El Licenciado Dámaso López El Licenciado Dámaso López
Dámaso López, presunto rey –ahora frustrado- del hampa mexicana, fue tomado preso por los servicios de seguridad mexicanos. Lo detuvieron en la colonia Anzures,... El Licenciado Dámaso López

“Sí señor, yo soy Dámaso,
soy hijo del Licenciado.
De Culiacán y mi gente,
siempre he tenido el respaldo (…)”

Fragmento del corrido “Dámaso”, de Gerardo Ortiz.

 Desde algún lugar de la pléyade chilanga, informo a mi coronel:

Dámaso López, presunto rey –ahora frustrado- del hampa mexicana, fue tomado preso por los servicios de seguridad mexicanos. Lo detuvieron en la colonia Anzures, aquí, en la pléyade chilanga. En un edificio como otros miles, en un departamento como otros cientos de miles. Días antes, en el programa televisivo de Carlos Loret de Mola, el rostro del “Licenciado” –alias académico e inusual- ocupaba la pantalla entera de los televidentes: en ellas aparecía, glotón, comiendo camarones y callos de hacha en una popular marisquería de la colonia Tabacalera. Adivinó, mi coronel, también aquí, en la Ciudad de los Palacios.

Al vuelo, me pregunto: ¿cuántos capos no me habré topado de frente?, ¿cuántos otros no vivirán en mi manzana?, ¿a cuántos no les di los “buenos días” en el metro?

Al “Licenciado” lo pescó el Ejército. No hubo tiros, no hubo balas ni cristales rotos. Pulso de cirujano, se diría.

Reporta el mismo periodista, en su columna de El Universal, “En helicóptero y swift, Dámaso se movía por la capital”, que para los servicios de inteligencia –y algo de eso sabemos, mi coronel- el nombre clave de don Dámaso no era “León” o “Tiburón”, códigos coherentes al nivel de importancia y peligrosidad del sujeto. Nada de eso. Al aspirante a la gerencia del Cártel de Sinaloa le llamaron “Cereza”. Descartaron, imagino, “Osito” y “Algodón”.

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Dice el reportero que Dámaso –“Cereza” no me gustó- se movía con soltura por las ruinosas calles de esta ciudad a bordo de un anónimo Suzuki Swift, al que, llegado el caso,  sustituía con un menos discreto helicóptero. “(…) a veces El Licenciado –escribió Loret- rentaba un helicóptero que lo trasladaba a un edificio en la zona de Interlomas, para de ahí llegar a Santa Fe”, pomadosos barrios del México de cristal.

El “Licenciado”, mi coronel, no nació el día en que fue apresado. Traía cola, una larga. Dámaso fue uno de los responsables que permitió la primera fuga de Joaquín Guzmán Loera del penal de –obviamente- alta seguridad de Puente Grande, en enero del 2001. Poco después, el investigado entró de lleno en la sólida estructura del Cártel de Sinaloa.

De tal forma se hizo indispensable en la franquicia criminal que, de ser un oscuro burócrata de la seguridad penitenciaria, pasó, tras la última aprehensión de Guzmán Loera, a disputar su control, con la consabida dosis de sangre y fuego que desplazamientos similares acarrea. No era para menos. Frente a él, los hijos del capo extraditado a Estados Unidos hacían frente a su ambición.

De un lado, los fusiles de Dámaso y, peligrosamente cerca –según la inteligencia-, los del cártel de moda, el Jalisco Nueva Generación; del otro, las armas de los hijos de Guzmán Loera y la fuerza declinante de Ismael Zambada. En medio, como siempre, una ciudad repleta de ciudadanos indemnes.

Malas noticias para ellos –todos nosotros-. Poco después de la detención, en improvisada entrevista, el general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa, dijo: “esperemos que decrezca un poco la violencia en Sinaloa, pero también puede seguir manteniéndose por la lucha del poder de las organizaciones.”

¿Quién ganó, mi coronel, si siempre pierden los mismos?

Hasta aquí mi reporte, mi coronel. Seguimos atentos e informando.

Filiberto García

Filiberto García, nació en la Ciudad de los Palacios, otrora México-Tenochtitlán. Formó parte, brevemente, de los servicios de inteligencia mexicanos.. Su paso en los entretelones del espionaje lo consignó un novelista de los buenos. Luego, Filiberto, herido por la abulia y temprano aburrimiento -su trabajo de espía no duró más que una novela- se dedicó a estudiar periodismo. Se le quedó lo de "mi coronel", y a él le escribe, periódicamente, uno que otro análisis. A veces escribe en serio. Pero siempre lo hace en “Horizontum”. Pura sátira.