El festín de los caifanes: Karla Jacinto, sobrevivir a 43 mil 200 violaciones  El festín de los caifanes: Karla Jacinto, sobrevivir a 43 mil 200 violaciones 
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El tráfico de mujeres en México para la explotación sexual se ha vuelto el segundo negocio más lucrativo después del narcotráfico El festín de los caifanes: Karla Jacinto, sobrevivir a 43 mil 200 violaciones 

El tráfico de mujeres en México para la explotación sexual se ha vuelto el segundo negocio más lucrativo después del narcotráfico. La mitad de las víctimas son menores de edad.

Un padrote no puede tener corazón de pollo, ni mucho menos enamorarse. El amor nunca es bueno para el negocio. Asesina cualquier sentimiento. Un padrote es un tipo de sangre fría y de fácil verbo, que sabe trabajar con la necesidad ajena. Hipnotiza como serpiente. Conquista por los oídos. Promete el cielo y la tierra. Es capaz de robar, en pocos meses, los sueños de sus mujeres y transformarlas en esclavas sexuales de por vida.

Para ser bueno hay que nacer en casa de padrote. Debe saber que primero hay que enamorar, conquistar, deslumbrar, enganchar. Los mejores son de Tenancingo, Tlaxcala. Ahí están los meros meros. Se dice que el rey se hace llamar Santísima Verga. El oficio se hereda de generación en generación. Aprenden del padre el arte de dominar a toda la que le parezca buena para el negocio. Mientras más niñas mejor.

También son buenos empresarios. Cada un cuarto de hora ganan dinero. No les pagan a ninguna de sus sexoservidoras. Ellas sólo están para generar capital. Para ayudarles a salir de su maldita “pobreza”.

El festín de los caifanes: Karla Jacinto, sobrevivir a 43 mil 200 violaciones 

Un padrote no perdona a quien intente salirse de su harén. Ninguna puede ser más fuerte que él. Se muere si se va. Para no hacer más la calle, hay que entrenar a otras chicas. Enseñarles cómo usar un condón y atender 25 o 30 clientes diarios, cada 15 minutos.

Es además un hombre con el olfato entrenado para encontrar a la mujer perfecta: la más vulnerable. Tratarla con mucha sicología. Convencerla de que él también es un alma en pena. Resulta el mejor de los manipuladores. Como buen caifán, recluta a sus víctimas en los lugares más pobres, donde la necesidad es tan grande que una mujer puede ser vendida y comprada. Sobre todo en las sierras, en las comunidades perdidas de Puebla, Oaxaca, Chiapas, Michoacán, Guerrero…

 CIFRAS DEL ESPANTO

El tráfico de mujeres en México para la explotación sexual se ha vuelto el segundo negocio más lucrativo, después del narcotráfico, según informe de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y el Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social (CEIDAS). Este fenómeno igual se vincula con la desaparición de féminas. Datos del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio exponen que en sólo nueves estados del país han desaparecido nueve mil 200 mujeres y niñas en los últimos años.

También resulta una de las mayores violaciones de los Derechos Humanos, una forma de esclavitud moderna y una de las caras más amargas de la violencia de género. El 82% de las víctimas en el país resultan ser mujeres y la mitad de ese porcentaje, menores de edad, según la Comisión Unidos contra la Trata.

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De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, este negocio mueve más de 32 mil millones de dólares por año en el mundo, además de que más de 12.3 millones de personas sufren situaciones laborales similares a la esclavitud. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia también aporta cifras escalofriantes: cuatro millones de personas alrededor del mundo son víctimas de la trata, la mayor parte son niñas, niños y mujeres. En América Latina, dos millones de menores son explotados sexual, comercial o laboralmente.

El gobierno mexicano ha reconocido que este delito continúa extendiéndose por todo el territorio, donde ya existe una estructura muy bien montada para trasladar a mujeres desde Tlaxcala, Puebla, Veracruz, Chiapas, Tamaulipas, Baja California, Chihuahua y Sonora hasta distintas ciudades de Estados Unidos, y desde la frontera sur a México. Esta situación está confirmada por la Fiscalía Especial para los delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas.

TENANCINGO,  DETRÁS DE LA PEQUEÑA MURALLA

Tenancingo pareciera otro pueblito perdido en la geografía mexicana, si no ostentara el título de “la capital de la trata de personas” de Norteamérica, concedido por el gobierno de los Estados Unidos. Según informe de su Departamento de Estado, “(…) es legendario en ambos lados de la frontera por la explotación sexual de mujeres y niños, personas de estados del centro y el suroeste de estados mexicanos y mujeres de antecedentes pobres de naciones centro y sudamericanas”, refiere su análisis.

Ubicado al sur del estado de Tlaxcala, le debe su nombre a la lengua náhuatl y significa “pequeña muralla”. Esa es la tierra natal de las familias más renombradas del mundo de los padrotes. Investigaciones del Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos han identificado como las más prominentes a la de los Romero, Guzmán, Notario, Rojas, Jiménez, Calderón, Flores, Zacatero y Carreto, quienes reciben la ayuda de pandillas locales conocidas como Los Negros, Los Romanes y Los Güeros.

De Tenancingo se cuenta que cuando muere un padrote se lleva a la tumba sus pertenencias más valiosas. También se dice que sus casas son disparatadas. Pueden tener tigres de bengalas, elevadores, gimnasio, sala de cine y piscina o ser un búnker subterráneo de hasta cuatro pisos y convivir con cerdos y gallinas. Hay hasta quien grabó en oro sus iniciales en el piso de la sala o edificó su morada toda de mármol.

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Nadie ha podido descifrar con exactitud cuánto dinero puede ganar un padrote en este negocio. Se han hecho algunos cálculos. Documentos judiciales registrados ante cortes en Estados Unidos han dado algunas referencias de sus ganancias. Mujeres liberadas de las redes que ellos operan transfronteras, en ciudades como Houston, New Jersey y Miami,  han confesado dar servicio hasta 40 clientes al día por 30 dólares cada relación. A la semana podrían ser unos 200. Al año podrían “producir” 288 mil dólares.

 LAS REGLAS DEL JUEGO

La magnitud de este negocio no sólo se entiende por la cantidad de dinero. También tiene un gran componente sociocultural. El antropólogo Oscar Montiel Torres ha realizado uno de los estudios más completos sobre esta problemática, que deriva hacia la esclavitud de personas para la explotación sexual, en pleno siglo XXI.

En su investigación Padrotes, Iniciación y Modus Operandi desnuda las herramientas psicológicas que utilizan estos proxenetas para enganchar a sus víctimas. Para Montiel, investigador del CIESAS,  para ser padrote hay que pasar por cuatro pasos: aprendizaje inicial; enseñanza de estrategias de reclutamiento; autodisciplinamiento de la subjetividad del proxeneta (para “matar el sentimiento” como una forma de tomar distancia de la mujer que prostituye); y finalmente la adquisición de mecanismos de control físico y psicológico sobre las mujeres a su cargo.

“Esta chamba es como cualquier juego, por ejemplo, las canicas. En este juego, como en cualquier otro, si quieres ganar tienes que aprender bien las reglas y estar actualizado en las nuevas tecnologías para estar a la vanguardia”, le confesó uno de sus testimoniantes.

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Rosi Orozco, presidenta  de la Comisión Unidos contra la Trata, luchadora incansable contra la explotación sexual de mujeres y niñas, reconoce que aún son insuficientes las acciones para erradicar este problema en México,  aunque no es el único que lo padece. El país es parte de toda una gran red de tráfico de personas que se mueve por distintas partes del planeta, reconoce.

Ella fue la impulsora de la Ley para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas de estos Delitos, la cual continúa vigente desde 2012. Lamentablemente la nueva legislación no ha puesto freno al fenómeno, aunque su organización ha podido ayudar a más de 170 víctimas a continuar con su vida.

SOBREVIVIR AL INFIERNO

Karla Jacinto es hoy una activista implacable contra la trata de mujeres y niñas. Ella fue violada 43 mil 200 veces después de haber caído en las manos de traficantes de personas. Tenía sólo 12 años cuando fue enganchada por un padrote de la comunidad de Zacatelco, en Tenancingo.

Por cada día de la semana debió atender unos 30 hombres. No importó incluso los meses más avanzados del embarazo de su primera hija.  “Ya hasta algunos clientes no querían estar conmigo, porque me veían muy panzona”, rememora ahora en las oficinas de la Comisión Unidos contra la Trata, donde desarrolla su activismo contra la prostitución infantil.

Karla reconoce que fue abusada desde que tiene memoria y que se sentía rechazada por su madre. “Vengo de una familia disfuncional. Fui violada y maltratada desde la edad de cinco años por un pariente”, cuenta.

A los 12 años prácticamente vivía en la calle y pudo ser blanco fácil con palabras amables. Recuerda que estaba en una estación del metro, esperando a unos amigos, cuando un niño que vendía dulces se le acercó y le dijo que alguien le estaba regalando un caramelo.

El festín de los caifanes: Karla Jacinto, sobrevivir a 43 mil 200 violaciones 

“Cinco minutos más tarde, un hombre mayor que yo me empezó a hablar y me dijo que era vendedor de autos usados. Fue muy afectuoso. Me contó que también había sido abusado cuando pequeño. Era bastante caballeroso. Una semana después me invitó a un  paseo y me deslumbró cuando lo vi conduciendo un Firebird Trans Am de color rojo. Cuando vi el auto no lo podía creer. Estaba muy impresionada por tan grandioso auto. Fue emocionante para mí. Él me pidió que me subiera al auto para ir a varios lugares”, cuenta.

A Karla no le fue difícil irse con su “nuevo amigo”. Su madre no le abrió la puerta una noche cuando llegó un poco tarde a la casa. “Al siguiente día me fui con él. Por tres meses me trató muy bien. Decía que me amaba, me compraba ropa, me daba atención, me traía zapatos, flores, chocolates, todo era hermoso”.

Pero algo siempre era extraño para Karla. Su novio solía dejarla sola en su apartamento durante una semana y los primos llegaban con nuevas chicas. Cuando finalmente tomó valor para preguntarle en qué tipo de negocio estaban, él le dijo la verdad. “Ellos son proxenetas”, respondió.

“Unos días después me empezó a decir todo lo que tenía que hacer con los clientes, las cosas que tenía que hacer con ellos y por cuánto tiempo, y cómo tenía que hablarles para que me dieran más dinero”, recuerda Karla.

Ese fue el inicio de cuatro infernales años. La primera vez que fue forzada a trabajar como prostituta la llevaron a Guadalajara. Su primer cliente vestía una camisa a cuadros y era mucho mayor que ella. Sólo recuerda eso. “Empecé a las 10 de la mañana y terminé a la medianoche. Tenía que cerrar mis ojos para no ver qué me estaban haciendo. Algunos se burlaron porque yo lloraba. Tenía 12 años”.

Después vendrían para Karla miles de experiencias en otras ciudades. La solían enviar a prostíbulos, moteles de carretera, calles conocidas para la prostitución e incluso casas. El trabajo era por siete días a la semana, sin feriados ni libres. Tenía que atender por lo menos 30 clientes diarios. No importaba que fuera dócil. Si no hacía dinero nadie la libraba de una buena golpiza.

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Un día su “novio” la atacó porque uno de sus clientes la marcó en el cuello con un chupetón. “Él empezó a golpearme con una cadena de oro por todo mi cuerpo, con sus puños, me pateó, me jaló el cabello, me escupió en la cara, y luego me quemó con una plancha”.

Para Karla fueron amargos muchos días. Tuvo como clientes a todo tipo de hombre: mexicanos, extranjeros, curas, políticos, militares, policías, empresarios, viejos, jóvenes, altos, chicos… Nadie le importó que fuera menor de edad.

A los 15 años fue madre de una hija de su padrote. Al mes se la quitaron y no la volvió a ver hasta después que tuvo el año. “Si yo no cumplía con sus deseos, me amenazaba con hacerle daño a la bebé”, cuenta.

Karla Jacinto finalmente pudo escapar de ese infierno. Durante un año estuvo organizando su fuga con la ayuda de un cliente. Apenas tenía 16 cuando pudo salirse con su pequeña. Ahora se ha convertido en una defensora contra el tráfico de personas, contando su historia en conferencias y eventos públicos. Ella expuso su historia ante al papa Francisco en el Vaticano. También la relató ante el Congreso de Estados Unidos.

Su testimonio fue utilizado como evidencia en apoyo a la H.R. 515 o Ley de Megan que obliga a las autoridades estadounidenses a compartir información relacionada con ciudadanos estadounidenses que son depredadores sexuales de menores, cuando estos intentan viajar al extranjero. Pero sigue viviendo en la zozobra. Una amenaza de muerte pende sobre ella desde el día que decidió huir del infierno. Ocho años después, todavía su traficante sigue libre.

Katia Monteagudo

Katia Monteagudo

Licenciada en Periodismo, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Especializada en temas políticos, globales, económicos y sociales, y en el uso de técnicas narrativas, investigativas, manejo de las nuevas herramientas digitales para la búsqueda, procesamiento, publicación y distribución online de información, junto a la capacidad de articular comunidades a partir de estrategias comunicativas 2.0. Dominio de procesos de edición de medios impresos, digitales y en el fotoperiodismo.