaccionar y desaparecer a sus oponentes. En otro milenio, disputan con una misma ideología de ultraderecha, el gobernar un mundo sin ideologías. No se acaba la política, pero las ideologías han muerto en el siglo XXI. Cayeron como dos torres de utopía.

Horizontum. Francia dice NO al neofascismo del siglo XXI

Lo que más ansiaba el neofascismo francés era reducir al Estado, algo que se parecía mucho a las intenciones de la extrema izquierda anarquista. Ahora lo que más ansía la ultraderecha francesa es ser presidiaria de una nación sin libertad. Por eso, cuando todo amenazaba con endurecerse con el crecimiento populista del padre de Marianne Le Pen, el entonces presidente François Miterrand tuvo el acierto de modificar la legislación para forzar a una segunda vuelta electoral, que garantice mayor certidumbre democrática; luego Nicolás Sarcozy logra suplantar las necesidades de votar por la ultraderecha, con cierta empatía programática, pero sin la disposición real de actuar como un extremista de derecha. Y aunque la marea conservadora seguía subiendo y Marianne Le Pen parecía que iba a poder, Donald Trump fue la mejor campaña en activo que le hizo perder.

El neofascismo es demasiado crédulo en sus fantasmas, la ultraderecha tiene un problema para poder resistir estos tiempos, necesita de la ultraizquierda, y ni en Francia, ni en Gran Bretaña, ni Estados Unidos hay una ultraizquierda institucionalizada, sólo quedan algunas de sus expresiones emocionales, pero nada de su espíritu, ya no hay reivindicaciones estudiantiles que duren, los anarquismos son insípidos, sin “ismos”, son un caos que no desestabiliza lo que ya es de por sí inestable: el Estado. Ya cambió todo, no hay nadie más que prenda fuego, puro terror a lo que no podremos ser más: fronteras cerradas.

Yuriria Rodríguez Castro

Yuriria Rodríguez Castro

Yuriria Rodríguez Castro, es periodista especializada en criminalidad. Egresó de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UNAM, es Maestra en Periodismo Político por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, y en ambas instituciones obtuvo Mención Honorífica. Actualmente cursa el Doctorado en Ciencias Penales y Política Criminal en el INACIPE.