El escenario se configura: Elecciones en el Estado de México El escenario se configura: Elecciones en el Estado de México
En el 2017 cuatro entidades celebrarán elecciones de diversa intensidad y magnitud. En Coahuila y Nayarit se elegirán diputaciones locales, ayuntamientos y gobernadores El escenario se configura: Elecciones en el Estado de México

En el 2017 cuatro entidades celebrarán elecciones de diversa intensidad y magnitud. En Coahuila y Nayarit se elegirán diputaciones locales, ayuntamientos y gobernadores, mientras que en el maltrecho Veracruz se renovarán las administraciones municipales. De entre todos los procesos electorales, uno destaca por su complejidad y simbolismo político: la elección de gobernador en el Estado de México.

Se trata, pues, de la entidad de la que es oriundo el presidente Enrique Peña Nieto y buena parte del equipo gobernante. Ahí, desde Atlacomulco, al amparo del abigarrado tejido familiar y político que acompañó su carrera desde la primera hora, el mandatario consolidó su perfil público y, desde la gubernatura, proyectó su imagen y mensaje a nivel nacional. Al Estado de México, el presidente debe el capital político que le permitió hacerse con Los Pinos una noche de julio del 2012.

Por todo ello, las elecciones en el Estado de México revisten un carácter particularmente sensible en la hoja de ruta presidencial, rumbo al relevo que tendrá lugar en el proceso electoral del 2018. El prestigio y la suficiencia política del presidente, se cifran en el desempeño de su partido –el Revolucionario Institucional (PRI)- durante las próximas elecciones en su estado.

El escenario se configura: Elecciones en el Estado de México

No es para menos. El presidente Peña Nieto tendrá un papel central, protagónico, en la selección del abanderado priista para competir por la gubernatura, en vista de las condicionantes de su origen y en su influencia en la política local. En ese sentido, el triunfo o fracaso de la candidata o candidato designado, será irremediablemente vinculado al futuro político del mandatario.

Pero más allá del contenido simbólico que entrañan las próximas elecciones en el Estado de México, para la élite política del país,  perviven condiciones particulares y objetivas que dan a dicho proceso electoral una importancia capital en la correlación de fuerzas políticas en el plano nacional.

Por principio de cuentas, dicho estado concentra, al 2015, la Lista Nominal más abultada de todo el país con 10, 931, 608 ciudadanos; junto con el Distrito Federal, Veracruz y Jalisco –las otras entidades con más ciudadanos en condiciones de votar-, suman cerca del 35% de la Lista Nominal de todo México. En el terreno económico, la entidad aporta el 9.3% del Producto Interno Bruto (PIB), apenas superada por la Ciudad de México, que ocupa el primer lugar en aportación para dicha variable. De ahí su importancia estratégica, y el celo por mantenerla en los rediles tricolores.

Sin embargo, pese a que la narrativa priista se ha esforzado en ubicar a la entidad como un territorio inexpugnable, genéticamente  reacio a la alternancia –se cuenta entre el puñado de estados que no han sido gobernados por un partido diferente al PRI-, la administración de Eruviel Ávila, el gobernante saliente, cuenta con importantes saldos desfavorables en  la aprobación ciudadana que, eventualmente, podrían minar la exultante confianza tricolor.

En efecto, de acuerdo con una encuesta publicada en agosto del 2016 por el diario El Financiero,  Ávila cosechaba una desaprobación del 42%, frente a una aprobación del 56%. Aunado a ello, en tres rubros particularmente sensibles al ánimo social, la administración del priista reportaba una calificación propiamente deficitaria: en materia de seguridad, el 74% opina desfavorablemente; en cuanto a la pobreza en la entidad, el 76% descalifica su actuar; mientras tanto, en corrupción –al parecer, el tópico del sexenio-, el 84% tiene una mala opinión. En general, apenas el 23% de los encuestados manifestó sentirse satisfecho con el rumbo que tomaba el Estado de México, en tanto que el 77% se sentía insatisfecho.

El escenario se configura: Elecciones en el Estado de México

Como se ve, existe una representativa plataforma de descontento que la oposición –el Partido Acción Nacional (PAN), el de la Revolución Democrática (PRD) y el Movimiento de Regeneración Nacional, más los institutos políticos menores- podría usufructuar en las próximas campañas electorales, articulando entre su contenido programático un vigoroso guion  de denuncia en torno a la corrupción, inseguridad y pobreza –justo en ese orden.

No obstante la complejidad innata del proceso electoral mexiquense, en el escenario político aún restan importantes asignaturas por resolver. La primera de ellas recae directamente en el PRI, en la eficacia y solidez de su andamiaje interno para tramitar un proceso de selección de candidato o candidata, que se antoja complejo en vista de los múltiples perfiles que se han barajado para representar al partido en las urnas; la segunda problemática atañe a la oposición, a sus mecanismo para escoger a sus abanderados, al matiz que impriman a sus campañas y a la fortaleza de sus candidatos una vez seleccionados y superado el expediente de dicha designación

Aunque lejana, tampoco se descarta, como no se descartó en las elecciones del 2011, una eventual fractura en la granítica familia priista. Cabe recordar que en la víspera de que el dedo de Enrique Peña Nieto se posara sobre Eruviel Ávila, entonces precandidato a la gubernatura, muchos e insistentes fueron los rumores que apuntaban hacia un posible amago que el antiguo alcalde de Ecatepec ejecutaría de no hacerse con la candidatura priista. En aquellos días, se especulaba que de no ser candidato, Ávila se volcaría a las filas perredistas para desde ahí disputar la gubernatura. Con ese escenario de por medio, Peña se decidió por Eruviel Ávila quien, finalmente, se hizo gobernador.

Por lo hasta ahora visto, el escenario mexiquense se plantea señaladamente impredecible, dadas las muchas variables irresueltas, pero se anticipa, por lo poco conocido, lo suficientemente complejo para preludiar una formidable batalla.

Rodrigo Coronel

Rodrigo Coronel

Periodista y politólogo. Es Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Medalla al mérito universitario 2015, por mejor promedio de la generación). Maestrante en Periodismo Político en la Escuela “Carlos Septién García”. Ha escrito en medio digitales e impresos, como columnista y reportero, sobre temas políticos, económicos y culturales. Es conductor radiofónico, desde hace 5 años, en los 94.1 de FM, UAM Radio.