En Francia fracasó la izquierda En Francia fracasó la izquierda
En Francia perdió la izquierda. Y lo hizo de múltiples maneras. Desde el estrepitoso descalabro electoral, protagonizado por el Partido Socialista; hasta moralmente, con... En Francia fracasó la izquierda

En Francia perdió la izquierda. Y lo hizo de múltiples maneras. Desde el estrepitoso descalabro electoral, protagonizado por el Partido Socialista; hasta moralmente, con Jean-Luc Mélenchon, candidato presidencial de la organización Francia Insumisa –whatever that means -, al postergar su decisión sobre si apoyaría a Marine Le Pen, del ultraderechista Frente Nacional, o al gatopardismo de Emmanuel Macron, de la plataforma política ¡En Marcha!, ambos contendientes inevitables para la segunda vuelta electoral.

En efecto, con su calculada indefinición, Mélenchon abrió un incómodo compás de espera que pone en entredicho la distancia que, al menos teóricamente, debería alejarle de los postulados programáticos del Frente Nacional. “Los extremos se tocan”, reza el viejo adagio político para dar cuenta del espejo inevitable en el que todos los radicalismos –de izquierdas y derechas- se miran y se parecen.

Horizontum. En Francia fracasó la izquierda

Ambos, Mélenchon y Le Pen, apelan al antieuropeísmo y proponen la salida de Francia de la Unión Europea (UE); tienen, además, al proteccionismo como respuesta omnisciente para la brega económica y en el robustecimiento al Estado la cara apuesta de su propuesta social. Por si fuera poco, el foco electoral de ambos está puesto en las comunidades obreras arrasadas por el capitalismo salvaje. Sólo en ello se explica la lógica interna del ultraizquierdista: una similitud tan evidente hace coherente el trasvase de seguidores. Del ultraizquierdismo al ultraderechismo sólo hay un par de siglas. Cosas de la gran familia ultra.

La actitud de Mélenchon contrasta con el otro gran derrotado de las elecciones francesas: el Partido Socialista (PS). El fracaso del PS es, paradójicamente, del tamaño de su exiguo resultado; apenas el 6.35% le apostaron a su candidato, Benóit Hamon. La sangría de electores es aún más crítica si se apela a que el PS es el partido de Francois Hollande, el partido en el poder.

A pesar de la ambigüedad ideológica de Mélenchon –o, quizá, políticamente incorrecta sinceridad-, el favorito para franquear las puertas del Elíseo es Macron. El joven político, de apenas 39 años, que tuvo el zorruno desplante de dar cabida a en su programa a las más disímbolas posturas, aflojando el duro corsé ideológico que, de tan holgado, lo resguarda equidistante de las polémicas. Ni de izquierdas ni de derechas, Macron es un centrista radical.

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Crítica circunstancia para la izquierda electoral francesa, situarse en el sótano de las preferencias electorales y a un costado de la derecha ultramontana. Así pues, si Mélenchon porfía en su posición y decreta, previa consulta a las bases de Francia Insumisa, que sus votos están con Le Pen, el asesinato moral de la izquierda será concretado, con el agravante de que su dócil asimilación en los inciviles dictados de la reacción serviría, necesariamente, de referencia para algunas izquierdas radicales europeas. Si se quitó la careta uno, bien podrían hacerlo los demás.

Sea cual fuere la decisión última de Mélenchon, demorada por puro cálculo para obligar a Macron a ceder en posiciones, o fincada en la convicción de un posible hermanamiento con Le Pen, la mezquindad del izquierdista no pasará desapercibida.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.