El presidente  no se “puso los guantes” frente a Trump El presidente  no se “puso los guantes” frente a Trump
Enrique Peña Nieto ha sido particularmente cauteloso frente a Donald Trump y sus declaraciones antimexicanas y majaderas. Exasperantemente cauteloso. El presidente  no se “puso los guantes” frente a Trump

Enrique Peña Nieto ha sido particularmente cauteloso frente a Donald Trump y sus declaraciones antimexicanas y majaderas. Exasperantemente cauteloso. Sus comentarios respecto al magnate devenido en político, han pasado por el quisquilloso tamiz de la más arcaica formalidad priista, cultura de la que abrevó –como se ve- con particular avidez. Su comportamiento, frente a los excesos discursivos del inaudito presidente electo de los Estados Unidos, bien podría pasar por endeble, lacayuno.

Tanto lo es así, que en aquella infausta ocasión en que Donald Trump reafirmó su desprecio por México desde la sede del poder presidencial, Los Pinos, el presidente se avino en calificar las ofensas del ricacho como meras “malas interpretaciones” –

Por ello causó, por lo menos sorpresa, el tono pretendidamente rijoso que el presidente imprimió a sus palabras durante el tradicional encuentro anual con el cuerpo diplomático, reunido, para efectos de etiqueta, en el Palacio Nacional. Ante cónsules y embajadores, Peña Nieto pareció responder los exabruptos discursivos vertidos por Trump durante la mañana del 11 de enero, cuando insistió en construir un “muro” fronterizo por sobre todas las cosas.

El presidente dijo lo siguiente: “Impulsaremos una negociación abierta y completa. Todos los temas que definen nuestra relación bilateral están sobre la mesa, incluyendo seguridad, migración y comercio. En ningún momento aceptaremos nada en contra de nuestra dignidad como país, ni de nuestra dignidad como mexicanos”; y, entonado en su arranque patriótico, sentenció: “(…) es evidente que tenemos algunas diferencias con el próximo gobierno de los Estados Unidos, como el tema de un muro que México, por supuesto, no pagará”.

Hace cerca de dos años, Donald Trump orquestó su campaña por la presidencia de los Estados Unidos, bajo los humillantes marcos del insulto y la bravuconería. Desde el comienzo de su aventura por franquearse las puertas de la Casa Blanca, configuró un sólido mensaje xenófobo, en el que colocó, justo en el centro de sus obsesiones y pesadillas, la inmigración mexicana y al país mismo –en su papel de socio comercial- como los lastres favoritos y protagónicos en la trama de la decadencia norteamericana. Entonces, Enrique Peña Nieto se fundió con el silencio.

El presidente  no se “puso los guantes” frente a Trump

Absorto, el presidente miraba inconmovible el festín declarativo que Trump brindaba a sus simpatizantes, a costa de la antes recia y respetada imagen de México ante el mundo. En su descargo, podría argüirse que el magnate, apenas comenzada la carrera presidencial en Estados Unidos, era tomado con, por decirlo suavemente, cierta ligereza. Nadie podía anticipar –quizá únicamente Jeff Sessions y compañía lo tuvieran claro- el inaudito final que tendría el lance político del millonario. No obstante, justo cuando las amenazas y la zozobra se materializaban en una muy tangible candidatura republicana, el presidente, incompresiblemente, guardó silencio.

Pero más allá de la dejadez presidencial, está en ciernes la construcción de una pusilánime política exterior, de la cual será responsable el nuevo canciller mexicano y, entre otras cosas, aprendiz de diplomático, Luis Videgaray. De su actitud para con el gobierno estadounidense, baste enumerar los calificativos que dirigió a Donald Trump apenas un día antes de que este último refrendara el despropósito del “muro” fronterizo. En entrevista televisiva -en el espacio noticioso de Carlos Loret de Mola-,  el secretario de Relaciones Exteriores dijo percibir al empresario como un “hombre negociador” y “extraordinariamente amable” –minuto 17:50 del presente video:

Por todo ello, resulta por lo menos artificioso el desplante del presidente mexicano para reivindicar la golpeada imagen de México, ante los consistentes maltratos recibidos por Trump y su temible cuenta de Twitter, tan poderosa como para disuadir a empresas sólidamente constituidas –como la Ford Motor Company– en invertir en México. El mensaje que Enrique Peña Nieto vertió ante la diplomacia mexicana se encuentra, si acaso, desfasado por su tardanza, y empequeñecido por las circunstancias.

Propio del medio político que lo prohijó, el presidente Peña Nieto confunde la diplomacia con la genuflexión, y el servilismo como virtud. En su postura y camino le acompaña un canciller sin experiencia diplomática, dispuesto a invitar a un acreditado xenófobo, para calificarlo después, y sin rubor, como un hombre “extraordinariamente amable”. Helos ahí, enfrentados a una problemática que los rebasa, acudiendo a los reflejos políticos que en su carrera asimilaron como máximas indiscutibles, privilegiando la lealtad por encima de la capacidad, y, en su soberbia, asumiendo los aires necios de la infalibilidad.

Mientras tanto, el país expectante.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.