El Frente Nacional por la Familia marcha contra el matrimonio gay El Frente Nacional por la Familia marcha contra el matrimonio gay
Lo primero que destaca son sus consignas, porque no lo parecen. Una es un rap improvisado que una mujer de voz perniciosa, desde un... El Frente Nacional por la Familia marcha contra el matrimonio gay

Lo primero que destaca son sus consignas, porque no lo parecen. Una es un rap improvisado que una mujer de voz perniciosa, desde un gran escenario a espaldas del Ángel de la Independencia, canta con inclemente insistencia. Dice la letra: “A ti que estás mirando/ Te estamos invitando/ También a tu familia, estamos apoyando”. Mientras despliega la potencia de sus agresivas cuerdas vocales, brinca y mueve las manos con espasmo. Baila rap.

En el escenario, junto a la mujer de la voz potente, un hombre anima a los concurrentes, pocos para entonces. Son las 13:05 horas y el sol agrede. Él también tiene algo que aportar al catálogo de consignas. Esta que ahora vocaliza, con educada voz de tenor, tiene la tonada de A la víbora de la mar. Dice así: “Una ideología nos quieren imponer/ No estamos de acuerdo, lo tienen que saber/ Será así hoy/ Será otro día /Será así siempre por la familia/ Ia / Ia / Ia”. No son todas las sorpresas.

En su esforzado diseño de consignas, una resulta desconcertante por sus antecedentes deportivos y populacheros. Los mismos dos personajes del escenario, en particular la mujer de la voz –que en esta ocasión hace cruenta gala de su capacidad pulmonar-, son los encargados de socializarla. Se trata de una adaptación al homófobo grito que antecede los saques de balón hechos por los porteros en los partidos de fútbol mexicano: el “¡eh, puto” habitual, es trastocado por un aséptico “¡eh!, familia”.

El Frente Nacional por la Familia marcha contra el matrimonio gay

Ésta fue la marcha culminante -la “Gran Marcha Nacional”, le llamaron-, convocada por el Frente Nacional por la Familia (FNF); organización civil creada a partir de que el presidente Enrique Peña Nieto, presentara ante la Cámara de Diputados una iniciativa legal para homologar el matrimonio civil igualitario en todo el país.

Aquí, en la Ciudad de México -la única ciudad, por cierto, que hace 7 años aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo y garantizó su derecho a adoptar-, el FNF proyectó concluir el ciclo de protesta que ha desplegado en todo el país, desde el 25 de mayo pasado, cuando se manifestaron frente a las oficinas estatales y nacional del Partido Revolucionario Institucional, hasta las 130 marchas simultáneas en diversos estados del país, el pasado 10 de septiembre.

Los días que precedieron esta marcha, fueron de intenso debate, de estrategias y posicionamientos mediáticos. El 22 de septiembre, el Frente Orgullo Nacional reveló a la prensa los nombres de algunos supuestos sacerdotes homosexuales: Diego Monroy, ex rector de la Basílica de Guadalupe; Hipólito Reyes, arzobispo de Xalapa; y Hugo Valdemar, vocero de facto de la Arquidiócesis de México, y visible opositor al matrimonio civil igualitario. Una concesión inopinada al sensacionalismo. Del  otro lado, el contragolpe tuvo tintes divinos, celestiales: el Papa Francisco, un día después de la marcha, respaldó a los “Obispos de México para sostener el compromiso de la Iglesia y de la sociedad civil en favor de la familia y de la vida”.

En eso están metidos: una batalla de pronóstico reservado.

El Frente Nacional por la Familia marcha contra el matrimonio gay

De poco en poco, los contingentes arriban a los pies del escenario. Por el micrófono, el hombre, que también baila rap, anuncia a voz en cuello, entusiasmado, el número de asistentes: “¡400 mil!”, grita. Pocos minutos antes, un joven voluntario me dice que “hasta hace una hora, eran 40 mil”. El FNF dirá después que en la Ciudad de México marcharon 276 mil personas.

Como sea, los 400 mil, 40 mil o 276 mil asistentes no parecen manifestarse. Más bien, lucen como invitados, elegantes la mayoría, a una gran comida familiar de domingo. Descartada está, pues, la usual combatividad de los inquilinos habituales de la protesta nacional en Reforma. Estos, aunque en un ecosistema extraño a sus usos y costumbres, tampoco pierden la oportunidad de innovar: un contingente desarrolla una coreografía, que al ritmo de un tambor desafinado, llega triunfal a Reforma. En esta avenida, usualmente, los contingentes –con granaderos a la distancia- sólo saben correr, pero aquí granaderos no hay, al menos no se alcanzan a ver.

En la banqueta, un individuo con el pantalón de mezclilla arremangado hasta el tobillo, botas negras de gruesa suela y un cráneo rapado y refulgente al sol,  sostiene un retrato de Edward Gibbon, el historiador inglés autor de la Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano. El cartel dice: “LA HOMOSEXUALIDAD, VICIOS Y RELIGIONES EXTRANJERAS ACABARON CON EL IMPERIO ROMANO (sic)”. Me explica que la ideología de género es “la relativización sexual (que es) decirle a un niño en el kínder que puede ser niño o niña. En México ya se están hormonizando (sic) niños que tienen confusiones sexuales. ¿Qué es la ideología de género? Baños mixtos, transexualismo, matrimonios gay, adopciones”; también, me dice que la afectación concreta que el matrimonio civil igualitario le provocaría al matrimonio “natural” sería la “extinción”.

El Frente Nacional por la Familia marcha contra el matrimonio gayLos contingentes siguen su andar cansino. Se ven muchos jóvenes entusiastas, acompañados de mujeres a punto de la insolación. Una monja de blanco camina con desgana. Hay un incoherente y fugaz vendedor de gorras verde olivo, con estampas del “Che” Guevara al frente; el comerciante, doy por sentado, no midió bien la clientela potencial del día.

Al menos un incidente infarta la vista de algunas asistentes. Un par de mujeres en bicicleta se besa frente a sus ojos. Un grupo de señoras, ya mayores, las señala y reclama, una más las bendice. La escena tiene lugar ante una valla de policías, uno de los cuales, prudente, habla en susurros: “Sí, protesten. Beso, beso, beso”, las miradas de su compañero lo callan.  Las chicas caminan, se toman de las manos y las alzan. Una mujer de suéter color salmón dice al verlas pasar: “Y esas, ¿qué son?”.

La manifestación acaba con el himno nacional. Como era de esperarse, la mujer de la voz contundente hace lo propio y atiza la sordera multitudinaria con una vigorosa intervención. La Gran Marcha Nacional concluye con un éxodo bíblico entre las calles de la transgresora Zona Rosa, mítico lugar de encuentro homosexual en la Ciudad de México.

En la esquina de Varsovia y Reforma, con una marchita bandera del arcoíris en las manos, un joven de lentes negros luce apesadumbrado. La gente que pasa lo mira con atención y alguna curiosidad. “¿Qué se siente tener esa bandera en esta marcha?”, pregunta la impertinencia, “pues es un orgullo, es un orgullo defender nuestros derechos siempre”, dice entre risas nerviosas.


Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.