Exponen nexos entre el arte africano y el dadaísmo Exponen nexos entre el arte africano y el dadaísmo
Este año se cumplieron cien años del inicio del movimiento dadaísta en Europa. En las capitales del dadaísmo, en Zúrich, Berlín, París y Nueva... Exponen nexos entre el arte africano y el dadaísmo

Este año se cumplieron cien años del inicio del movimiento dadaísta en Europa. En las capitales del dadaísmo, en Zúrich, Berlín, París y Nueva York, se suceden los homenajes y conmemoraciones. Paralelamente a las celebraciones en Zúrich (165 actos a lo largo del año) acaba de inaugurarse en Berlín en la Berlinische Galerie Dada Afrika, una exposición sobre el nexo entre el arte indígena de África, América, Asia y Oceanía con las obras creadas por los dadaístas. Estos no se limitaron a una mera interacción creativa sino que dieron un paso más hacia el cuestionamiento de la recepción del llamado “arte primitivo” como una manifestación del racismo y colonialismo europeos. “Quería enfocar el uso poco escrupuloso y simplista de la escultura negra que en esta época estaba inundando Europa”, declaró Hannah Höch, la primera artista del grupo berlinés que exploró la recepción de este arte en Europa.

Exponen nexos entre el arte africano y el dadaísmoLa burla sarcástica con la que Hugo Ball, Tristan Tzara o la misma Hannah Höch entonaron sus chants nègres o recitaron sus poèmes nègres, y que formaba parte de su “diálogo con el otro” (como reza el subtítulo de la exposición), no siempre fue captada por los contemporáneos. Aquí interviene el comisario de la muestra, Ralf Burmeister, quien entiende su labor como contribución museística al diálogo actual sobre el trato con otras culturas, y advierte, muy políticamente correcto, que los términos “negro” o “primitivo” pueden provocar. El catálogo explica cómo los dadaístas, para los recitales de sus “versos sin palabras” —que pretendían imitar lúdicamente la fonética de lenguas africanas—, se inspiraron en los archivos de sonido de cualquier idioma no europeo. Y da una idea de las actuaciones entre Berlín y Zúrich del “dadá universal”, donde Hugo Ball o Raul Hausmann salían fantásticamente disfrazados al escenario con el grito “umba-umba”, mientras Richard Huelsenbeck tocaba el tambor: el público de aquella época sabía que el supuesto toque étnico hacía referencia al río Umba en Tanzania, que dividía un territorio que se disputaban tropas alemanas y británicas en la Primera Guerra Mundial.

De Hannah Höch, la pionera dadá y única mujer del círculo berlinés, se muestran las muñecas de sus performances y algunos de sus mejores collages. La que ha figurado mucho tiempo solo como amante de Hausmann, fue la coinventora de este arte de las tijeras. La Berlinische Galerie guarda gran parte de su legado y deja ver la riqueza y complejidad de un trabajo que transparenta tanto los estereotipos de lo exótico como la imagen contemporánea de la mujer. Como cuando funde el torso de una diosa jemer con el busto de una típica flapper de los años veinte.


La Redacción

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