El oro, una industria destructiva El oro, una industria destructiva
El oro no es ningún superhéroe, al contrario. Entre las diferentes industrias que existen, muy pocas son tan destructivas El oro, una industria destructiva

El oro no es ningún superhéroe, al contrario. Entre las diferentes industrias que existen, muy pocas son tan destructivas, tan dañinas tanto para el medio ambiente como para las poblaciones, como es la industria del oro. El oro tiene valor a raíz de una convención social. No es un valor de uso, es un valor de mercado.

El oro no es un bien útil para satisfacer las necesidades humanas. Hay que saber los costos de extraer el oro. Hoy a nivel internacional se han agotado todos los yacimientos de alta ley de ese mineral. Los únicos que quedan son los de baja ley.  En estos yacimientos si en la extracción de una tonelada de tierra se puede encontrar medio gramo de oro, se considera viable la explotación. Para esas extracciones usan minería de tajo a cielo abierto. Todo el suelo se saca de estos yacimientos y se lleva a una montaña de desechos donde se utiliza una cantidad descomunal de agua, más de 2 mil litros por segundo. Esta agua la mezclan con cianuro de sodio. En  un día se puede utilizar hasta ocho toneladas de ese componente. Con esa agua cianurada bañan la tierra, la descomponen completamente. El cianuro se pega a las partículas de oro, que luego son sometidos a otros procesos para separarlos.

El problema es que se hace con todo lo demás. La verdad queda una pila de desechos que estas empresas no saben qué hacer con ellas. Son sumamente contaminantes.  Hay metales pesados, arsénicos, hay en muchos casos elementos radioactivos.

Son absolutamente insostenibles los mecanismos por lo que hoy en día se obtiene oro. Sacar oro es barato y las ganancias muy altas. Pero no se tienen en cuenta los daños. Se destruyen cerros, se cambia la geografía, se destruyen ecosistemas a gran escala.

No hay error más garrafal de una economía en desarrollo que basar todos sus planes económicos en un bien no manufacturado, ya sea hierro, plomo, cobre u oro. Las economías en desarrollo, entre las que se incluye México, no tienen control del mercado de esos bienes. No hay nada más volátil que el precio de un bien no manufacturado, una materia prima o como le dicen en inglés commodity. El mejor ejemplo es el petróleo. Cuántas economías, incluida la mexicana, le apostaron su desarrollo al petróleo, y hoy en día se han colapsado los precios, y los ingresos se han mermado de forma significativa, y se han tenido que recortar cantidad de programas sociales. Lo mismo sucede con el oro, aunque México no es dependiente del oro, pues la minería representa menos 0.9% del PIB.

Ahora de repente llega Bloomberg diciendo que es una buena apuesta, por supuesto que lo es, pero por cuánto tiempo.  Creo que será por un puñado de años otra vez, y entonces volveremos a tener una recesión de oro, cuando los precios caigan.


Francisco Cravioto

Francisco Cravioto

Maestro en Ciencia Política por el Colegio de México. Licenciado en Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). En Fundar es investigador del proyecto de industrias extractivas: trabajo de incidencia en temas de transparencia, acceso a la información, rendición de cuentas, participación ciudadana, protección al medio ambiente y defensa de derechos en la gestión pública de las actividades mineras.