¿Es posible resolver el conflicto sirio? ¿Es posible resolver el conflicto sirio?
La situación del conflicto sirio es, por decir lo menos, complicada. A ello ha abonado la multiplicidad de actores involucrados, y las muy disímbolas... ¿Es posible resolver el conflicto sirio?

La situación del conflicto sirio es, por decir lo menos, complicada. A ello ha abonado la multiplicidad de actores involucrados, y las muy disímbolas relaciones que mantienen entre ellos, aún sin considerar  las alianzas o los intereses compartidos. Así, pues, las vías de resolución al conflicto armado se ven no sólo lejanas, sino, eventualmente, frágiles.

Aunado al ya de por sí complejo escenario, la inflexible actitud de algunos países involucrados –particularmente Rusia y Estados Unidos-, y su poca o nula disposición para ceder en sus pretensiones de dominación regional, ha reducido considerablemente las opciones sólidas y duraderas para traer la paz a Siria.

¿Es posible resolver el conflicto sirio?

Sin embargo, aún y cuando los protagonistas confrontados en Siria –que bien podríamos clasificar entre los que apoyan al régimen de Bashar al-Ássad y los que no- tienen serias diferencias entre sí mismos, un actor imprevisto e insidioso podría –de hecho ya lo está haciendo- conculcar las desavenencias  de las partes en conflicto y reunir en su contra perfiles tan contrastantes como el Frente al Nusra, de orientación yihadista y contrario al régimen sirio, y el Ejército Árabe Sirio, a las órdenes de al-Ássad.

En efecto, el Daesh ha resultado tan potencialmente peligroso y escurridizo que, al parecer, la prioridad para los insurrectos y sus aliados dejó de ser echar del poder a al-Ássad, y comenzó a serlo acabar con el grupo terrorista.

Un poco de historia

Hafez al-Ássad, conocido en el mundo árabe como el “león de Damasco” -“ássad” en lengua árabe significa león-, llegó al poder en 1971, tras liderar un golpe de Estado mientras era jefe de la Fuerza Aérea de Siria. Era el tercer golpe de Estado en el que se involucraba.

Militante del Partido del Renacimiento Árabe Socialista –también conocido como Partido Baath, o Baaz-, al- Ássad tuvo una importante cercanía con la Rusia soviética tanto en su formación política como militar.

La ideología misma del Partido Baath, y los intereses geoestratégicos de la Unión Soviética, materializados en la base naval de Tartús –enclave marítimo en el mar mediterráneo-, acercaron al autócrata sirio a la Rusia de entonces. Alianza, por cierto, que aún hoy pervive y que explica el decisivo involucramiento de Rusia en Siria.

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Al-Ássad gobernó Siria hasta el día de su muerte, acaecida el 10 de junio del 2000. Luego de ello, el poder le fue prácticamente heredado a su hijo Bashar, tras celebrarse una suerte de plebiscito legitimador, rasgo que fue asumido como el preludio de la moderación que, sin que el régimen perdiera sus fuertes características despóticas, anticipaba cierta democratización en la vida política.

Sin embargo, el pretendido arribo de la democracia a Siria no ocurrió.

Las “primaveras árabes”

Durante el 2011, el norte de África y una parte importante del Medio Oriente fueron escenario de un inusitado activismo político. Jóvenes, en su mayoría, salieron a las calles de Túnez, Egipto, Bahréin, Yemen, Libia y Siria, entre otros países, para reclamar mayores libertades políticas.

Las tumultuosas manifestaciones no tardaron en cosechar y, casi simultáneamente, obtener sus frutos. En Egipto, por ejemplo, Hosni Mubarak fue expulsado del poder luego de treinta años como presidente de ese país, lo mismo que el coronel Muammar Gadafi, quien se había mantenido por 42 años como líder indiscutible en Libia, o Zin el Abidín Ben Alí en Túnez –donde comenzaron las primaveras árabes- , y quien se mantuvo 24 años en el poder.

La arremetida contra el régimen de Damasco comenzó un 11 de marzo del 2011. Y tal y como se fueron desarrollando los acontecimientos, y atendiendo, de igual forma, a la constante que indicaba que los autócratas en el poder no resistirían el embate de su pueblo movilizado, muchos dieron por descontado que la caída de Bashar al-Ássad –que gobernaba Siria desde hace 16 años- tomaría algunos días, quizá unos cuantos meses. Pero nada de eso ocurrió: al-Ássad se mantuvo en el poder.

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Así fue como la indefinida extensión del conflicto entre las fuerzas leales a al-Assad, y los grupos rebeldes, estableció un nocivo escenario de desgaste mutuo, en el que ninguna victoria o derrota era –es- determinante.

Los actores

Son tantos los actores involucrados en el conflicto sirio, como variados son los intereses en juego. No es para menos. Siria, actualmente, representa la viabilidad política de la región; en su territorio se dirime la estabilidad de buena parte de las naciones vecinas que, vistas internamente, representan un conflicto en sí mismas. Baste una superficial mirada a los países con los que Siria comparte frontera: Israel y Jordania al sur, Turquía al norte, el Líbano al oeste, e Irak al este.

No obstante, y además de los actores propiamente internos, en Siria se debate, también, la hegemonía regional de dos enemigos poderosos y con, al parecer, intereses irrenunciables: Rusia –y la defensa de su base naval en Tartús- y Estados Unidos –y la protección a su aliado histórico en la región, Israel-.

A continuación se presentan dos cuadros –actores internos y actores externos-  que permiten dilucidar la complejidad de la cuestión siria:

 

Actores internos (Fuente: El País)

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Actores externos

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El componente religioso

El profundo periodo de desestabilización en el que se encuentra sumido Siria tiene un componente religioso capital, casi tan poderoso como el que constituyen los intereses regionales en juego.

Dentro del Islam existen dos corrientes religiosas confrontadas, cuyo contraste nació de la interpretación que una y otra hacían del Corán, el libro que Alá reveló a Mahoma, el último profeta. Se trata del Islam sunita, y del Islam chiita.

El Islam sunita es el que más profusamente se ha distribuido en la geografía medio-oriental, abarcando países como Arabia Saudita, Libia, Egipto, entre muchos otros; el Islam chiita, por el contrario, se halla constreñido a un puñado de países en los que se cuenta Irán, Iráq, algunas zonas de Turquía y, precisamente, Siria.

Existen fundadas razones para convenir en que el conflicto sirio, de fondo, es un conflicto propiamente religioso si atendemos a la identidad e ideología de los grupos rebeldes que enfrentan al régimen de al-Ássad, en su mayoría sunitas, contra los que respaldan al gobierno de Damasco, de extracción chiita.

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Los escenarios de solución

Barajados en distintos momentos del conflicto, a partir de las condiciones particulares que se presentaban en la coyuntura correspondiente, los escenarios aquí expuestos –de manera sucinta-, han sido descartados según el tiempo y sus circunstancias, excepto el referente a la partición de Siria en diferentes Estados, presupuesto que se mantiene, hasta el momento, vigente. No obstante, la descripción de algunos escenarios de solución a la guerra en Siria, procura brindar un acercamiento al complejo panorama de su futuro.

Aquí los escenarios:

El régimen sirio cae por completo

En este escenario, el ejército de Bashar al-Ássad es derrotado definitivamente, a causa de que Irán –uno de sus aliados- le retira su apoyo en aras de fortalecer su posición frente a Estados Unidos. Sin embargo, el régimen de al-Ássad, sobre todo su ejército, ha sabido mantenerse vigente y eficaz en el escenario de guerra, por lo que una derrota definitiva queda descartada. Además, un escenario así implicaría el riesgo –que las potencias no querrán atravesar-, de que un grupo yihadista radical, como el Daesh, se haga del poder en Damasco.

Proceso de transición pactada

Ante la inevitable realidad de que al-Ássad, finalmente, se mantuvo en el poder, comienza un proceso de transición pactada en el que el autócrata esté representado en la mesa de negociaciones como un actor importante al que, eventualmente, se le reducirá el poder que tuvo, hasta reconfigurarlo en otras manos. No obstante, el presidente turco, Recep Tayip Erdogan, parece inflexible en la necesidad de que al-Ássad salga definitivamente de escena. Su negación, dificulta este escenario.

Siria dividida

En este supuesto, las partes en disputa se reservan un territorio de los que tienen bajo control, y, atendiendo a consideraciones étnicas y culturales, el territorio sirio es repartido. Al-Ássad, al abandonar la defensa de algunos territorios, pareció sancionar esta opción. Hasta ahora, es el escenario que se perfila como el de mayor factibilidad.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.