El misterioso encallamiento de las ballenas El misterioso encallamiento de las ballenas
Cuando la semana pasada 300 ballenas murieron en Nueva Zelanda, los científicos alarmados comenzaron a cuestionarse porqué varan los cetáceos El misterioso encallamiento de las ballenas

Cuando la semana pasada 300 ballenas murieron en Nueva Zelanda, los científicos alarmados comenzaron a cuestionarse porqué varan los cetáceos, si el suicidio masivo no es una respuesta coherente con las leyes de la evolución.

Aunque mucho se especuló al respecto, la evidencia es aplastante. Según el diario El País, hasta la fecha se han registrado más de “11 mil casos de estas muertes masivas en el Reino Unido, muchos de ellos, en el río Támesis, desde solemnes orcas, pasando por enormes cachalotes hasta huidizos zifios”.

Entre las causas de los decesos, los expertos determinaron que los cetáceos varados fallecen al no poder soportar su peso, ya que la fuerza de flotación deja de intervenir en aguas poco profundas.

Asimismo, pueden fallecer deshidratados o ahogados cuando la marea sube y cubre sus orificios respiratorios.

Pero los biólogos marinos no consiguen dar una respuesta sobre la causa de estos fatales encallamientos.

Unos afirman que el uso de sonares en diferentes ejercicios navales interviene en la comunicación de los cetáceos confundiéndolos, estresándolos o hiriéndoles. Su teoría se basa en algunas hemorragias encontradas en los oídos de ballenas muertas tras el uso de sonares militares de alta potencia.

Otros biólogos marinos aseguran que el cambio en las condiciones ambientales, como las fluctuaciones de temperatura, la disminución de fuentes de comida o la aparición de contaminantes en el agua pueden modificar su comportamiento llevando a estos mamíferos hacia una playa sin retorno.

La edad, una enfermedad o una herida pueden intervenir en el desconcierto de las ballenas, así como otros factores como que en las pendientes de la costa o las playas de arena fina, su sonar no es suficientemente eficaz para detectar la aproximación a aguas superficiales.

Se especula, además, que debido a la posible detección del campo magnético utilizado en la navegación, las mareas extremas durante una luna nueva, las tormentas costeras e incluso las tormentas solares, son parcialmente responsables de su desorientación.

Pero la Bahía Golden de Nueva Zelanda es protagonista de un hecho que hace suponer un posible efecto dominó.

Dado que muchos cetáceos son animales sociales que viven en grupos y si uno se encuentra varado, otros acuden a ayudarlo desatando una catástrofe masiva.

En Farewell Spit, un delgado arco de arena que separa la bahía del océano abierto quedan atrapados los calderones entre enero y febrero.

Cuando más de 400 de estos animales quedaron varados allí recientemente, centenares de personas se unieron para salvar a los calderones.

Los socorristas lucharon contrarreloj para mantener a los supervivientes hidratados hasta que la subida de la marea permitió devolverlos mar adentro. No obstante, muchos de ellos murieron durante la espera y otros volvieron de nuevo a la playa al escuchar las señales de socorro de los que agonizaban en la arena.

El diario El País relata que en un final dramático, varios calderones sin esperanza tuvieron que ser sacrificados para erradicar la alarma que traía de regreso a los ya liberados, mientras una cadena humana se formó para impedirles el retorno a tierra firme.

La Redacción

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