El peor alumno de la clase de periodismo El peor alumno de la clase de periodismo
Me he sentido apenado cuando en una conversación mis amigos hablan sobre la pasión que sienten por sus respectivas profesiones El peor alumno de la clase de periodismo

Me he sentido apenado cuando en una conversación mis amigos hablan sobre la pasión que sienten por sus respectivas profesiones (o cualquier cosa a la que dediquen su vida); pues el periodismo no genera en mí ninguna sensación especial. Incluso, podría decir que terminé en esto por mera casualidad.

Mi primer trabajo llegó gracia a que una compañera de generación en la universidad me lo ofreció. Era un puesto como editor en un pequeño semanario que ella había rechazado, ya que consideró que vender productos Omnilife y ser secretaria del director de un liga de futbol infantil podría dejarle más dinero (y seguro tenía razón). Acepté porque enfrentaba la crisis del que no sabe qué hará al terminar la escuela. Mi primer día en el periódico fue horas después de mi graduación. La única compañía que tuve durante ese sábado de guardia fue una cruda espantosa.

Antes de eso, mis recuerdos más lejanos que me vinculan con el periodismo, son las diferentes materias que cursé con Antonio González Vázquez (periodista de los de verdad) y las cuales reprobé absolutamente todas. Quiero pensar que no fue por falta de talento sino debido a mi poco interés. En una de ellas falté a 12 de las 18 sesiones que componían el semestre.

Cuatro años después, ahora imparto una de esas asignaturas que nunca pude pasar. Una prueba más de que el destino tiene sentido del humor.

El peor alumno de la clase de periodismo

En alguna de las ocasiones en que sí asistí, Toño me pidió leer un textos de una compilación de crónicas latinoamericanas. Estaba escrito por Juan Villoro y narraba el seguimiento a la caravana que hizo el Ejército Zapatista de Liberación Nacional a la Ciudad de México tras la victoria de Vicente Fox en el año 2000.

La calidad del texto, aunado a que por aquel entonces leí la novelacuentolargo de Villoro Llamadas de Ámsterdam y algunos de sus editoriales deportivos, hizo que mi percepción sobre la labor informativa comenzara a cambiar. Este descubrimiento me llevó a entender que el periodista puede tener tanta clase y relevancia social como lo deseé.

Recientemente recibí elogios de uno de los personajes de los medios que más respeto y aunque varios me parecieron desproporcionados, igualmente me hicieron sentir muy bien. No obstante, provocaron que volviera a cuestionar los motivos por los que elegí hacer esto.

La explicación no me resulta sencilla. Creo que podría estar vinculada a la falta de pasiones que antes mencioné. Esa falencia, combinada con la carencia de talentos naturales, me impidió ser un tenista, futbolista, abogado o cirujano. Ante ello el periodismo ha terminado por ser un conveniente refugio en el que puedo vivir de la euforia y las hazañas ajenas. <<¿Qué es un cronista (periodista) sino la sombra necesaria de un héroe en fuga?>>, escribió Villoro en un artículo sobre el futbolista Alberto Onofre.

 

Hoy ya no aspiro a ser un héroe deportivo, un científico que resuelva los problemas del mundo, ni un músico famoso. Solo espero que otros sí lo sean y que yo pueda escribir decentemente sobre ello.

Luis Moreno Flores

Luis Moreno Flores

Luis Moreno Flores es un periodistas mexicano, entusiasta de la comida callejera, fanático del rocanrol, los perros, la literatura de la onda, Donnie Darko, las Chivas y el Athletic de Bilbao. Actualmente reside en San Luis Potosí y es subdirector editorial del periódico La Orquesta.mx. luismorenoflores@gmail.com /@LuisMorenoF_