El presidente a la baja El presidente a la baja
Enrique Peña Nieto es un presidente devaluado. Apenas el 23% de la población aprueba su gestión al frente del poder ejecutivo. Es, de lejos,... El presidente a la baja

Enrique Peña Nieto es un presidente devaluado. Apenas el 23% de la población aprueba su gestión al frente del poder ejecutivo. Es, de lejos, el mandatario peor calificado desde 1995, año en que comenzaron a realizarse ejercicios demoscópicos similares. Desde la administración de Ernesto Zedillo, ningún presidente había registrado una calificación tan baja; ese es el contexto descrito por la encuesta  publicada el día de ayer -11 de agosto- por Grupo Reforma – http://gruporeforma-blogs.com/encuestas/- -.

Realizada entre el 4 y 7 de agosto, a 1,200 personas adultas, la encuesta revela una marcada tendencia a la baja en la aceptación de la administración peñanietista: hace casi 3 años -abril del 2013-, 42% de la población mexicana consideraba que el país iba por “buen camino”; sin embargo, ese porcentaje, a la fecha, se redujo en 32 puntos porcentuales, mientras que el número de aquellos que consideran que el país va por el “mal camino”, alcanzan ya el 76% de la población.

Poco a poco, el desgaste multifactorial del gobierno federal se hace evidente. Los escándalos de corrupción, el imbatible respaldo a gobiernos estatales acosados por las pifias y acusaciones contra sus mandatarios, una crisis de seguridad soslayada, pero latente, y la constante denuncia internacional por la incapacidad de las fuerzas del orden para actuar dentro de un marco de respeto a los derechos humanos; aunado a una política económica profundamente impopular, acechada por la amenaza  de la devaluación del peso frente al dólar, han cobrado factura en la investidura de Enrique Peña Nieto, para convertirlo en el presidente más impopular en los últimos 21 años.

A todo ello habría que sumar la impericia política de algunos miembros del gabinete federal para leer las coyunturas potencialmente conflictivas, tal es el caso del enfrentamiento entre la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y el gobierno central. En particular, la actitud mostrada en un primer momento por el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, quien al negarse insistentemente a discutir rubro alguno de la implementación de la reforma educativa, llevó al gobierno federal a una peligrosa encrucijada que lo ha enemistado con su aliado histórico: la iniciativa privada.

El presidente a la baja

Por otro lado, la plausible incapacidad para construir una política comunicacional menos defensiva y más eficaz, acorde a la compleja actualidad, sujeta a ciclos mediáticos tan reactivos como efímeros, obstaculiza la posibilidad de apuntalar una corriente de opinión pública favorable a sus intereses, más allá de los aliados habituales en la prensa o en la sociedad.

En efecto, uno de los más grandes escándalos mediáticos protagonizados por el actual gobierno fue, sin duda, la revelación de que el presidente de la República, junto con su esposa, poseían una lujosa casa cuya construcción corrió a cargo de Grupo Higa, uno de los mayores contratistas de obra en el actual sexenio. Para entonces, la “Casa blanca” de Peña Nieto había opacado, por completo, la agenda de comunicación gubernamental fuera y dentro de México. Cabe resaltar que el equipo periodístico que develó la trama del conflicto de interés, dirigido por la periodista Carmen Aristegui – titular de un popular programa radiofónico-, fue, a la postre, despedido por la empresa MVS, mientras que el programa de Aristegui terminó cancelado.

Fue el fin del “mexican moment”; la esforzada estrategia comunicacional que se ocupó de posicionar a México a la vanguardia de los países occidentales, gracias a las reformas estructurales recién aprobadas, se diluyó ante la imposibilidad  del equipo presidencial por atajar la crisis que, por abordarla superficialmente, creció hasta niveles inmanejables.

Pero no fue sino hasta dos años después, dos años después, que el presidente tuvo un posicionamiento lo suficientemente contundente al respecto: el pasado 18 de julio, a propósito de la promulgación de las leyes que conforman el Sistema Nacional de Anticorrupción, el presidente ofreció disculpas a la ciudadanía, a raíz del escándalo de la “Casa blanca”. Hasta hace poco, sus posiciones al respecto daban cuenta de la poca disposición presidencial para atajar las críticas generadas por el episodio; sin embargo, en esta ocasión sorprendió el tono de su discurso, la construcción de su mensaje.

La medida tenía por objeto inaugurar una nueva etapa en la estrategia comunicacional hasta entonces empleada; la impopularidad presidencial tornaba complicado el espacio de maniobrabilidad política de Peña Nieto, y al menos con esa disculpa se pensó en disminuir el malestar social generado. Sin embargo, dos años es demasiado tiempo para revertir una opinión pública macerada en escándalos de corrupción y muestras habituales de poca sensibilidad política. De acuerdo a la encuesta del Grupo Reforma, tras la disculpa  por la “Casa Blanca” el 59% de la población no modificó su opinión sobre el presidente, el 27% la empeoró, y sólo para un 6% mejoró.

Apenas el 9 de agosto pasado, el diario británico The Guardian publicó una investigación en la que denunció otro presunto conflicto de interés, protagonizado, de nueva cuenta, por la esposa del presidente, Angélica Rivera. En esta ocasión, un equipo de investigación reveló que Rivera dispone de un departamento de 2.05 millones de dólares, cuyo aval fue otorgado por el Grupo Pierdant, que busca ganar las licitaciones respectivas para hacerse de la administración de trenes y puertos en México. Un nuevo y desgastante ciclo mediático fue detonado.

Al parecer, ni siquiera la presentación de iniciativas que podrían ser calificadas como positivas por una parte de la sociedad, como la propuesta de reforma legal que permitiría el matrimonio entre personas del mismo sexo en todo el país, han resultado útiles para revertir la deteriorada imagen presidencial.

Hasta el momento, pocas son las salidas que se divisan en el horizonte político del presidente para dar marcha atrás a la dinámica de desgaste e impopularidad que le acompaña, mucho menos si cualquier iniciativa para hacerlo, viene acompañada de un nuevo escándalo de corrupción o de un presunto conflicto de intereses. La perspectiva política del presidente Peña Nieto, al corto y mediano plazo, no es halagüeña.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.