“Es muy grosero que me sigan diciendo muchacho” “Es muy grosero que me sigan diciendo muchacho”
Sofía Guadarrama, la primera escritora transgenero mexicana reflexiona con Horizontum su proceso de cambio de género. Autora de varios textos con su identidad masculina,... “Es muy grosero que me sigan diciendo muchacho”

Sofía Guadarrama, la primera escritora transgénero mexicana reflexiona con Horizontum su proceso de cambio de género. Autora de varios textos con su identidad masculina, ahora presenta Piso 931, el primero como mujer

Hace más de un año el escritor Antonio Guadarrama Collado (Guadalajara, 1976), autor de las series Grandes tlatoanis del imperio y Enigma de los dioses del México antiguo, hizo un anuncio en en sus redes sociales: “El 26 de enero de 2016 nació Sofía de manera oficial, aunque siempre estuve ahí, debajo de un disfraz de hombre. Siempre en las tinieblas. Temerosa del repudio de la gente”. Sus lectores tuvieron sentimientos de felicitación y desdén. Pero a Sofía no le importó.La discordancia sexogenérica, que juró moriría con ella, había terminado, y eso se ve reflejado en partes de Piso 931, su primer libro como mujer. Sofía es la primera escritora trans mexicana.

-¿Qué es la discordancia sexogenérica?

-Es cuando naces con una identidad de género en tu cerebro distinta a la de tus genitales. Esto a lo largo de tu vida te genera un conflicto de identidad. Está comprobado científicamente que si tú a un hombre le cortas el pene, su masculinidad, su forma de vida no va a cambiar. No es lo mismo que ser homosexual. En mi caso no me gustan los hombres, siempre me han atraído las mujeres, por lo que puedo decir que soy una mujer transgénero lesbiana, y eso es muy difícil para la mayoría de la gente entenderlo.

-¿Cómo fue la transición de Toño a Sofía?

-Toda la infancia la sufrí, porque mi familia no lo supo. Nunca recibí apoyo. En los años 80 la identidad de género era vista con que todos eran homosexuales, pero en los últimos años esto ha ido cambiando, gracias a que el internet lo ha hecho más visible y porque la información es más accesible. Así empecé a entender que era lo que tenía, pues juraba que me lo iba a llevar a la tumba.

En 2005 me casé después de haberme dado por vencida, pero en 2008 ya tenía muy claro qué era lo que tenía y no era malo. Esto generalmente siempre se ha asociado con la homosexualidad extrema y la prostitución. El saber que existía un sinfín de personas como jueces y científicos transgénero me ayudó a agarrar valor. Se lo conté a mi esposa y fue difícil para ella, finalmente no lo aceptó y nos separamos. Desde 2010 empecé un tratamiento hormonal que bloquea la testosterona y los estrógenos que tomo han feminizado mi cuerpo. Atreverme a esto fue difícil, porque ya tenía una carrera literaria, tenía miedo de que la gente no me aceptara, pero finalmente lo hice y muchos me abandonaron, pero otros me apoyaron y no he sufrido un acoso como tal en las redes sociales.

Horizontum. Sofía Guadarrama. “Es muy grosero que me sigan diciendo muchacho”

Sofía Guadarrama. Fotografía por Raúl Campos.

-¿Existe la información necesaria para esto en México?

-Sí, en la zona de la Condesa, en la Ciudad de México, hay una clínica especializada donde estoy recibiendo el tratamiento. Ahí es gratuito y cuenta con la supervisión médica adecuada. Esto es proporcionado por el gobierno de la ciudad, porque hay muchísimas personas con disforia de género, aunque no se vea. Afortunadamente las autoridades de la CDMX tomaron cartas en el asunto desde hace 16 años, porque antes las mujeres trans tomaban hormonas por su cuenta, cuestión que generaba muchas muertes. Por ejemplo, si tomas hormonas y fumas se te generan coágulos y, al ser un tratamiento muy caro, la mayoría se prostituía para poder pagarlo. Eso sigue pasando en el resto de la república, lo cual resulta un círculo vicioso. Una mujer transgénero cuando se prostituye se arriesga a ponerse en la cuerda floja de los crímenes de odio.

-¿Es complicado hacer el cambio de identidad legal?

-Hoy ya puedes cambiar tu acta de nacimiento con mucha facilidad, también el pasaporte y el INE; nada más es ir al registro civil y solicitar un cambio de nombre por identidad de género. Antes se tenían que pagar abogados y tardaba como tres años para que pudiera haber un proceso.

-¿Y los derechos de autor?

-Estamos en eso, pero a final de cuentas a mí no me preocupa que los libros se queden con el nombre de Antonio. No estoy peleada con mi identidad anterior y, finalmente, la gente así me conoció. Inclusive platicando con la editorial pensamos que puede ser un problema cambiarles el nombre, porque si la gente ya los ubica con Antonio como autor, no los van a encontrar bajo el nombre de Sofía.

-¿Has sido discriminada?

-Sí, aunque han sido cosas muy ligeras. Hay personas que se niegan a tratarme como mujer. Es muy grosero que me sigan diciendo muchacho y me ha pasado muchas veces con personas conocidas. Y una gran parte de mi familia no me habla. No los puedo obligar. Es su decisión y problema. Es muy difícil que en cualquier trabajo te acepten con una identidad femenina y un registro masculino o viceversa. Ya lo viví. Incluso me bloquearon la tarjeta de crédito, porque decían que no estaba a mi nombre. En una ocasión me rechazaron la entrada a un corporativo, porque iba con mi IFE de Antonio y la recepcionista me dijo: “esta credencial no es suya, señorita”.

Horizontum. Sofía Guadarrama. “Es muy grosero que me sigan diciendo muchacho”

Sofía Guadarrama. Fotografía por Raúl Campos.

-Tus libros como Antonio se habían centrado en los aztecas, y Piso 931, tu primer libro como Sofía, es ciencia ficción. ¿Tiene que ver este cambio de género con tu transformación?

-No, la novela se me ocurrió 14 años antes de que creara Los grandes tlatoanis del imperio. De hecho, empecé escribiendo novela contemporánea. Una de éstas es Cóatl, el misterio de la serpiente, la cual es un thriller con un pequeño toque histórico. Fue la primera que me aceptaron, pues el mercado editorial es muy difícil, más cuando se trata de tu primera novela. A ésta le vieron más futuro y sí se vendió bastante bien. Por ello la editorial me dijo que siguiera por esa misma línea y fue cuando les ofrecí la colección de grandes tlatoanis. Piso 931 la terminé de escribir en el 2012 y aún así tuvo que esperar para salir. La mayoría de la gente piensa que como, desayuno y ceno aztecas. No quiero encasillarme en eso el resto de mi vida. Piso 931 es más cercana a mis gustos literarios. Ahora que he cambiado de nombre e identidad estoy dándole un inicio de cero a mi carrera.

-¿En serio consideras que tu carrera está empezando de cero?

-Comercialmente sí, porque ni siquiera los vendedores me ubican como Sofía. Ese es un gran riesgo. En una ocasión en una librería pregunté por Piso 931 y me dijeron: “también hay otro autor con los mismos apellidos, se llama Antonio Guadarrama Collado”. Si la industria no identifica que somos la misma persona, pues mucho menos lo harán los lectores. Sí puedo estar perdiendo mucho público por el momento. Incluso recibo mensajes por Facebook donde me dicen que no sabían que había cambiado de género y que apenas se enteraron del nuevo libro. No me queda más que arriesgarme, porque yo ya no podía vivir una doble vida. Así viví en mi casa a escondidas. Sólo cuando tenía cosas que hacer afuera, me ponía ropa de hombre.

-¿La transgeneridad sigue siendo tabú?

-Sí, porque siguen los crímenes de odio y la discriminación. Aunque creo que también es un tema sobre la belleza. A una mujer no trans si es alta, delgada y guapa no le van a decir nada, pero si ves a una trans mexicana, que no tiene la fortuna de ser atractiva visualmente por su genética, la gente las hace a menos.

-¿Cómo es retratada la comunidad transgénero en los medios y artes mexicanas?

-Muchas veces los periódicos mal informan, estigmatizan y discriminan la identidad de género. Justamente lo comentaba, hace poco, con el director de un famoso periódico digital. Titularon una nota: “Hombre vestido de mujer es asesinado”. Le dije que no lo escribiera así, pues se trataba de una trans. Él me dijo: “¡Pues eso yo no lo sé!”. Son cosas que no les importan y eso está mal, porque tú como periodista profesional, no importa qué nota estés haciendo, debes ser responsable y respetuoso.

Respecto a los medios artísticos, como está de moda ser políticamente correcto y pro LGBT, todos se van a mostrar a favor. Incluso las corporaciones lo están haciendo.  Un claro ejemplo:  la marcha por el orgullo gay ya es un desfile de marcas. Obviamente tienen sus intereses propios, pero si eso ayuda a contrarrestar la discriminación, pues que lo hagan.

-En Piso 931 hay unos personajes, los “usuarios” enfermos mentales, ¿a quiénes representan?

-En ejemplo sería el escritor Luis González de Alba. Él siempre decía lo que pensaba y quería. En una sociedad como ésta, en la que estamos acostumbrados a tener siempre la razón y quedar bien, este tipo de personas son criticadas. A la gente le duele que le ataques su zona de confort. Y los enfermos mentales son esos, las personas que dicen lo que piensan. Una sociedad utópica donde la libertad de expresión se restringe a lo que todos quieren ver y una sociedad como esa, es en la que pretendemos vivir.

– ¿Buscas hacer una crítica a las redes sociales y a la nueva forma de interacción social es tu nuevo libro?

-No es una crítica satanizando, sino un análisis para que la gente vea qué es lo que estamos haciendo y hacia dónde vamos. La novela es ficción, pero al paso que vamos, tal parece que la llegada de la vida virtual será pronto. ¡Ya llegamos al punto en que la interacción física está desapareciendo! Las redes sociales están cambiando la forma en que nos relacionamos: yo estoy conociendo a muchas amigas por internet, porque a veces es muy difícil hacerlo en persona y a mi mejor amiga, que vive en Escocia, también la conocí por internet hace como ocho años.

-¿Cómo es vista la ciencia ficción en México?

-Las editoriales le tienen mala fe. Además, las novelas como Un mundo feliz y 1984 son textos que ya caducaron en la cuestión tecnológica y ficticia. La gente que no sabe del género cree que seguimos en lo mismo. Ya no nos creemos lo del Big Brother, porque ya lo vimos en tv y se caricaturizó. La tecnología de 1984, donde ponían toda la información en un tubo y ésta circulaba, ya es de risa, porque existe internet. Por eso a mucha gente no le interesa el género, pues cree que escribimos lo mismo de hace 80 años.


Raúl Campos

Raúl Campos

Raúl Campos (Ciudad de México, 1992) Periodista cultural y fotógrafo documental (con licencia). Decidió adentrarse a estos medios por tres razones: 1. Cuando niño le regalaron una cámara fiestera desechable de instantáneas (eso me traumó). 2. Por su afinidad para escuchar y contar historias (quizás sirvió de algo). 3. Por querer entrarle al negocio familiar (ni hablar). Su trabajo se ha publicado en Revista Yaconic, Milenio Diario, Milenio Dominical y recientemente en algunas publicaciones de Editorial Notmusa y Horizontum. Asegura ser pionero del "Periodismo Kitsch".