El efecto TLCAN (II PARTE) El efecto TLCAN (II PARTE)
A inicios de los años 90, ante la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), los economistas internacionales trataron de... El efecto TLCAN (II PARTE)

El presidente Donald Trump ha prometido un cambio en el tratado comercial más importante de México. Se espera que la renegociación se inicie en el segundo semestre de 2017. Impactos 25 años después de la firma del convenio con Estados Unidos y Canadá. Comercio interindustrial vs comercio intraindustrial

 A inicios de los años 90, ante la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), los economistas internacionales trataron de dilucidar cuáles serían para cada uno de los países participantes los sectores ganadores y perdedores. Según el trabajo realizado por Edward Leamer (1993) para el Congreso de los Estados Unidos, México se especializaría en bienes intensivos en mano de obra, como prendas de vestir, textiles, material eléctrico; mientras que Estados Unidos en capitales de las industrias química, farmacéutica y siderúrgica.

Tal visión ha sido parcialmente cierta. Dicho estudio acertó en la especialización lograda por México, durante algunos años, en prendas de vestir y en la exportación de frutas y hortalizas. Pero ese análisis no fue capaz de vaticinar el éxito de nuestro país en la industria automotriz. Parte del éxito mexicano se debe al auge de las exportaciones interindustriales. Entre éstas las agroalimentarias y, en menor medida, las de prendas de vestir y textiles.

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Sin embargo, según cifras del World Bank (2009), la proporción de comercio intraindustrial en el comercio exterior del orbe fue de un  27%, en 1960, a un 54% para el año 2008. Este crecimiento se explica por las economías de escala y la disminución de los costos de transporte. Inicialmente el comercio intraindustrial se presentó, en mayor medida, en economías desarrolladas, gracias al intercambio de bienes sofisticados de manufactura. En las últimas tres décadas, diversas economías emergentes como la de México, se han sumado a esta tendencia.

De esta forma el comercio intraindustrial entre México y Estados Unidos alcanzó el 53% de acuerdo con el Índice de Grubel-Lloyd, desarrollado por Vega y Campos (2016). Esta cifra se ubicó sólo por debajo del comercio intraindustrial realizado entre EE UU y Canadá, que alcanzó niveles del 63% y supera los índices entre EE UU y Alemania (52%) y EE UU con Japón (41%). En el caso de China, sólo el 20% del comercio con EE UU es de tipo intraindustrial. Estos números ilustran el escalamiento industrial que ha ocurrido en nuestro país. Durante el 2015, el 89% de las exportaciones mexicanas fueron manufacturas, en gran parte del segmento de comercio intraindustrial.

EVIDENCIA EMPÍRICA DE LA INTEGRACIÓN PRODUCTIVA

La integración productiva entre México y Estados Unidos se ha incrementado de manera significativa por el TLCAN. De acuerdo con un estudio realizado por Wilson (2016), más de cinco millones de empleos en Estados Unidos dependen del comercio exterior realizado con México. Nuestro país es el principal destino de exportaciones para los estados de Arizona, California, Nuevo México y Texas. Hasta antes de este convenio, estas cuatro entidades fronterizas recibían el 80% de las exportaciones mexicanas,  de acuerdo con Aguilar y Graizbord (2002). Pero para el 2015, México ocupó el segundo lugar del destino de las exportaciones para las entidades de Colorado, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Nebraska, Oklahoma, Wisconsin, Iowa, Illinois, Missouri, Arkansas, Louisiana, Michigan, Indiana, Ohio, Kentucky, Tennessee, Carolina del Norte, Pennsylvania, Nueva Jersey y New Hampshire.

Texas exportó 95 billones de dólares a México. Sus principales productos fueron computadoras y productos electrónicos. Estos representaron el 26% del total exportado, generando 24.4 billones de dólares americanos. La exportación de equipos de transportes se ubicó en segundo lugar, con un valor de 11.5 billones de dólares por año. Mientras que el mercado de gasolinas y productos refinados del petróleo generó recursos por 10.7 billones de dólares para los texanos.

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México es el primer país de origen de los visitantes internacionales para Texas, con 7.7 millones de turistas, quienes generaron en el 2015 una derrama de 4.5 billones de dólares. Allí se calculan 382 mil empleos dependientes de las exportaciones a México.

En California el monto de exportaciones a México ascendió a 26.8 billones de dólares americanos en 2015. Tal cifra representa el 37% de las ventas al exterior de dicha entidad.  Destacan las exportaciones de computadoras, equipos de transporte y consolas de videojuegos. De los 17 millones de visitantes internacionales registrados en California en 2015,  7.8 millones fueron mexicanos. De esos, más de medio millón llegaron por vía aérea. Se estima que 565 mil empleos allí dependen de las exportaciones hacia este lado de la frontera.

IMPACTO EN LA GEOGRAFÍA ECONÓMICA MEXICANA DE LA APERTURA COMERCIAL DEL TLCAN

El TLCAN ha contribuido también a la transformación de la geografía económica de México. Autores como Krugman y Livas Elizondo (1996) señalaron, desde mediados de los 90, que en aras de la apertura comercial y de una mayor vinculación con Estados Unidos, las economías de aglomeración jugarían a favor de las entidades fronterizas. Para dichos autores, era de esperarse que la Ciudad de México, la otrora gran ganadora del modelo de sustitución de importaciones, declinara su importancia en una economía abierta, debido a las des-economías de aglomeración, por su tamaño, congestión vehicular y el incremento en los costos de la vivienda ante la escasez de espacio.

Hanson (2001) señala que las ciudades fronterizas mexicanas son los mejores laboratorios para estudiar la integración comercial y económica entre EE UU y México. Autores como Puga y Venables (1996) también señalan que la industria manufacturera se disemina en “olas”, por lo cual, era de esperarse que con la integración económica, inducida por el TLCAN, la siguiente ola de industrialización pasó del sunbelt de EE UU, al norte de México.

Polese (2009) señala también que el proceso de apertura comercial produce efectos disímbolos en los países, de acuerdo con la ubicación geográfica de la región central, respecto a la localización de los países con los cuales se realiza la integración económica.

Este analista propone una tipología de los impactos de la apertura comercial en la geografía económica de los países. Señala, por ejemplo, que en naciones como Italia, el impacto de la integración económica es unidireccional. El triángulo formado por Turín-Milán-Génova, en el norte de Italia, es el más favorecido con la integración económica de la Unión Europea, ya que es el más próximo al resto de los países europeos ó a la denominada European Core. Pero también existen los casos de México y España, donde sus capitales -Ciudad de México y Madrid, respectivamente- se encuentran lejos de la frontera del país/región con el cual se realiza la integración económica. De esta forma, tenemos un proceso bidireccional, en el cual una nueva región emerge como ganadora de ese proceso.

En España las provincias del País Vasco, Navarra, Aragón, Cataluña y en menor medida la Comunidad Valenciana son las que han emergido como ganadoras en  el proceso de integración económica con la Unión Europea. En México, las entidades fronterizas han sido las primeras favorecidas. Polese (2009) señala además Estados Unidos y la India, el impacto de la integración económica es multidireccional. En esas naciones hay grandes ciudades ubicadas en diversas partes de su territorio y no hay una clara dominancia de una región en particular. Por ende, los beneficios de la integración productiva tienden a diluirse.

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Según el estudio Explorando los determinantes del crecimiento del empleo en ciudades mexicanas debido al proceso de apertura económica, realizado por Ortega (2010), uno de los principales impactos de dicha apertura ha sido el incremento del potencial de crecimiento de una serie de ciudades medias, ubicadas en el norte y en la Región del Bajío. En este análisis se hace un modelo para 56 ciudades mexicanas, con más de 100 mil habitantes. En estas la variable dependiente fue el crecimiento del empleo en el período de 1988 a 1998, que coincide con la liberalización comercial y con la primera etapa del TLCAN. Las

Otras variables que resultaron significativas fueron los niveles de salarios, capital humano inicial (medido como la proporción de trabajadores con educación superior), así como el potencial de mercado (base en la densidad económica de las ciudades y la distancia respecto a otras urbes del sistema). Para simular el proceso de apertura económica se consideraron 40 urbes, con más de 100 mil habitantes, en los estados de Arizona, California, Nuevo México y Texas, incluidos sus números de empleos.

Hasta antes de la apertura comercial, el potencial de crecimiento se centraba en la Ciudad de México, como centro neurálgico del sistema de ciudades de México, y sólo cinco urbes alcanzaban un nivel de crecimiento intermedio: Guadalajara, Monterrey, Puebla, Toluca y Cuernavaca. Es decir, durante el período del desarrollo estabilizador, el potencial de crecimiento se encontraba muy concentrado en las tres grandes zonas metropolitanas de México, Guadalajara, Monterrey y en las urbes cercanas a la ciudad capital.

Como resultado de la integración económica, desde finales de los años 80, una serie de ciudades elevaron su potencial de crecimiento a un rango intermedio-alto: Tijuana, Mexicali, Ensenada, Ciudad Juárez, Chihuahua, Torreón, Saltillo, Reynosa, Matamoros, León y Querétaro. El impacto de la integración económica jugó a favor de las ciudades norteñas y del centro del país. Se consolidó una red de ciudades medias que hicieron contrapeso a la Ciudad de México y las denominadas capitales regionales (Guadalajara, Monterrey y Puebla).

Aguilar y Graizbord  (2002), dos especialistas del Centro de Estudios Urbanos de El Colegio de México, han denominado a dicho proceso “desconcentración-concentrada”. Sólo unas cuantas ciudades han sido capaces de generar un despegue económico, convirtiéndose en polos de crecimiento exitosos. Con un potencial de crecimiento intermedio se encuentran ciudades como San Luis Potosí, Nuevo Laredo, Aguascalientes, Celaya, Monclova y Hermosillo, urbes que también han registrado un crecimiento relevante.

El mercado, en particular la integración económica con Estados Unidos, vino a transformar el patrón de crecimiento de las ciudades mexicanas, confiriendo dinamismo a un conjunto de ciudades medias, mismas que se han beneficiado enormemente en términos de creación de empleos, además de convertirse en polos de crecimiento en sus respectivas áreas de influencia. (CONTINUARÁ…)

BIBLIOGRAFÍA

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Eric Ortega Urita

Licenciado en Economía por el Tecnológico de Monterrey, realizó su Maestría en Ciencias en Desarrollo Económico Local en la London School of Economics and Political Science (LSE) en la Gran Bretaña, actualmente se desempeña como Director de la Licenciatura en Economía y Finanzas en el Tecnológico de Monterrey.