El rechazo a la desigualdad nos viene por genética El rechazo a la desigualdad nos viene por genética
Aunque los humanos rechazamos la desigualdad, un estudio muestra que también sentimos una aversión generalizada a los cambios en la jerarquía social. El rechazo a la desigualdad nos viene por genética

Aunque los humanos rechazamos la desigualdad, un estudio muestra que también sentimos una aversión generalizada a los cambios en la jerarquía social.

Según un artículo publicado en la revista Nature Human Behaviour, la evolución de la desigualdad en los últimos siglos muestran un incremento paulatino que sólo se ha revertido durante grandes catástrofes.

Es decir, pese al rechazo que manifestamos hacia las desigualdades sociales, en la práctica, nuestras sociedades tienen una tendencia natural a la concentración de recursos.

La investigación también muestra que parte del motivo por el que la desigualdad pervive, pese a que no le guste a casi nadie, también puede estar en otro factor asociado a la riqueza, la jerarquía.

El rechazo a la desigualdad nos viene por genética

Esto se demostró en el referido estudio, que el grupo de investigadores liderado por Xinyue Zhou, de la Universidad Zhejiang en Hangzhou (China), realizó a partir de  con más de mil personas de India, China y EE UU.

En los juegos, los participantes debían redistribuir pequeñas cantidades de dinero que habían sido repartidas de forma desigual entre dos personas. Y sí, los experimentos, cumpliendo con el gusto humano por la equidad, tendieron a reducir desigualdades, pero no hasta el punto de hacer rico al pobre y pobre al rico, afirmaron los expertos.

Según comentaron, sólo un 23,1% de los participantes aceptó la redistribución siempre y cuando no se rompiese el status quo.

El rechazo a la desigualdad nos viene por genética

Pero cuando redistribuir las posesiones de cada individuo en la cantidad propuesta por los investigadores llevaba a revertir la jerarquía inicial, un 55,2% de los participantes prefirió no hacerlo.

Comenta el equipo de investigadores que esta aparente contradicción humana entre el rechazo a la desigualdad y a revertir las jerarquías, puede servir para comprender mejor por qué en ocasiones políticas públicas que pueden reducir la disparidad de ingresos en una sociedad cuentan con una férrea oposición, incluso cuando no perjudiquen a los que tienen más.

Por ejemplo, algunos estudios anteriores demuestran que la gente que gana justo por encima del salario mínimo es la que más probabilidades tiene de oponerse a que ese salario mínimo se incremente, por miedo a perder su propio rango.


La Redacción

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