En exclusiva para Horizontum: “Es perfectamente posible hacer la paz hasta con el peor de tus enemigos”, asegura hijo de Pablo Escobar En exclusiva para Horizontum: “Es perfectamente posible hacer la paz hasta con el peor de tus enemigos”, asegura hijo de Pablo Escobar
Si en su primer libro, “Pablo Escobar, mi padre” (Planeta, 2014), Juan Pablo Escobar relató diversos episodios que vivió y conoció al lado del... En exclusiva para Horizontum: “Es perfectamente posible hacer la paz hasta con el peor de tus enemigos”, asegura hijo de Pablo Escobar

Si en su primer libro, “Pablo Escobar, mi padre” (Planeta, 2014), Juan Pablo Escobar relató diversos episodios que vivió y conoció al lado del narcotraficante más célebre de la historia, en su más reciente obra busca, mediante otros testimonios, revelar fuentes y conexiones que hicieron posible su enorme poder económico, político y militar. Sin embargo, también busca la comprensión y reconciliación con varios personajes que fueron enemigos y víctimas de su progenitor.

Horizontum. Juan Pablo Escobar. En exclusiva para Horizontum: “Es perfectamente posible hacer la paz hasta con el peor de tus enemigos”, asegura hijo de Pablo Escobar

Fotografía de Valeria Cuatecatl

El autor (quien, por la persecución que ha vivido durante más de dos décadas, tuvo que cambiar su nombre por el de Juan Sebastián Marroquín Santos) explica a Horizontum las razones de publicar “Pablo Escobar  in fraganti. Lo que mi padre nunca me contó” (México, Planeta, 2017): “Mi compromiso al escribirlo tiene que ver con la verdad de lo que ocurrió en el pasado, y creo que en esta segunda oportunidad tengo la opción de acercarme a los peores enemigos de mi padre para que ya no fuera solamente mi propia visión sobre él sino la de quienes más lo odiaron, y también la de quienes le sobrevivieron como enemigos tras haber sido sus socios en el pasado, sus amigos y posteriormente también sus enemigos”.

El autor recalca que el enorme poder del que disfrutó no fue cimentado sólo en Colombia: “Este libro pone por lo menos una carga extra en la balanza en que se mostraba a Estados Unidos como aparentemente infalible en materia de corrupción, y pienso que estas historias demuestran muy claramente que son tan corruptos como lo somos otros. No es asunto de entrar en comparaciones ni de decir quién es más bueno y quién es más malo, simplemente creo que este tipo de historias ayudan a reactivar el debate, que deberíamos tener como sociedad, de la inconveniencia de perpetuar más aún el prohibicionismo de las drogas, esta lucha desenfrenada y violenta”.

Sobre este punto pone énfasis: “En la medida que se le declara la guerra a lo que sea, sean las drogas, la pizza o los tacos, vas a tener violencia inmediatamente. En la medida que no encontremos otra salida, vamos a tener para rato historias como las de Pablo Escobar porque se renuevan: puedes matar a todos los narcotraficantes pero al otro día habrá otro con la misma oportunidad y capacidad de hacerlo”.

Entonces enuncia una solución: “Yo creo que es momento de que empecemos a pensar en declararle la paz a las drogas”.

Sobre la legalización pone el ejemplo del estado de Colorado, en Estados Unidos, cuyo gobierno tiene “un billón de dólares” por el impuesto de la mariguana: “Ese dinero podría estar en manos de un cártel de la droga, pero está en manos de un gobierno. Eso no quiere decir que los políticos no sean delincuentes porque muchos a veces se comportan como tales, pero es preferible que esté en manos del Estado y que la sociedad pueda servir como garante de ver qué destino se le dan a esos fondos, que pueden ayudar con la disminución del consumo, con la educación de los chicos, con centros de rehabilitación y con atender tareas que hacen que la sociedad tenga que recurrir menos a las drogas”.

Pero para solucionar el problema no basta con la legalización, sino que gobiernos y sociedades deben utilizar una herramienta: la educación, “que está subvaluada y que no es tenida en cuenta, pero tiene enorme poder sobre cómo nos forman a nosotros como personas, como seres humanos. Tampoco los padres están capacitados para educar a sus hijos y formarlos en materia de prevención y ayudarles a que decidan elegir no a la droga en el momento en que se las ofrezcan.

“Creo que el problema de las drogas va a seguir, prohíbanse o no, porque la gente se las va a arreglar para comprarlas y consumirlas.

“Entonces es un problema de educación y de límites de la sociedad, pero no lo solucionaremos con ametralladoras: ya vimos los resultados cuando las utilizamos para decirle a la gente lo que puede consumir y lo que no. Así salen a la luz historias como la de Pablo Escobar”.

Horizontum. Juan Pablo Escobar. En exclusiva para Horizontum: “Es perfectamente posible hacer la paz hasta con el peor de tus enemigos”, asegura hijo de Pablo Escobar

Fotografía de Valeria Cuatecatl

 

PABLOPOLÍTICA

Una parte importante del libro está dedicada a la política en la época de Pablo Escobar, en la que tuvo diversas implicaciones: desde haber sido electo como suplente a la Cámara de Representantes hasta el asesinato de Luis Carlos Galán, candidato a la presidencia de Colombia. Su carrera política se vio truncada por las denuncias del periodista Guillermo Cano, director de El Espectador, y por la persecución que sobre él ejerció Rodrigo Lara Bonilla, quien fue ministro de Justicia. Ambos murieron asesinados.

Sobre esta faceta de su padre, Juan Pablo Escobar comenta que se conoce poco de ella: “Sabemos más de los cárteles norteamericanos que de la pablopolítica en Colombia: no tenemos idea de nada, y no creo que vaya a cambiar mucho. Me imagino yo que conocen el riesgo que implica abrir una investigación para entender verdaderamente las redes de Pablo Escobar y la política en Colombia”.

Sin embargo, la figura del Patrón ha tenido sus usos: “Siempre se ha utilizado su nombre para manchar a determinados personajes; a lo que me opongo es a que se utilice el nombre y la historia de mi padre para salir a enlodar a quienes probablemente estén sucios, pero por otros pecados y otros delitos. Dicen ‘armemos una causa a fulano de tal y digamos que era amigo de Pablo Escobar y metámoslo a la cárcel’. Con eso no estoy ni estaré nunca de acuerdo”.

Juan Pablo Escobar, quien es arquitecto y diseñador industrial, es lapidario en el pie de una foto del libro: “La política fue la perdición de mi padre”. Al ser cuestionado sobre ello, responde: “Él quiso ingresar a una mafia que estaba mucho mejor organizada que la que él dirigía. Con respeto por los pocos políticos honestos que debe haber por allí, para mí la política es la auténtica delincuencia organizada. Ellos sí están bien ordenados”.

RECONCILIACIÓN Y PAZ

Otro aspecto que preocupa es la forma en que Pablo Escobar ha sido representado en película y varias series de televisión, como Narcos, de Netflix. Al respecto en el libro escribe que es “una historia digna de ser contada, pero jamás imitada”, a lo que en la conversación añade que “ni mucho menos glorificada, que es allí donde radica la diferencia entre la manera como yo cuento las mismas historias”

Horizontum. Juan Pablo Escobar. En exclusiva para Horizontum: “Es perfectamente posible hacer la paz hasta con el peor de tus enemigos”, asegura hijo de Pablo Escobar

Fotografía de Valeria Cuatecatl

Recuerda que antes de la filmación de la primera temporada incluso ofrecieron a Netflix la apertura del archivo familiar, pero que no les interesó, y agrega: “Yo no me opongo a que se cuenten las historias, y creo que hay que hacerlo; la peor idea es no relatarlas. Pero si se hace glorificando la actividad criminal de mi padre, y si se crea, a través de las licencias que te da la ficción, una especie de superhéroe, se genera una nueva generación de jóvenes que tienen el deseo de convertirse en narcotraficantes. Así, estarán dispuestos a lo que sea con tal de meterse al narco, porque la imagen que tienen del traficante es de un ser todopoderoso al que las balas nunca tocan, que nunca llora, que siempre está rodeado de chicas bonitas, de mansiones y de cosas maravillosas”.

Así, cuenta que ha recibido mensajes incluso de países tan lejanos como Nepal en la que los jóvenes le manifiestan que, tras ver la serie, quieren ser como Pablo Escobar: “Les parece que es cool, una idea muy buena. Eso es grave”.

A eso se opone con sus libros, lo que le trae un buen recuerdo: “Hace poco presenté este libro en Buenos Aires; entre 300 personas un adolescente se puso de pie y me dijo: ‘Quiero contarte cómo supe yo de tu papá: yo tenía 8 años cuando vi a mi abuela mientras miraba la televisión, y allí estaba la imagen de tu padre. Entonces pregunté quién era ese señor’. Enterado, se volvió un fanático de esa historia; ahora tiene 13 años. Es decir, hace cinco años que está en su cabeza Pablo Escobar como su gran tema. Me dijo: ‘Todas las veces que vi las series y que leí todos los libros, siempre quise ser como tu papá, hasta que leí tus dos libros. Entonces quise ser un periodista y no más un mafioso’”.

Al respecto también está el documental “Pecados de mi padre”, que a Juan Pablo Escobar le sirvió para escribir un par de libros y le abrió las puertas para la reconciliación: “Al margen de decir ‘mi documental’, estos libros también los escribí para marcar cuán capaces somos los seres humanos de reconciliarnos, independientemente de las historias de violencia que nos unan”.

Así, en su segundo libro el autor presenta conversaciones con, por ejemplo, Aaron Seal, hijo de Barry Seal (piloto estadounidense al servicio del Cártel de Medellín, y al mismo tiempo agente encubierto de la CIA e informante de la DEA, quien fue asesinado por órdenes del Patrón), y con William Rodríguez Abadía, hijo de Miguel Rodríguez Orejuela, uno de los jefes del Cártel de Cali y enconado enemigo de Pablo Escobar.

Sobre esos encuentros el autor comenta: “Tienen un enorme significado, porque es el ejemplo de que no solamente los colombianos (porque nuestros peores enemigos somos nosotros mismos) podemos reconciliarnos, sino también de que podemos hacerlo con los que están fuera.

“Creo que este libro retrata esa gran capacidad que tenemos los seres humanos de reconciliarnos a pesar de una enorme historia de violencia que nos puede conectar, como son no sólo los casos de William y de Aaron, sino también el de Ramón Isaza, jefe paramilitar, y su hijo.

“Considero que esto muestra que la paz no es una teoría sino que es algo que podemos lograr perfectamente, que no es una utopía de la que siempre estamos en busca, pero no logramos alcanzarla.

“Este libro muestra que sí es perfectamente posible hacer la paz hasta con el peor de tus enemigos”.

Ariel Ruiz Mondragón

Co-editor de la sección de cultura de Milenio Diario.