“Entiendo la literatura como una práctica que anda tras el hallazgo y la experimentación”, Luis Bugarini “Entiendo la literatura como una práctica que anda tras el hallazgo y la experimentación”, Luis Bugarini
Para Luis Bugarini (México, 1978), la transgresión es una búsqueda personal. Tal vez por eso es difícil encasillar su obra en una corriente o... “Entiendo la literatura como una práctica que anda tras el hallazgo y la experimentación”, Luis Bugarini

Para Luis Bugarini (México, 1978), la transgresión es una búsqueda personal. Tal vez por eso es difícil encasillar su obra en una corriente o un género literario. Este narrador, ensayista y poeta opta por la diferencia, por la indefinición, por ser un disparo en la sociedad actual, donde el arte “está más relegado que nunca”.

Estudió la Licenciatura en Derecho y la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Ha sido colaborador en La Crónica, Excélsior, Istor, La Tempestad, Letras Libres y Nexos. Su obra aparece compilada en la antología Crítica y rencor, editada por Cuadrivio Ediciones en 2015.

Ha publicado varios poemarios: Hora Líquida (2014), Origamia (2016) y Cabuyero práctico (2016). En narrativa podemos mencionar Cuaderno de Hanói (2014), Se encogió de Hombros y dijo: (2016) y Palabras de un discreto (2016).

¿Cuándo comenzaste a escribir literatura?

“Entiendo la literatura como una práctica que anda tras el hallazgo y la experimentación”, Luis Bugarini-Recuerdo que cerca de los 15 años me debatía entre la pintura y la literatura. Era la época en que utilizaba cualquier superficie para dibujar y eso me hacía pensar que podría tener algún futuro en las artes plásticas. De manera paralela hacía mis primeras lecturas. Lo leí todo a mi alcance y de manera desordenada. El hallazgo de las obras de Molière, por ejemplo, resultó fundamental porque hacen reír con facilidad y no tienen una expresión afectada de estilo. Se leen con una claridad absoluta. Puedes visualizar el drama del avaro o de las preciosas ridículas, como si fueran tus vecinos.

“Después me acerqué a otros autores de lengua francesa hasta que finalmente llegué a las obras del marqués de Sade y entonces se me derritió la cabeza con la lectura de sus libros. Fue un influjo muy poderoso y pensé: ‘si esto puede escribirse, entonces yo quiero ser escritor’. Y ya nunca más volví a dibujar, ni aun de manera incidental. Por esa forma de relación temprana con la literatura, ciertas formas de la trasgresión se volvieron una búsqueda personal y a esta fecha aún las persigo, encaradas en los individuos que la han practicado con diversos niveles de corrosión social”.

-A veces cuesta definir el género literario de tus obras, estoy pensando, por ejemplo en Se encogió de hombros y dijo:… ¿Cómo concibes tus textos?

-He llegado a una conclusión: si no vas a optar por la diferencia, mejor no intentes nada. Lo usual ya existe, se reproduce casi solo y hay miles de personas que dirigen sus energías a fabricar objetos en serie, permanentes retratos de sí mismos. Este “producto editorial”, como lo denominó Juan Goytisolo, inunda las librerías y meses después los encuentras a precio de remate antes de que vayan a dar a las guillotinas. En mi caso, en cada libro que escribo me propongo un reto e intento llevarlo a buen puerto.

“El caso de Se encogió de hombros y dijo: es paradigmático para ilustrar lo anterior. Elegir la rareza o la abierta excentricidad no es una tarea fácil. No hay demasiados espacios para publicar en México y los editores se sienten cómodos cuando pueden estacionar un libro plácidamente en su catálogo: “esto es una novela”, “esto es poesía”, “este es un volumen de ensayos sobre la violencia”, etc. Tuve suerte de que Librosampleados optara por publicar ese libro.

“Las modalidades anfibias son auténticos actos de terrorismo cultural. Implica bombardear un estante con la indefinición, la ausencia de taxonomías y actos libérrimos de quien busca a un lector ansioso de explorar las vías alternativas. Entiendo la literatura como una práctica que anda tras el hallazgo y la experimentación, antes que un sillón en el cual arrellanarse para escuchar la historia del abuelo”.

-¿Qué temas te apasionan y/o te preocupan a la hora de escribir?

“Entiendo la literatura como una práctica que anda tras el hallazgo y la experimentación”, Luis Bugarini-No me interesan demasiado los temas sino la forma de abordarlos. Ahora que los seriales televisivos han ganado terreno en el acto de contar historias, el escritor debe proponerse una modificación de la estrategia para abordar la materia narrativa. El naturalismo a ultranza genera torres de basura impresa que nunca serán leídas. Los guionistas de las grandes productoras hipnotizan al espectador y en menos de una hora te cuentan una historia con personajes memorables y una trama que puede crecerse hasta la indigestión.

“Ante este escenario, que no desaparecerá sino lo contrario, el escritor no puede quedarse de brazos cruzados y esperar a que la trama que ideó a partir de una vivencia personal pueda ganar el favor de los lectores. Necesita echar mano de actos disruptivos, disfuncionales y de talante sintético. Esto explica el auge de la minificción, por ejemplo, más ajustada al poco tiempo de lectura del que dispone el lector y que impone retos a quien la escribe. Esto es: el acto de la escritura no puede estacionarse en posturas anodinas con la esperanza de que un equipo de relaciones públicas logre lo que no pudo lograr el propio libro”.

-¿Entre la narrativa y la poesía, qué género prefieres y por qué?

-Me interesan las posibilidades del verso libre desde una perspectiva intimista capaz de cristalizar una vivencia universal. La angustia, la perplejidad, la experiencia de la fuga del tiempo, todos los actos inconclusos que nos transmiten su incapacidad para ilustrar una definición integral del hombre y de su paso por el mundo. Entiendo la poesía como el área de juegos más seria y a la vez la más lúdica. Los poemas que escribo intentan ser comprimidos de experiencias y estados de ánimo. No me entiendo demasiado con las formas clásicas de la métrica, ya que tengo la convicción de que no se ajustan a la vivencia contemporánea. Además, el siglo de oro español ya colgó el estandarte demasiado arriba y cuando intentas un soneto te mides con los de Góngora y Quevedo.

“El verso libre es el terreno de la experiencia actual. Todo lo que puedas imaginar puede transformarse en un organismo poetizado. Esto, claro, con independencia de que pueda ser valioso para la tradición. Importa ser fidedignos a la actualidad, que es fragmentaria, coloidal y anónima. La “muerte de los grandes relatos” enunciada por Lyotard igualmente impacta la escritura de los poemas. Los grandes aparatos poéticos, con aliento acertado y de imágenes gastadas, tienen poco espacio en mis elecciones de lectura. Prefiero los saltos al vacío, nacidos de la urgencia y la angustia por un mañana que llega y se va de modo salvaje. Ahora prefiero el vuelo libre que implica atender al llamado de la hora y a la construcción de artefactos que obliguen al lector a su desmontamiento”.

-¿Qué autores han influenciado tu obra? ¿Podrías recomendar a los lectores cinco libros que hayan contribuido a tu formación literaria?

“Entiendo la literatura como una práctica que anda tras el hallazgo y la experimentación”, Luis Bugarini-Hay muchos autores que me interesan y conforme pasa el tiempo me interesan más aún. Pienso en Kafka, por ejemplo, cuya obra no pierde su capacidad para estallarse a sí misma y al lector. Me interesa Henry James y Virginia Woolf, Pessoa, Octavio Paz y Walter Benjamin. J. G. Ballard, Chantal Maillard y Clara Janés. No podría enunciarlos a todos. Van y vienen y paso de uno a otro como si estuvieran escritos por la misma persona. Así que refiero sólo algunas lecturas reiteradas, de los meses pasados.

“Para esta recomendación me atrevo a sugerir: De ratones y hombres de John Steinbeck, Espera a la primavera, Bandini, de John Fante, la Poesía completa de José Lezama Lima; Ubik de Philip K. Dick y las canciones de Bob Dylan”.

– Háblanos un poco más de ti… ¿cuáles son tus inquietudes?

-Tengo un hijo de ocho años y me preocupa el estado del mundo. La violencia, el abuso de la clase política, la idiotez que predomina cuando volteas a tu alrededor… No soy demasiado partidario del “compromiso” del escritor, pero el espectáculo permanente de la miseria resulta descorazonador para cualquiera. No es infrecuente que los escritores se pregunten si vale la pena continuar por el camino que eligieron. Abandonar el oficio es la amenaza más constante en un país en el que no se valora la tarea artística. El lugar del arte en la sociedad actual está más relegado que nunca.

“Se ha reemplazado el peso simbólico de la inteligencia por el del estrellato y ya cualquiera con el reflector en la cara suelta algunas boutades que terminan por volverse una consigna generacional. Así que se ha perdido mucha de la dignidad del hombre de letras. Ya no es oráculo ni consejero del poder sino un amenizador y practicante del stand up writing”.

Yeanny González

Yeanny González

Licenciada en Periodismo por la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Redactora-reportera de temas políticos, económicos y sociales. Dominio de redes sociales y habilidades como fotorreportera. Actualmente culmina su maestría en Estudios Latinoamericanos en la UNAM.