El “muro” va El “muro” va
Donald Trump ha cifrado en la política migratoria el rubro medular, innegociable, de su joven administración. Con sus acciones, el presidente de los Estados... El “muro” va

Donald Trump ha cifrado en la política migratoria el rubro medular, innegociable, de su joven administración. Con sus acciones, el presidente de los Estados Unidos parece empeñado en vincular su exiguo capital político a la consecución exitosa de un plan migratorio oneroso y poco realista. Un plan, por cierto, que entre sus más caras disposiciones contempla la construcción de un “muro” fronterizo, símbolo de la voluntad delirante de un hombre escasamente dotado para la racionalidad propia del ejercicio de gobierno.

De acuerdo con el Departamento de Seguridad Nacional -DHS, por sus siglas en inglés-, la construcción del “muro” fronterizo comenzará en los enclaves de El Paso, Tucson y El Centro, correspondientes a los estados de Texas, Arizona y California. Del lado mexicano, el “muro” hará frontera con las localidades de Ciudad Juárez, Nogales y Mexicali, ubicadas  en las entidades de Chihuahua, Sonora y Baja California, respectivamente.

El “muro” va

Respecto al financiamiento del “muro”, la misma agencia gubernamental adelantó, por medio de un memorándum, que éste partirá, como se sabía, del bolsillo de los contribuyentes estadounidenses. No de los mexicanos. En efecto,  la DHS ordenó la “preparación de peticiones de presupuesto del Congreso para este año fiscal y para las siguientes”.

El costo del muro que, vale la pena remarcarlo, sufragarán los recursos públicos estadounidenses, ascenderá a los 21 mil 600 millones de dólares, una cifra sensiblemente lejana de los 8 mil millones que el propio Trump deslizó durante su campaña.

Aunque la redacción del memorando, respectiva a la fuente de financiamiento del “muro”, parece relativamente clara –su construcción será cubierta con recursos estadounidenses-, el riesgo de que Donald Trump adopte una “medida”, por más disparatada que esta sea, para que dicho pago se traslade a los bolsillos mexicanos no debe ser descartado. Si algo ha dejado en claro el magnate, en su breve paso por la administración pública, es que no tendrá empacho en exhibir su tortuosa manera de interpretar la realidad y los alambicados planes que desplegará para combatirla.

La deportación masiva

Además del comienzo formal de la construcción del “muro” fronterizo, y en la misma lógica persecutora que hasta ahora lo caracteriza, el gobierno estadounidense ha hecho públicas las nuevas directrices establecidas para la política migratoria. Y su perfil, por si alguna duda quedaba, es puramente coercitivo.

Más allá de endurecer la persecución contra la inmigración indocumentada con la contratación de 15 mil agentes adicionales, encargados de la seguridad interior, los nuevos lineamientos anticipan la deportación inmediata de aquellos inmigrantes con más de tres años en suelo estadounidense, y no sólo contra aquellos inmiscuidos en la comisión de delitos graves. “Todos aquellos que violen las leyes de inmigración –anticipa la Seguridad Nacional- pueden ser sujetos de los nuevos procedimientos, incluyendo la expulsión de Estados Unidos”.

El “muro” va

Para completar el oscuro cuadro, las medidas a ejecutar también elevan las penas a las que se hacen acreedores los padres de familia que promuevan la llegada de sus hijos a suelo estadounidense. El mito del american way of life ha quedado, finalmente, sepultado.

Como fuera, la política migratoria de Trump parece desplazar, abruptamente, las otras prioridades de su administración hasta ocupar un lugar central, protagónico, en la dinámica política estadounidense.

Hasta antes de Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, como cualquier otro jefe de Estado, desplegaba una colección de esfuerzos múltiples desde diversas esferas políticas, para empujar la agenda pública que a bien tuviera establecer. El cálculo respondía a una sensata y sencilla lógica: si en un campo las vicisitudes asfixiaban la culminación exitosa de una propuesta, desde otras tantas trincheras las iniciativas aún vigentes permitían la oportunidad adecuada para impulsarlas y, eventualmente, triunfar junto con ellas.

Con Trump, la dinámica de ese razonamiento se ha visto sensiblemente trastocada. Por lo hasta ahora visto, el nuevo presidente estadounidense apuesta con fuerza por sólo una medida política que, con seguridad, los más fieles de sus simpatizantes aplaudirán. Sin embargo, los riesgos de la monotemática adoptada por Trump pueden ser funestos -aún más-, para el desempeño de su gobierno y la dinámica de su sociedad, atomizada por el implacable factor racial.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.