Fabio Morábito: el arte del cuento Fabio Morábito: el arte del cuento
Partir de la cotidianidad para encontrar las fisuras de la realidad, para darnos cuenta de que el mundo en el que habitamos sigue siendo... Fabio Morábito: el arte del cuento

Partir de la cotidianidad para encontrar las fisuras de la realidad, para darnos cuenta de que el mundo en el que habitamos sigue siendo más sorprendente de lo que pensábamos en un primer momento. Esas son las posibles lecciones que podemos encontrar en los cuentos reunidos en el libro “Madres y perros” del escritor Fabio Morábito publicado por la editorial Sexto Piso.

Fabio Morábito (Alejandría, 1955) ha desarrollado toda su obra literaria en español que incluye libros como Lotes baldíos (con el que se hizo acreedor al Premio Carlos Pellicer en 1985), De lunes todo el año (Premio Aguascalientes en 1991) en el género poético y libros de cuento como La lenta furia de 1989 o La vida ordenada del 2000 o el libro También Berlín se olvida recientemente reeditado por la editorial Sexto Piso

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Fabio Morábito: el arte del cuentoEn Madres y perros, su más reciente libro, nos enfrentamos con cuentos de universos cerrados en donde la sorpresa salta en cualquier momento, justo como podemos ver en el primer cuento, “El velero”, en donde el protagonista logra entrar, mediante engaños, al que fue su departamento cuando era niño, y empieza a mover los muebles de lugar para dejarlos tal y como él lo recordaba trastocando así la vida de los nuevos habitantes del lugar: “Todos los cuentos surgen de situaciones cotidianas, en eso mis cuentos no son nada especiales, pero a partir de esas situaciones cotidianas, que suceden todos los días, hay un vuelco, un giro que justifica que estas historias sean dignas de contarse.”

Javier Moro Hernández: Se podría decir que el tema de la memoria es uno de los hilos conductores que podemos encontrar en Madres y perros.

Fabio Morábito: Hay por lo menos tres cuentos que si tienen esa temática en común, me hubiera gustado escribir todo un libro sobre esa temática, pero no soy amigo de escribir libros de una sola temática, además de que no hubiera sido fácil, es un tema muy difícil de tratar, es un tema importante en la literatura, pero en este libro en concreto abordo el aspecto concreto del poder tiránico que la memoria puede tener sobre los seres humanos, algo de lo que no se habla mucho, y en el primer cuento se ve muy claramente, es decir un hombre que recuerda tanto y tan bien lo que vivió de niño, que cuando regresa a visitar lo que había sido su hogar impone el orden de los muebles tal como él los había tenido de niño, hasta causar una ruptura en la familia que ahora viven en su casa, y ahí podemos ver como la memoria se vuelve una cosa asfixiante en lugar de una cosa que nos vivifica y nos vuelve más humanos, y en otros cuentos del libro como en “Los Holandeses”, la memoria nos lleva a idealizar y a realizar una serie de actos absurdos porque la memoria también nos puede llevar a cargar con hechos que son importante solo para nosotros, ahí la memoria también funciona como un recordatorio de lo profundamente solos que estamos.

JMH: El cuento “Panadería de noche” se presenta como un juego de espejos en donde el lector puede acceder y conocer los dos lados de la historia.

FM: La primera versión de este cuento ya existe y justamente porque ya existe me sentí con la libertad de contradecirlo, de desmentir esa versión contando la versión vista desde el otro personaje, porque siempre hay otra parte de la historia, creo que saber contar una historia es sugerir esa otra versión, sugerirla, vislumbrarla por lo menos, no se puede contar, pero sí mostrar que detrás de la historia que uno está contando hay otra versión, a veces muy distinta.

JMH: Una de las características que se puede encontrar en los cuentos es que la sorpresa salta antes del final del relato y nos asalta en otros momentos, como en el cuento “Más allá del alambrado”.

FM: Me parece que los cuentos hay que cerrarlos, la fórmula del final abierto me parece un mal entendido, lo que pasa es que no necesariamente hay que cerrarlo con una vuelta de tuerca, muchos cuentos no la necesitan, o la tienen antes del final propiamente, porque lo importante realmente ya pasó, pero en otros de los cuentos sí hay una sorpresa final, que tampoco desdeñó, porque no creo que la idea de dar una sorpresa en la última línea ya paso de moda, que ya no hay que caer en esa tentación, los cuentos se prestan a todo tipo de hechura, los cuentos de final abierto tendríamos que entenderlo en un sentido mucho más noble porque en la vida las historias jamás concluyen de manera más contundente, siempre hay un desenlace que hace esperar una prosecución, con esa salvedad sí existen los cuentos de final abierto, con esa salvedad, sino me parece que le estamos dando una coartada o una excusa para los escritores no cerrar una historia que a la mejor no saben cerrar.

JMH: Continuando con el tema de la memoria, en algunos de los cuentos podemos acceder a momentos determinantes en la vida de los personajes, en “La cantera” vemos que la transformación del personaje se da en la primera parte del cuento, en el viaje que realiza a este lugar en el invierno.

FM: Creo que este es mi cuento favorito del libro porque lo veo como una pequeña odisea, es decir el personaje va pasando como Odiseo de un acontecimiento a otro ligados de manera muy apretada, desde los chicos que patinan sobre el hielo, el viaje a la islita llena de peligro, el perro que aparece en la niebla, yo lo vivo como una especie de versión de la Odisea de Homero, claro en términos mucho más cotidianos y más urbana, ese sería el paradigma de lo que platicábamos, los personajes nunca termina como empezó, siempre es otro ser.

Fabio Morábito

Fabio Morábito

JMH: Al leer cuentos tan concentrados nos damos cuenta de que a los buenos cuentos nunca les sobra nada, en cambio es posible encontrarnos con novelas de 200 páginas a las que les sobra todo.

FM: Una mala novela tal vez haya sido una mala decisión, a una mala novela le podemos encontrar todos los defectos del mundo, entre ellos que quizás no era una novela y por cuestiones de distinta índole, de hecho muchas novelas parecen eso, que la historia nunca daba para tanto y asistimos a una prolongación indebida, ociosa, de un argumento que realmente se nos cae de la mano, en el cuento uno necesita ser mucho más implacable, es en el cuento en donde podemos distinguir a los buenos escritores, porque en una novela se pueden disfrazarse más cosas y en el cuento el espacio de maniobra es mucho más reducido.

JMH: ¿En qué género literario se siente más cómodo escribiendo, en la poesía, en el cuento o en la novela?

FM: En general en el cuento y en la poesía, que son dos géneros que siento cada vez más cercanos y que alterno todo el tiempo, porque en cuento terminó un libro de cuento tengo ganas d escribir poesía, como me sucede ahora en donde estoy empezando a escribir un nuevo libro de poesía, creo que son dos géneros en los cuales de manera diferente trabajo un poco lo mismo, mi materia imaginativa es un poco la misma, aunque claro cambia mucho por el género, pero en el fondo para el que escribe siente que está trabajando lo mismo y son dos géneros realmente con muchas similitudes, la concentración, la necesidad de no perderse en divagaciones, y son dos géneros que se construyen línea a línea, una novela tiene que tener una trazado aproximativo, en el cuento por otro lado, por la misma concentración, por la misma potencia del lenguaje invariablemente se van para otro lado, es un camino que se van construyendo de manera inédita, y en el caso de los poemas verso a verso vas viendo cómo se van construyendo poco a poco.

Javier Moro Hernández