¿Es ético el liberalismo económico? ¿Es ético el liberalismo económico?
Es común identificar el liberalismo como una corriente del pensamiento económico, desconociendo que es, además, una corriente ética ¿Es ético el liberalismo económico?

Es común identificar el liberalismo como una corriente del pensamiento económico, desconociendo que es, además, una corriente ética. Sin embargo, los planteamientos económicos de los padres del liberalismo fueron en principio éticos. Adam Smith se ocupó profundamente del tema ético y buscó, desde la ética, fundamentar sus planteamientos económicos.

El liberalismo parte de dos premisas fundamentales: que el ser humano es, ante todo, individual y racional. Es decir, para los liberales la sociedad está formada por la suma de individuos, es su reunión aritmética la que conforma la sociedad. Cada uno de estos individuos busca la satisfacción de sus propias necesidades y actúa de acuerdo con sus propios intereses.

Esta visión, aparentemente, nos ofrece una visión egoísta de la acción del ser humano en la sociedad; sin embargo, no es tal. Para Adam Smith -en su Teoría de los sentimientos morales (1759), que sirvió de fundamento ético a su Investigaciones sobre la causa de la riqueza de las naciones (1776)- esta lucha individual por alcanzar la satisfacción personal, en concordancia con la actuación de los demás individuos, produce fuerzas que operan de tal modo que se llega a la mejor satisfacción de los demás miembros de la sociedad.

Así, el liberalismo no niega que haya que alcanzar el bienestar general, lo que sostiene es que este bienestar general puede ser alcanzado plenamente a través de la acción individual de quienes conforman la sociedad. Es decir, que cuando cada uno despliega conductas orientadas a satisfacer sus necesidades y deseos particulares, sin necesidad de proponérselo, está contribuyendo al bienestar general, a través de la mejor asignación de recursos. Esta propuesta ética es la solución que el liberalismo moral nos propone como alternativa a la dicotomía entre los intereses particulares y el interés general, entre lo individual y lo social.

¿Es ético el liberalismo económico?

La interacción entre los individuos: “la mano invisible”

La interacción entre los individuos, como resultado de la búsqueda de cada uno de ellos por lograr la satisfacción de sus necesidades, lleva a generación de fuerzas sociales que terminan direccionando las conductas individuales en un sentido socialmente armónico. Estas fuerzas operan de manera inconsciente y no buscada por cada individuo en particular. Esas fuerzas, resultado de la concurrencia de las acciones individuales, se conocen como “la mano invisible”.

A nivel económico, el liberalismo ha construido la idea de mercado de competencia perfecta como una situación en la que los intereses particulares no son capaces de imponerse al conjunto de la sociedad, sino que se someten a las fuerzas sociales resultantes de la acción de todos los agentes. Esta sería la situación económica de plena satisfacción y armonía entre los intereses individuales y sociales resultado de la acción de “la mano invisible.”

Sin embargo, para que la competencia perfecta pueda producirse, es pertinente que los agentes económicos se comporten de una manera perfectamente racional, esto es, calculando su costo-beneficio, además de tener toda la información del mercado para tomar sus decisiones. Un fenómeno que además se puede agregar a lo anterior es que todos los agentes tengan la misma capacidad de influir sobre el mercado.

La fragilidad de los fundamentos teóricos de la “mano invisible”

Con respecto a la racionalidad del homo economicus, desarrollado por Stuart Mill, como fundamento de la idea de competencia perfecta, es preciso mencionar que la teoría de las perspectivas, propuesta por Daniel Kahneman, Premio Nóbel de Economía 2002, sustentada en experimentos psicológicos, demostró que el comportamiento económico no es necesariamente racional. Ello se debe a que se enfrenta a entornos de incertidumbre, donde no pueden realizar cálculos probabilísticos. Esto último supone que no cuenta con toda la información sobre el mercado. A todo ello habría que agregar que todos los agentes no cuentan con la misma capacidad de influir sobre el mercado: la existencia de mercados oligopólicos así lo demuestra.

Frente a esta discordancia entre el paradigma ético y económico liberal y la realidad económica surge la pregunta: ¿los planteamientos éticos liberales tienen concordancia con el funcionamiento de la economía? Si partimos del hecho de que el llamado mercado de competencia perfecta es la expresión económica de los fundamentos éticos del liberalismo y que sólo en este tipo de mercado opera la llamada “mano invisible”; pero que, sin embargo, el mercado de competencia perfecta no ha pasado de ser una formulación teórica no cumplida en la realidad, podemos sostener que existe un divorcio entre la ética liberal y el funcionamiento de la economía real.

¿Es ético el liberalismo económico?

El liberalismo económico y la ética liberal

La transformación de la economía política en economía, operada desde el siglo XIX, por economistas como Walras, Jevons y Menger, entre otros, significó no sólo el fin de toda reflexión económica sobre el conjunto de la sociedad;  sino también su conversión progresiva en una ciencia o actividad puramente técnica, matemática, orientada a la maximización de la utilidad, del beneficio.

De esta manera la economía liberal fue perdiendo su relación con sus fundamentos éticos. Ello se aprecia en el hecho de que nuestros economistas son formados desde una perspectiva técnica, donde lo ético y su reflexión sólo ocupa un papel periférico en su formación profesional. Pese a que los forman como economistas liberales, desconocen los textos y a los autores que fundamentaron aquella ética: Smith, Bentham, Stuart Mill, entre otros.

En este sentido, podemos decir que el liberalismo económico es actualmente una corriente económica que no se plantea cuestiones éticas fundamentales, como la igualdad y la libertad. Se ha limitado a postular sus fundamentos teóricos y asumir que estos son correctos y que, efectivamente, funcionan en la realidad.

La apelación a la libertad no se ha dado de forma positiva, sino como reacción a lo que llaman el totalitarismo; es decir, la intervención estatal en las relaciones sociales, en especial en la economía (Von Misses, Hayek, Friedman). En suma, el liberalismo económico, en su versión más popular y extendida, actualmente se ha divorciado de la reflexión ética para reemplazarla por una moral darwinista, donde el más “capaz” o “apto” tiene, por esa condición, el derecho de desarrollarse sin importar quienes queden en el camino. Se ha apartado de la idea del bienestar general a través de la acción individual.

Daniel Loayza Herrera

Daniel Loayza Herrera, escritor y académico peruano. Lima, Perú, 1972. Historiador y educador. Licenciado en Historia y Licenciado en Educación. Magister en Educación. Estudios concluidos de doctorado en Educación. Estudios de maestría en sociología y estudios de Derecho.