“En literatura lo importante no es el realismo sino la verosimilitud” “En literatura lo importante no es el realismo sino la verosimilitud”
¿Qué es lo que atrapa a un lector cuando tiene un libro en sus manos? Seguramente será el identificarse con un personaje o la... “En literatura lo importante no es el realismo sino la verosimilitud”

Horizontum. Eve Gil. “En literatura lo importante no es el realismo sino la verosimilitud”¿Qué es lo que atrapa a un lector cuando tiene un libro en sus manos? Seguramente será el identificarse con un personaje o la trama. Quizás es la forma en que el autor redacta la historia o en algunos casos el que el libro esté de moda. Para Eve Gil, quien es la autora de la semana, y ha escrito Shoshan y la dama oscura, Doncella roja y Tinta violeta lo más importante que hace que un libro capte su atención no es tanto lo real de lo que ahí acontece, sino la forma en que se crea el ambiente, los detalles, el hilo conductor que hacen que una historia se vuela atractiva. Aquí te dejamos la entrevista que Horizontum le hizo.

Diana López: ¿Podrías mencionarnos tus 5 libros favoritos y por qué lo son?

Eve Gil: Mencionar mis libros favoritos implicaría escribir otro libro, y es probable que requiriera de más de un volumen, pero me parece un excelente ejercicio elegir sólo cinco (y la selección me llevará horas, supongo).

1.- Cumbres borrascosas, de Emily Brontë

El primero y único que anoto sin pensarlo siquiera. Ésta fue de una de las primeras novelas que leí en mi vida –me refiero a la gran literatura, porque leía todo tipo de cosas con voracidad desde aprendí las letras- y es, al mismo tiempo, de las más arriesgadas e innovadoras que se han escrito… así que empecé por lo menos convencional, por lo que duele, y a eso atribuyo que mi propia literatura se aparte tan radicalmente de los lugares comunes.  Pocos saben que el tan alabado estilo de William Faulkner, “la nube de testigos”, como le llama Sergio Pitol, se lo debe en gran medida a esta primera y única novela de Emily Brontë.

2.- El romance de Genji, de Murasaki Shikibu

Según los expertos en “antropología literaria”, por llamarla de algún modo, se trata de la primera novela… la que inaugura el género novelístico en el Japón de la Era Heian (siglo XI). En la literatura japonesa existe un género llamado monogatari que no es exactamente una novela, o una colección de cuentos o de crónicas, pero su autora le dio una cohesión distinta, es decir, metió orden en el caos y engarzó todas las anécdotas y las vidas que dan sentido a la obra, de ahí que se le considere la inauguradora del género novelístico, puesto que antes ostentaba Don Quijote de la Mancha. Leer este libro transformó mi forma de ver y percibir la literatura de forma radical.

3.-  Orlando, de Virginia Woolf

Pude haber completado esta lista con puros títulos de Virginia Woolf, pero definitivamente la novela de su autoría que más ha calado en mí es Orlando, un portento de imaginación y sabiduría. Ningún libro muestra mejor que éste las semejanzas –más que las diferencias- entre los sexos, y se formula preguntas demasiado avanzadas, incluso para nuestra época. La lección que me dejó como escritora es que en la literatura no existen límites; que cualquier cosa es posible. En literatura lo importante no es el realismo sino la verosimilitud y en ningún momento te preguntas si es posible que Orlando haya amanecido convertido en mujer y por qué: ése es el dilema menos importante de la historia.

Horizontum. Eve Gil. “En literatura lo importante no es el realismo sino la verosimilitud”4.- 1Q84, de Haruki Murakami

Es una novela muy contemporánea, que parte de una intención del autor por homenajear otra novela: 1984, de George Orwell. Independientemente de lo apasionante de la historia –juro que no dormí dos noches seguidas hasta completar las casi 1000 páginas del volumen I y II, reunidos en un solo ejemplar- te quedas fascinado al advertir las diferencias de percepción de la obra de Orwell por parte de un japonés, en relación a un occidental. Murakami creó una novela completamente distinta a 1984, pero una novela que sin duda honra a Orwell y lo habría dejado tan perplejo como encantado. Murakami ha sido mi punto de partida para “devorar” muchos otros novelistas japoneses, y una de las cosas que entendí es que tienes que darte una zambullida en la cultura japonesa antes de atreverte a insinuar, como han hecho diversos críticos despistados, que los japoneses están influenciados por el realismo mágico, cuando la realidad es que Gabriel García Márquez, dicho por él mismo, quedó muy marcado por Kawabata, entre otros.

5.- 2666, de Roberto Bolaño

Del mismo modo que puedo amar una prosa cuidadosa y pulcra, se me ocurre, como la de Milan Kundera –cuya novela La insoportable levedad del ser compitió reñidamente con ésta para ocupar el quinto lugar- también adoro el mundo desordenado y desaliñado de Roberto Bolaño. Adoro la novela que lo lanzó, por así decirlo, al “estrellato”, pero me quedo con esta colección de historias que conforman más una “monogatari” que una novela y cuyo núcleo son las mal llamadas “muertas de Juárez” que por alguna razón que puedo intuir, Bolaño no ubica en Ciudad Juárez, sino en Sonora, en la ficticia ciudad de Santa Teresa que se parece mucho a mi natal Hermosillo. Me emociona poder decir que conozco personalmente a muchos de los “personajes” de Bolaño, que forman parte de mi mismo entorno. Por desgracia a él nunca lo conocí, pero ésta es de las pocas novelas que me ha acompañado en un viaje largo sin permitirme pegar los ojos un minuto. Uno de mis sueños más locos consiste en coleccionar todas las ediciones que existan de 2666.

DL:  ¿En qué momento de tu vida decidiste incorporar la lectura como un acto cotidiano?

EG: Me ha acompañado desde que aprendí a leer, ha sido lo más extraordinario que me ha ocurrido en mi vida. Naturalmente el nivel de lecturas fue variando conforme crecía, aunque fui una niña precoz que leía pornografía del siglo XVIII a los trece años, la famosa “Memorias de una pulga” y algunas cosas del Marqués de Sade que a veces me asqueaba… pero sí, era bastante morbosilla. Antes leía mucho más por razones de trabajo y de compromisos familiares, pero aún así no soy lectora de un solo libro: precisamente por mi trabajo periodístico, leo por lo menos tres al mismo tiempo, hasta más.

Horizontum. Eve Gil. “En literatura lo importante no es el realismo sino la verosimilitud”DL: ¿Siempre deseaste ser escritora o qué otro trabajo te hubiera gustado desempeñar?

EG: Lo primero que quise ser fue piloto de avión. Cuando me convencieron de que las mujeres no podían hacerlo –aunque, por supuesto, ya lo hacen- entonces decidí que sería azafata, pero esa inclinación vocacional me duró hasta que descubrí los libros y más o menos a los siete, ocho años empecé a decir que sería escritora… y aquí me tienen. También me hubiera gustado ser cantante -es un talento desperdiciado que tengo – o psiquiatra, pero me da flojera pensar que para llegar a serlo tengo que estudiar medicina antes.

DL:  Si vivieras en otro país, que no sea tu tierra natal (o si lo estás haciendo) ¿qué otra profesión u oficio te interesaría realizar?

EG: Estoy convencida de que hubiera sido escritora aunque me hubiera tocado nacer en China y me viera obligada a emigrar para sortear la censura o en Corea del Norte o en cualquier país donde escribir esté sujeto a vigilancia. Pero también estoy convencida de que si hubiera nacido en Finlandia, Suecia, Alemania o Francia, o alguno de esos países con alto índice de lectores, tendría condiciones de vida y trabajo mil veces más humanas y satisfactorias. Aquí en México le tengo que robar un cachito al tiempo y al trabajo periodístico para escribir una novela, y lidiar con gente considerada experta, crítica e infalible que no saben nada del oficio y la verdadera vocación de un escritor.

DL:  ¿Qué es lo que te hace dejar la lectura de un libro?

EG: Son varias cosas. Suelo ser bastante tolerante, incluso, a diferencia de otros críticos –porque también soy crítica – procuro no clavarme en los fallos, pero lo que definitivamente me ha llevado a arrojar algunos libros muy lejos, son, en primer lugar, la falta de conexión con el texto, es decir, que no me creo nada, que lo siento falso. También detectar en el discurso ese tufillo de superioridad intelectual, moral y elitista típico de los escritores convencidos de que son elegidos de los dioses y seres especiales. Amo la prosa poética, pero deploro el preciosismo que deja totalmente de lado lo más importante de una novela que debe ser el argumento y sus personajes.

DL:  ¿Qué lugares son tus preferidos para leer, ya sea en tu casa o fuera de ella?

Horizontum. Eve Gil. “En literatura lo importante no es el realismo sino la verosimilitud”EG: Me encantan las cafeterías. No cualquiera, por supuesto. Hay algunas cuyo ambiente invita cordialmente a la literatura. No sólo me gusta leer en cafeterías, también escribir. Los murmullos de la gente no me molestan en lo absoluto, a menos que aparezca uno de esos eventuales tipos exhibicionistas que hablan a gritos. Y aunque no sean precisamente lugares favoritos para leer, lo hago en el metro, en las colas, en los consultorios; en los aviones y los autobuses me quedo dormida, pero aun así acarreo uno o varios libros, aunque sea como compañeros de viaje.

DL:  ¿Tienes alguna bebida favorita mientras lees, cuál y por qué?

EG: Capuccino y té chai. Es una combinación tan mágica como la de las palomitas y el cine.

DL:  Cuéntanos algún dato curioso de ti como lector.

EG: Generalmente leo en lugares públicos, como comentaba hace un momento y de pronto se me olvida y empiezo a dialogar en voz alta con el libro y me carcajeo y suspiro, es decir, olvido por completo donde me encuentro. Otra curiosidad es que cuando leo o escribo en mi casa, no puedo hacerlo sin música. Hay escritores que detestan el ruido y buscan lugares sumidos en el silencio, yo no podría leer en esas condiciones, nunca he conseguido concentrarme en una biblioteca, por ejemplo. El silencio absoluto me pone demasiado ansiosa, no lo soporto. Eso sí: no cualquier música, ni en volumen demasiado alto. Ahora mismo, mientras respondo este cuestionario, escucho a Myléne Farmer: muy inspiradora. Cuando era más joven era capaz de escribir mientras veía la televisión… a veces lo consigo, pero es una facultad que he ido perdiendo a lo largo de los años.

Diana López

Diana López

Comunicóloga y etnohistoriadora. Se ha desempeñado como promotora cultural independiente, RP para editoriales y eventos culturales. Fue coeditora web en la sección cultural del periódico Reforma y paleógrafa del Archivo General de la Nación. También ha sido asesora pedagógica de fomento a la lectura. Oficio que mejor la define: mochilera.