“Establezco una relación muy corporal y material con el libro como objeto” “Establezco una relación muy corporal y material con el libro como objeto”
Vivir a través de los libros, querer ser alguien más, porque no le bastaba su realidad, evitar o evadir el infortunio “Establezco una relación muy corporal y material con el libro como objeto”

Vivir a través de los libros, querer ser alguien más, porque no le bastaba su realidad, evitar o evadir el infortunio, eso expone la autora de la semana, quien ha escrito Lo que no imaginas, Antígona González y Siam, ha sido galardonada con el Premio Regional de Poesía Carmen Alardín 2004, Premio Nacional de Poesía Tijuana 2005 y Premio Nacional de Poesía Clemente López Trujillo 2005. Ella, es Sara Uribe.

-Diana López: Sí, es una pregunta complicada, pero ¿podrías mencionarnos tus 5 libros favoritos y por qué lo son?

-Sara Uribe: Podría, sí, pero como en verdad es complicada la pregunta haré trampa, por supuesto, no diré mis 5 sino mis 10 libros favoritos. Además, añadiré que lo son en el ahora, en el hoy, que, desde luego, los libros favoritos no son inamovibles y van cambiando, rotando, yendo y viniendo con el tiempo y las lecturas. Estos son los 10 del ahora, de este presente mío:

Los textos del yo,  de Cristina Rivera Garza, por ser el primer libro que me enseñó que la poesía podía ser Otra Cosa, que el lenguaje y el pasado están siempre a punto de suceder. Porque después de ese libro mi escritura ya nunca pudo ser la misma.

Horizontum. “Establezco una relación muy corporal y material con el libro como objeto”Autobiografía de rojo, de Anne Carson, por hacerme palpar cómo con poesía puede hacerse una novela, cómo los géneros literarios son partituras mutables por deshacer y rehacer. Por escribir uno de los libros que más amo y que más me interpelan.

Esta conexión de todo aquello con pulmones, de Juliana Spahr, por llevarme por un recorrido por los mundos reales y los imposibles, los glamourosos y los cotidianos, por hacerme pensar en los árboles y en la precariedad de todo lo que perdemos a cada segundo.

Recurrencias de Rae Armantrout, por desarmarme y romper todos mis esquemas sobre la lógica de la poética y la sintaxis: en suma, por decirme que la poesía puede ser fragmentaria, discontinua, que puede ir de una cosa a otra sin permiso ni regla alguna y decirnos tanto en esa luxación, en esos quiebres, en ese aparente sinsentido.

El viaje de la noche, de María Negroni, por hacerme tan visible que la poesía es también ficción, que lo narrativo está en las venas de la poesía. Por crear esas atmósferas tan enrarecidas y tan a punto de arder. Por hacerme desear vivir en un poema suyo.

Nadie les pidió perdón, de Daniela Rea, por enfrentarme dolorosa y certeramente con la realidad cruenta e injusta de nuestro país. Por hacerme saber que no son tiempos para ignorar todo el dolor y las luchas de los otros que sufren y son violentados, además de por el crimen organizado, por el propio Estado mexicano.

SpaceInvaders, de Nona Fernández, por llevarme en un itinerario hacia la memoria y al pasado de una infancia frente a la dictadura chilena, por construir el relato como si fuese un espejo roto en el que desde este país, desde el pensar en cómo viven la guerra de México nuestros niños, pude ver un registro paralelo de todo el dolor y de todas las consecuencias que nos esperan en un futuro. Por narrar tan magistralmente la ausencia y la pérdida, el paso del tiempo, la nostalgia, el dejar de ser quienes fuimos.

Conjunto vacío, de Verónica Gerber por partirle su madre a la narrativa mexicana contemporánea escribiendo una novela que habla de todos los espacios vacíos, pero también de lo que está o enmarca esos espacios vacíos, usando refrescantes y entrañables estrategias visuales y prosísticas que transgreden lo ortodoxo. Por mostrarme que la novela puede ser Otra Cosa, una que se replantea y se cuestiona a sí misma el cómo contarse.

Todo eso es yo, de Sylvia Aguilar Zéleny por ser la primera novela mexicana que aborda la violencia y la guerra calderonista desde los ojos y la escritura de una niña fronteriza, quien irremediablemente termina cercada por el horror concéntrico que vivimos en este país. Por ser, en definitiva, un libro imperdible.

Un día negro en una casa de mentira,  de Elena Medel porque me confronta con mi propia fragilidad, con mis propias derrotas, con mi soledad y mi felicidad y mi biodegradabilidad;por hacerlo con una poética cuya aparente sutileza es un filo que corta de manera irreversible. Por ser una poeta que camina despacio y construye hermosos movimientos en el aire con sus manos-versos justo antes de asestarte el golpe que no ves, el que te noquea.

-DL: ¿En qué momento de tu vida decidiste incorporar la lectura como un acto cotidiano?

-SU: Comencé a leer desde muy pequeña, a los cinco años mi madre ya me había enseñado a leer. Pero la decisión consciente de entreverar de manera indisoluble los libros a mi vida la tomé en la adolescencia. Mi madre había muerto y mi padre nos había abandonado, vivíamos solas mi hermana y yo en condiciones muy precarias. Los libros eran la única vía de sentido para poder sobrevivir ante el infortunio. La literatura y todos sus mundos me ofrecían modos de ser otra, de saber que la vida era más que eso, que todo lo imposible era posible en esas historias, a través del lenguaje, que el lenguaje mismo era una manera de escapar de todo. Decidí que siempre querría ser otra, que no me bastaba con mi realidad, decidí que de ahí en adelante la literatura estaría imbricada en mi vida, me daría otras vidas distintas por vivir.

-DL: ¿Siempre deseaste ser escritora o qué otro trabajo te hubiera gustado desempeñar?

-SU: De niña quise ser carnicera, bombera, misionera y maestra. Ahora pienso que si no hubiera sido escritora me habría encantado ser tenista o nadadora: atleta de alto rendimiento. Habría amado ser Serena Williams.

-DL: Imagínate en otro país, que no sea tu tierra natal y que no tenga nada que ver con las costumbres occidentales, ¿qué otra profesión u oficio te interesaría realizar que no esté relacionada con la lectura y escritura?

-SU: Me habría encantado ser una mujer o un hombre chinos tejedores de bambú, reparadores de ollas, cultivadores de arroz, recortadores de patrones de papel, prensadores de hojas de té, antiguos herreros especializados en la forja de la platería.

-DL: ¿Qué es lo que te hace dejar la lectura de un libro?

Horizontum. “Establezco una relación muy corporal y material con el libro como objeto”-SU: Casi nunca abandono de manera definitiva un libro. Han sido muy pocos los casos en que ha ocurrido. Soy muy disciplinada. Incluso si el libro no me gusta lo termino para poder criticarlo con conocimiento de causa. A veces abandono momentáneamente ciertos libros por razones muy disímiles: puede ser que esté amando tanto ese libro que no quiera que se acabe y, por tanto, aplace su lectura para tenerlo más tiempo conmigo antes de llegar al final; puede ser que haya algo en el libro que me parezca perturbador o incómodo por razones personales, algo que me diga, ahorita no es el momento de leer esto porque me va a lastimar o simplemente no lo voy a poder comprender en su totalidad; puede ser, también, que el libro esté tan correctamente escrito, que cumpla tan ciega, tan obedientemente con la perfección de los dictados del canon, que simplemente me aburra porque no me está diciendo nada, porque no está quebrando nada, porque no está alterando nada y da igual leerlo o no.

-DL: ¿Qué lugares son tus preferidos para leer, ya sea en tu casa o fuera de ella?

-SU: En mi casa suelo leer en la cama, a veces en mi escritorio. Si se trata de cosas por puro placer prefiero la cama, si se trata de lectura por motivos de trabajo, el escritorio. En la calle he leído toda mi vida en muchos lados. En el transporte público, sobre todo en los camiones cuando vivía en Tampico, Tamaulipas. Acá en CDMX, donde apenas tengo 7 meses de haber llegado, ya leí en el metro y me gustó hacerlo, pero todavía no tengo la maestría de las chicas que leen de pie con el vagón a tope de gente y sin agarrarse de barandal alguno. Espero algún día conseguir el doctorado en esa destreza. Amo leer en las cafeterías, en los parques, en las estaciones de autobuses, en los aeropuertos, en los trayectos de mis viajes: amo leer en los aviones.

-DL: ¿Tienes alguna bebida favorita mientras lees, cuál y por qué?

-SU: Durante muchos años amé leer bebiendo whiskey, vino tinto, oporto o cerveza. Amé leer bebiendo litros y litros de café. Ahora amo leer bebiendo infusiones o tisanas, té de canela, de menta, hierbabuena o limón. Muy recientemente disfruto mucho leer bebiendo agua con hielos.

-DL: ¿Cuáles son las manías que consideras que tienes como escritor (escribes sólo por las noches, fumas mucho, lees muchos libros antes de sentarte a redactar, sales a caminar, escuchas música, etcétera)?

Sara Uribe

Sara Uribe

-SU:Hubo una época en que en efecto, escribía sólo por las noches, fumaba mucho mientras escribía. Ahora ya no fumo y escribo a todas horas. No tengo un horario en específico, aunque actualmente disfruto mucho escribir por las mañanas. Sí, suelo tener varios libros a la mano y recurrir a ellos mientras escribo. Sí, tengo una playlist llamada Escritura en Spotify, pero depende mucho de la clase de texto que estoy escribiendo si recurro a ésa en específico o si cambio el tono y el volumen. A veces necesito silencio absoluto. Otras, amo escribir en sitios públicos y que la escritura se inunde con todos los ruidos, las voces, los fragmentos de palabras escuchadas al azar. Cuando escribo leo lo que redacto en voz alta muchas veces. Esto es importante para mí por la cuestión del ritmo. En ocasiones también me grabo leyendo en voz alta y luego me escucho una y otra vez para desligarme del texto, para volverlo un poco ajeno. Hoy día, en este mundo digital y multitasking escribo casi siempre en mi laptop o mi pc, con muchas ventanas abiertas y manteniendo diversas conversaciones o lecturas en pantalla. Son cada vez más inusuales los textos para los cuales requiero total aislamiento. Y bueno, nunca es un aislamiento total porque me es muy acogedor escribir con Vladimir, mi gato, rondando y entorpeciendo los movimientos de mis dedos en el teclado.

DL: Cuéntanos algún dato curioso de ti como lector.

-SU: Cuando estoy leyendo un libro que estoy amando mucho voy con él a todas partes, aunque sepa que no voy a tener tiempo de leerlo, lo llevo conmigo en mi bolso a la calle, al supermercado, a reuniones, al trabajo, al cine, a donde sea. A veces incluso lo saco y lo pongo junto a mí, toco su portada, lo miro de reojo, lo abro en una página al azar, todo lo anterior sólo para constatar que está ahí. Necesito saberlo ahí junto a mí aunque no lo esté leyendo. Es algo muy físico, establezco una relación muy corporal y material con el libro como objeto. También, en los periodos en que he vivido sin pareja, suelo dormir con la cama llena de libros. Voy acumulando sobre el colchón libros que estoy leyendo, que planeo leer o que consulté para un dato. El caso es que de pronto el otro lado (y un poco de mi lado también) de la cama está lleno de libros y me gusta dormir con ellos, abrazarme un poco a ellos, saber que me hacen compañía de ese modo extraño también. Ya sé, deben estar pensando que estoy un poco zafada. Y sí.

La Redacción

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