En Edomex la moneda electoral está en el aire En Edomex la moneda electoral está en el aire
Entre encuestas falsas pero virales, acusaciones y denuestos, la elección en el Estado de México se perfila entre las más reñidas de la última... En Edomex la moneda electoral está en el aire

 

Entre encuestas falsas pero virales, acusaciones y denuestos, la elección en el Estado de México se perfila entre las más reñidas de la última década. En realidad, en el contexto local, los comicios del próximo 4 de junio son los más competidos en varios años. Por lo menos 80, dado el férreo control político que el PRI ejerce sobre el que es -¿dejará de serlo?- uno de sus bastiones electorales más sólidos.

Sin embargo, esa condición no es, como quedó demostrado en las elecciones del 2016, garantía de nada. Aquél junio, el PRI –el partido en el poder- encajó una derrota histórica. Siete de las 12 gubernaturas en juego pasaron a la oposición. En cuatro estados –Quintana Roo, Durango, Veracruz y Tamaulipas-, el tricolor había gobernado, ininterrumpidamente, casi 86 años. Una circunstancia muy similar a la que se verifica en el Estado de México.

Aunque posible, la alternancia mexiquense es un albur del caprichoso ánimo ciudadano. La más reciente encuesta que revela el pulso electoral en el Estado de México, publicada por el diario El Financiero, el pasado 24 de mayo, coloca a Alfredo del Mazo, candidato del PRI a la gubernatura, cinco puntos porcentuales por arriba de Delfina Gómez, candidata de Morena.

Con 34% de intención de voto, frente al 29% de Morena, Del Mazo parecería el ganador natural de la contienda. No obstante, el alto número de potenciales electores indecisos anuncia un panorama enrarecido y expectante. Dos de cada diez encuestados no especificó el destino de su voto.

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En últimos años, en México y en el mundo, ese bloque de electores indecisos o, mejor dicho, que ocultan su inclinación política, ha terminado por definir el resultado electoral final. En el 2016, durante la elección presidencial estadounidense, un voto oculto que nunca se hizo visible en los ejercicios estadísticos convocados acuciosamente, decidió el triunfo de Donald Trump. Algo semejante ocurrió, también, durante el referéndum convocado en la Gran Bretaña para decidir su membresía en la Unión Europea. El desenlace de la historia es bien conocido.

Situaciones semejantes se replicaron en México, precisamente en el 2016, annus horribilis para el priismo. En Tamaulipas, Durango y Quintana Roo, por lo menos, ese voto agazapado apaleó los cálculos priistas más conservadores.

Ahora bien, es por lo menos poco probable que ese 20% manifieste un comportamiento errático o contradictorio a las claras tendencias que ya se definen como sólidas. A saber, que su decisión final se decante por los rezagados en la carrera mexiquense: Juan Zepeda, del PRD, y Josefina Vázquez Mota, del PAN.

Aunque entusiasmado por su súbito crecimiento –los primeros sorprendidos por su desempeño fueron los perredistas, de capa caída desde la constitución de Morena-, Zepeda registra una intención del voto del 19%, es decir, ocupa el tercer lugar de las preferencias. En tanto, Josefina Vázquez Mota –otrora puntera de la contienda- mantiene un testimonial cuarto lugar, con el 13% de los potenciales votos.

Así pues, la incertidumbre, esa incómoda pero inevitable huésped de las democracias, se pasea gustosa entre las expectantes filas partidistas. No es para menos. El Estado de México, al menos para el grupo político que con Enrique Peña Nieto se asentó en la administración federal, es su coto de poder fundacional. Y ahora, el próximo 4 de junio, podrían perderlo. O quizá no.

Al menos para el sistema político mexicano, ejemplo de estabilidad y reconfiguraciones constantes, la incertidumbre es una variable desconocida. Las próximas elecciones en el Estado de México serán una ventana ideal para estudiar el desempeño de esa novedosa visitante que llegó para quedarse.

Como sea, la moneda está en el aire.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.