El jipioso retorno del comandante Conejero El jipioso retorno del comandante Conejero
Hace más o menos 30 años, el comandante Emiliano Conejero rondaba por la programación de la estación radiofónica Rock 101 FM El jipioso retorno del comandante Conejero

Hace más o menos 30 años, el comandante Emiliano Conejero rondaba por la programación de la estación radiofónica Rock 101 FM resolviendo crímenes y viviendo la vida loca. Pero todo cambió cuando una orden de “arriba” ordenó la cancelación del programa. Tras estas largas vacaciones forzadas, el escritor veracruzano Jordi Soler vuelve a poner en servicio al bárbaro elemento de la ley en ¡Pinches Jipis! (Malpaso Ediciones), su más reciente novela, misma que nació hace algunos años como un blog digital que se recopiló como e-book.

El libro se publicó ya hace varios años como electrónico, ¿por qué sacarlo ahora en papel?

imageEs que es un proyecto que tenía desde hace varios años, desde que esta historia era una radionovela en cápsulas en la estación de radio donde trabajaba. Este terminó abruptamente y siempre tuve la idea de terminarlo en otro medí, por lo que empecé a publicar un blog más o menos con la misma idea. Pero vi que este era un vehículo complicado pues tus lectores no te siguen en el orden que quieres. A final de cuentas no salió muy bien y por ello junté todas las entradas y armé un que salió en la red.

¿Por qué terminó abruptamente?

Eso es habitual en los medios: un día el jefe dice se acabó, y se acabó. Desde entonces, justo hace más o menos de 30 años, la gente, primero por carta y últimamente por twitter, me preguntaba qué había pasado con aquel ilustre detective mexicano de la Ciudad de México. Todas esas preguntas al final fueron un aliciente para sentarme a escribir esta novela, en lo cual me divertí como loco.

En el comandante usa mucho twitter para sus casos. ¿Por qué agregar esta cuestión millenial?
Creo que, en las novelas, o por lo menos las mías, siempre ha existido una preocupación de que queden notas del tiempo en las que fueron escritas, me parece interesante que una historia este inmediatamente referenciada con la realidad en la que se está leyendo, por eso aquí aparece Twitter como en otras aparece Google.

¿Cuántos años tiene que el proyecto radiofónico terminó?

Fue entre el 85 y 86, o sea 32 años.

¿Por qué decidiste que el asesino tuviera la firma de la media azul con los ojos en la boca y todo eso?

Me parecía que aquello era muy visual, toda esta historia del libro la hable mucho con Santi Moix, un amigo pintor que ilustró un libro para niños hace unos años que se llama Noviembre y Febrerito. Durante ese proceso conversamos mucho de la historia de Conejero y seguramente por ahí salieron estos elementos muy visuales, la media azul, los ojos extirpados.

Actualmente la ciudad es muy peligrosa y uno ve las portadas de los tabloides de nota roja y ve todo menos la elegancia de lo que suscita esta imagen.

Si, efectivamente hay una estética de la violencia en la prensa de muy mal gusto. No quiero decir que la violencia tenga que ser de buen gusto, la violencia es la violencia en términos absolutos, no puede ubicarse fácilmente en términos estéticos, pero si es verdad que la prensa amarilla es tremendamente amarilla y yo en la novela trate de no entrar ahí, sobre todo porque no quería que se leyera como una denuncia a la violencia de la Ciudad de México, simplemente elegí al DF como territorio literario porque me apetecía regresar a él; hacía años que no escribía una novela que sucediera en la capital y mucho menos en clave chilanga.

Conejero, ¿cómo ha cambiado o si es que ha cambiado desde que terminó el proyecto radiofónico a este texto?

Ha cambiado. Para empezar, es un hombre mayor, un cincuentón, en aquel primer proyecto Conejero era un joven, seguramente porque yo era un escritor joven, ahora lo considero una torpeza porque ya era un detective con mucha experiencia y alguien así tiene que ser necesariamente un viejo, un hombre que ha resuelto muchos casos y que si ser muy instruido tiene una gran experiencia que le da el olfato que obliga a sus jefes a mantenerlo ahí a pesar de sus desmanes y su alcoholismo rampante.

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La relación con su hijo no es muy pintoresca

Uno de los temas de la novela es la paternidad. Esa sorpresa del padre que se ha divorciado de su mujer hace años con la que tuvo un hijo, el cual de pronto le llega e irrumpe a la mitad de su vida no está diseñada para acoger a un adolescente. La situación de conejero tiene que ver con el personaje, con su oficio, con el desequilibrio familiar que sufre este hijo, pero quitando estas hipérboles necesarias en la novela, no es más que el asombro que sentimos todos los padres al estar frente a nuestros hijos. Ahí hay un misterio que por más que se explica psicológicamente, biológicamente, nunca termina de quedar claro, como un hijo puede cambiarte la vida.

Tito, uno de los personajes, tiene nexos con los legionarios de Cristo

Esa una herida social abierta en México, toda la historia del padre Maciel y en general de las congregaciones religiosas, son un tema que en México no se pude tocar con mucha soltura porque inmediatamente te hacen callar. Pero creo que es un tópico en el que había que hurgar muchísimo más: yo estudié con los lazaristas y vi ahí historias tremendas del abuso de los niños…es un tema verdaderamente oscuro que se trata poco por los niños.

¿En la radionovela el oráculo de Conejero también eran los cassettes?

No, no sucedía. Me parecía que Conejero tenía que ser un resistente: se niega a tener un iPod, se niega al Spotify, al él le gusta que sus canciones estén en un soporte físico para que pueda meter las mano y agarrar un objeto, no seleccionar electrónicamente una canción, eso no tiene ningún sentido para él puesto que es un hombre reacio del siglo XX; a él le gusta oír su música en los cassettes como se hacían en el siglo XX.

¿Qué tan difícil crees que sea al menos en el caso de México escribir una novela negra sin que caiga en el narco?

Creo que es un ejercicio necesario, de hecho, Pinches hippies no cae ahí, está hecho a conciencia. Me parece que el narco ya dio lo que tenía que dar, de hecho, la realidad supera cada día a las novelas del narco. Pinches hippies desde ese punto de vista pues es una novela policiaca más clásica; hay cosas atroces por supuesto, pero no está montada en la corriente del narco y me parece que aun cuando es una parte ya indisociable de la realidad social mexicana, la literatura da para más. También creo que es una moda, es lo de hoy escribir sobre el narco, pero yo personalmente creo que hay otras maneras de abordar el género.

¿Por qué la llamaste Pinches hippies?

Es un proyecto con el que se entusiasmó mucho el editor español de Malpaso, esta novela salió primero en España, casi contra mi voluntad porque creo que es una novela escrita para la chilangada. Sin embargo, para mi sorpresa, en España se está leyendo con mucha naturalidad, “pinche” ahí significa otra cosa, a ti no te tengo que explicar porque digo “pinches hippies”, te queda claro, eres mi paisano, pero allá “pinche” no es una palabra tan habitual, y cuando barajábamos nombres dije se podría llamar así y los dos editores brincaron del asiento, dijeron: “ya está, no se hable más, es un nombre sonoro, redondo, corto, así no se llama nada en este país, así que pongámosle así”. A mí me divierte que se llame así, además, cuando empecé a escribir hubiera sido imposible publicar un libro con la palabra “pinche” en la portada, entonces me hace ilusión que en el siglo XXI ya hay más libertad.

Raúl Campos

Raúl Campos

Raúl Campos (Ciudad de México, 1992) Periodista cultural y fotógrafo documental (con licencia). Decidió adentrarse a estos medios por tres razones: 1. Cuando niño le regalaron una cámara fiestera desechable de instantáneas (eso me traumó). 2. Por su afinidad para escuchar y contar historias (quizás sirvió de algo). 3. Por querer entrarle al negocio familiar (ni hablar). Su trabajo se ha publicado en Revista Yaconic, Milenio Diario, Milenio Dominical y recientemente en algunas publicaciones de Editorial Notmusa y Horizontum. Asegura ser pionero del "Periodismo Kitsch".